3.5.08
He estado en la onda de leer cronistas por estas semanas y meses. He leído, por ejemplo, "Animales Literarios Chilenos", una de tantas recopilaciones de Enrique Lafourcade, con inevitables temas recurrentes, repeticiones, ausencias como castigos, egoísmos evidentes, pero que, sin embargo, entretiene.
También "El whisky de los poetas", de Jorge Edwards, un poco más denso, muy variado en su temática, con obsesiones varias, con capacidad de ver el mundo girando a su alrededor sin marearse, mirándolo con lupa cuando necesita dar efecto multiplicador y deformante a incidentes menores para obtener algún tema trascendental que le asegure ediciones y traducciones varias, como lo ilustra tan bien su "Persona non grata", que leí hace ya mucho en Montréal con irritación creciente por su ombliguismo. En su empeño editorial contó con la preciosa ayuda de la Junta Militar, que lo prohibió, a pesar de que Jorge alimentaba generosamente todos los estereotipos que “fundamentaban” la represión aquellos primeros años de la dictadura (fue publicado en francés en 1976). Según Jorge, todas las FARC, los Círculos de Defensa de la Revolución, los aparatos de inteligencia cubanos, lo habían colocado en lista negra por haber sostenido conversaciones con el escritor disidente Heberto Padilla y otros, a consecuencia de lo cual el gobierno cubano lo habría declarado persona no grata y solicitado al gobierno de Allende el reemplazo de este molesto funcionario de la embajada. Su destinación allí había durado algunos meses, lo que habría bastado, según Edwards, para casi desestabilizar a la revolución cubana.
Leí con mortal aburrimiento y bostezos surtidos "Memorias poco diplomáticas, algo de aquí, mucho de allá", del diplomático Oscar Pinochet de la Barra, que me interesó exclusivamente por su destinación a la Unión Soviética, que recorrió ampliamente, y por ser especialista de la Antártica. No son memorias ni crónicas, no tienen mucho ni de aquí ni de allá. Su pluma no es prolija ni entretenida. Seguramente fue mejor diplomático.
Me prometo releer "Días y noches de amor y de guerra" y también "Contraseña", ambos de Eduardo Galeano, el de la prosa que se desliza sin estridencias pero llevando poderosos sedimento bajo su elegancia sencilla.
En el diario La Nación Domingo, bajo la rúbrica “Ojo de loca no se equivoca”, leo las crónicas de Pedro Lemebel, de quién además leí la recopilación "Loco afán, crónicas de sidario", y leeré algún día su novela “Tengo miedo torero”, sobre los amores de una pareja homosexual, uno de los cuales es miembro del FPMR (¿agregará algo a lo dicho en la novela y película "El beso de la mujer araña", que trata el mismo tema, ubicado en Brasil?). En los años ’80, formó “Las yeguas del Apocalipsis”, dos artistas que escandalizaban a la buena sociedad con sus performances. En La Tercera leo a Jaime Baily, escritor peruano y animador de TV en Lima y en Miami, en que narra en detalle penas, suspiros, anhelos, goces de su relación con un efebo argentino. De vez en cuando intercala datos sobre sus vacaciones con sus dos hijas.
- Son buenos, digo a un amigo sobre estos dos últimos.
- Sí, responde, no son malos. Pero, ¿por qué meten tanto mariconeo en sus escritos?...
No logro discernir en la interrogante de este amigo si se trata de discrepancia literaria o más bien expresa temor al autoanálisis.
31.03.08
1.4.08

Cuba y las “reformas”
Al referirse a situaciones políticas, siempre hay al menos dos enfoques o análisis posibles. En el primero, se expresan los deseos o el “deber ser” que uno quisiera. En el otro, se toman los factores objetivos (sobre todo) y subjetivos (en el sentido marxista, con perdón de algunos lectores), las fuerzas en presencia (y sobre todo su correlación) nacionales y extranjeras, la interpretación (donde no estará ausente cierto subjetivismo) de los dichos y hechos de los protagonistas del tema que se analiza. En otras palabras, se parte diciendo “esto es lo que hay; ¿qué conclusiones podemos sacar?”. Creemos que esto último ayuda a aclarar mejor las situaciones. El primero también es útil en cierto sentido, siempre que se parta diciendo “esto es lo que yo quisiera”. Las cosas claras desde el inicio, en suma. “Organicémonos”, decía un amigo en otro contexto.
22.3.08
9.3.08

Zaldívar y la soledad
Porque tampoco hay vínculos entre
8.3.08
El Festival de la Canción de Viña del Mar es un evento en el cual la competencia musical (géneros internacional y folclórico) es un mero accesorio bastante molesto –y mediocre, en realidad- para los espectadores y televidentes. Del Festival –organizado y difundido por segundo año consecutivo por TVN y Canal 13- se cuelga una infinidad de subproductos emitidos por todos los canales nacionales y medios escritos y muchas radios. Es un ejemplo anual de parasitismo, esa forma particular de simbiosis. Al múltiplo. Casi no hay alternativa medial durante una semana. El elemento fundamental es la farándula y, en segundo lugar, el show internacional compuesto fundamentalmente por has been. Curioso –y preocupante- que el entorno sea más importante que el centro.
César Isella, respetado autor, compositor y cantante argentino, invitado como miembro del jurado folclórico, se declaró confundido: “No sabía que esto era una competencia de culos”. Se olvidó de su complemento: las tetas.
Una cosa buena del festival es que termina luego de una semana. Tiempo suficiente para evidenciar la capacidad de invertir dinero en inepcias por parte de los medios y de las empresas que los auspician y de consumirlas por parte del público. Ocasión para reiterar el argumento falacioso: se difunde lo que el público quiere. La verdad es que la chatarra se prepara rápido, es barata, no exige mayor esfuerzo mental y tiene muchos consumidores. Los contadores de las respectivas empresas están muy contentos.
Además, y contagiándonos del ambiente festivalero, sirvió para corroborar lo dicho por Raquel Argandeña. En efecto, no hace alarde de sus muchas cirugías plásticas: ni se le notan. Tampoco representa los cincuenta años que acaba de celebrar: pareciera tener varios más... y desde hace tiempo. Agreguemos una fuente de frustración para ella: su hija parece destinada a superarla a una edad más temprana y en un registro más amplio.
5.2.08
PALABRAS
Hoy, encontramos demasiados consumidores de palabras, como si fueran papas fritas. Las agarran, se las echan al gaznate y luego parecieran eructarlas. Las torturan, las retuercen, para disfrazar contenidos, cuando se utilizan en determinado contexto, o cuando se aplican a determinadas instituciones o personas.
Del período de las dictaduras latinoamericanas de los ‘70’ y ’80, inspiradas en
Algunas de estas se enorgullecen de presentarse como genuina encarnación de la sociedad, del país, de la nación en que se desarrollan. Por ejemplo, la iglesia, el empresariado, las fuerzas armadas, y tantas otras. Estas buenas almas, llenas de voluntad, no reparan en que atribuirse dicha calidad tiene un corolario: se es encarnación de lo bueno y de lo menos bueno. La sociedad, cualquiera sociedad (la chilena, por ejemplo, vamos) epocalmente determinada (seamos postmodernos en nuestros conceptos), tiene cierto porcentaje de genios, de seres brillantes, de gente inteligente, y también de imbéciles redomados (que no lo son más porque no se levantan más temprano, me ilustra un amigo); de gente trabajadora, con capacidad emprendedora, comprometida con el trabajo bien hecho, pero también de holgazanes a tiempo pleno; de héteros y homosexuales, incluyendo a quienes hacen pasajes entre ambos extremos; de gente noble, capaz de sueños y sacrificios, y también asesinos y pedófilos, etc., etc. La prensa ilustra lo certero de esta afirmación cada día.
Para que vean lo profundo que soy, he aquí una hipótesis: cada uno es lo que es, vale por sus acciones y mucho menos por sus decires. Cada uno se construye a si mismo. Las cualidades positivas (por ejemplo, el honor, la lealtad, la nobleza, la honra) no vienen incluidas con el sombrero campesino, el chamanto, la sotana, el uniforme militar, la corbata, el número de consejos de administración a los cuales se pertenece, la aparición en las páginas sociales, etc. No forman parte de los ingredientes de la marraqueta con que, dicen algunos, se nace. Se adquieren durante la vida, cada día. Algunos nunca las alcanzan. Otros ni siquiera saben que existen.
¿A qué viene todo esto? No tengo claro. Quizás (la mente es tan caprichosa, tortuosa...) se debe a que esta mañana leí la declaración del comandante en jefe del ejército, Oscar Izurieta Ferrer, sobre la solicitud de “retiro voluntario” presentada por el general de división Gonzalo Santelices Cuevas, quién deberá declarar como inculpado por su presunta participación en
04.02.08
31.1.08
HA MUERTO VOLODIA
3 VECES VOLODIA
¿Y Chile, camaradas?
Con su cara aburrida, Volodia asiente.
¿Y el FRAP, Volodia?
¿Es verdad que usted será elegido SG del partido en lugar del compañero Corvalán, compañero Volodia?
Después de intercambiar una mirada, Corvalán entrega la respuesta cliché, quitando importancia al asunto.
Cada cierto tiempo la derecha lanza estos rumores, para crear la impresión que
¿Me imaginan ustedes todo el día en reuniones, recorriendo las células del partido a lo largo del país, dando conferencia de prensa tras conferencia?...
¡Por los verdaderos revolucionarios, compañero!
¿Y quienes serían esos, compañera?, pregunta Volodia, ante el tono algo desafiante de la estudiante.
¿Cuándo viene el segundo tomo?, pregunto.
Primero hay que escribirlo, compañero, susurra, con un tono que dice que sí, que lo escribirá. Hay poco tiempo, pero hay el suficiente...
16 Diciembre de 2001
28.1.08
AVISO DE INCENDIO
El Mercurio, domingo 27 de enero de 2008
La llegada del bicentenario -no falta mucho- acentuará el conflicto con los pueblos indígenas. La muerte de Matías Catrileo y la huelga que mantiene Patricia Troncoso -se está dejando morir de hambre- son síntomas de un problema de amplias repercusiones acerca del cual en nuestro país hemos preferido cerrar los ojos.
A la política del olvido que se mantuvo durante más de un siglo, agregamos hoy la negación pura y simple.
Como si lo indígena hubiera sido asimilado sin violencia y sin exclusión. En suma, como si entre nosotros el pasado no originara ninguna deuda.
Todos los pueblos, claro, construyen su memoria sobre un conjunto de tachas y borrones que dejan ver algunas cosas y ocultan otras. Así ha ocurrido siempre. Está en la misma índole de la memoria ser, a la vez, un artefacto de recuerdo y un mecanismo de olvido. Las comunidades y los pueblos exigen a la memoria olvidar todo aquello que pueda hacer dudar de su propia existencia y de su propia legitimidad.
Como sugirió Nietzsche, cuando la memoria dice ¡recuerda!, el orgullo dice ¡olvida!
Y casi siempre gana el orgullo.
Nosotros, por ejemplo, olvidamos cuánta violencia y cuánta exclusión fueron necesarias para construir eso que hoy día llamamos estado nacional y del que, con razón sin duda, nos enorgullecemos.
La nación chilena fue el resultado de un gigantesco proyecto de homogeneización cultural que se llevó a cabo por las élites del diecinueve a fin de crear o constituir un público leal a las instituciones estatales. Ese exitoso proyecto de construcción de la nación exigió reducir el territorio del que disponían los pueblos originarios; esparcir el castellano forzando el olvido de la lengua materna por parte de muchos grupos; exterminar a algunos grupos o tolerar que se les exterminara; pacificar mediante la fuerza amplios territorios que se resistían a la aculturación; e imponer un cierto modelo de disciplina cultural y social.
En otras palabras, el revés del estado nacional fue una exclusión coactiva. Y es que -ya lo dijo Benjamin- detrás de todo documento de civilización se esconde un momento de barbarie. Tal cual.
Fue un muy exitoso proyecto. De eso no cabe ninguna duda. Y mientras se le ejecutó, cada una de las partes involucradas redefinió su identidad. A fin de cuentas, lo que cada uno es hoy día en Chile es resultado de ese conflicto, de ese choque, podríamos decir hoy, de etnicidades.
Pero, ya se sabe, lo que se olvida y se reprime tiende a veces a volver en acto. Es lo que los psicoanalistas llaman transferencia: la escenificación de lo reprimido.
Algo de eso es lo que está ocurriendo con el conflicto mapuche.
Por eso negar ese conflicto -a fin de cuentas, el retorno de lo reprimido- no surtirá ningún efecto. En vez de eso, encenderá una y otra vez los ánimos y arriesgará que quienes hasta ahora se mantienen al margen del conflicto entren a participar de él.
Lo mejor entonces
Durante el gobierno de Lagos, una comisión presidida por Patricio Aylwin sugirió un puñado de medidas sobre las que, quizá, haya que volver.
Entre esas medidas -ninguna de las cuales se adoptó entonces- se encontraba el reconocimiento constitucional de los pueblos originarios, la asignación de derechos lingüísticos y territoriales y acciones afirmativas para asegurar su participación política.
Todo eso, que parece un exceso inexplicable, ha ocurrido en otras partes del mundo que experimentaron heridas similares. Y es que la multiculturalidad hoy día no espanta a nadie, salvo a nosotros. Muchos estados europeos la asumieron de manera consciente, como ocurre con
En nuestro país, en cambio, hemos preferido tratar los reclamos de esos grupos como un caso de simples reivindicaciones violentas. Nos negamos a ver que en ese conflicto hay algo que está a la base de la condición humana: la necesidad de reconocimiento. Y es que los pueblos, como los individuos, buscan que la certeza que tienen de sí mismos les sea devuelta por los otros.
Cuando ello no ocurre -lo dijo Hegel- hay peligro de incendio.
17.1.08
Carlos Peña
Los gabinetes ministeriales cumplen, en términos generales, dos funciones: por una parte diseñan y ejecutan las políticas públicas; por la otra, dibujan el rostro del gobierno e inciden en sus niveles de reconocimiento. Un gabinete puede funcionar en una sola de esas dimensiones o en ambas. Puede ser eficiente desde el punto de vista del policy making; pero torpe a la hora de lograr el reconocimiento. A la inversa, puede ser sagaz a la hora del reconocimiento; pero torpe a la hora de las políticas públicas.
El ideal, claro, es un gabinete capaz de ambas cosas: de eficiencia y de reconocimiento.
¿En cuál de esas dimensiones falló el gabinete saliente?
El cambio de ayer parece estar inspirado en el convencimiento de la Presidenta de que no es el policy making el problema del gobierno, sino la política. Es decir, que su principal obstáculo no es la eficiencia en el diseño o ejecución de políticas públicas, sino su relativa incapacidad para traducir esas políticas en adhesión y en reconocimiento de las élites y del electorado.
De ahí que a la hora de escoger ministros eligió en puestos claves a políticos profesionales. Es decir, a personas que saben cómo ganar la voluntad ajena, construir acuerdos y, cuando es necesario, pero sólo cuando es necesario, retroceder.
El paradigma de lo anterior es Edmundo Pérez Yoma. Es difícil encontrar a alguien más enterado de los recovecos del poder y de lo que es necesario para imponer la propia voluntad que el nuevo ministro del Interior. Él es el político por antonomasia: se mueve como pez en el agua en la administración del Estado y sabe ganar la voluntad ajena o, cuando es necesario, torcerla (es cosa de preguntarle a Stange) o simplemente abandonarla (como ocurrió con Frei).
Por su parte, la sustitución del policy making por la política la ejemplifica bien el cambio de Bitran por Bitar.
Bitran, desde el punto de vista técnico, fue inobjetable y el tiempo ayudará a aquilatar su buena gestión. Su problema es que no podía evitar la convicción –que suele ser fatal en política- de que hay un continuo entre la racionalidad de una decisión y el reconocimiento de la ciudadanía. Que basta ser racional para ser popular. Bitar en cambio sabe que ese continuo no existe y que la tarea de la política consiste en producirlo.
En fin, las nuevas designaciones son un signo elocuente de la voluntad de la Presidenta de aliarse con los partidos en contra de las disidencias o facciones que han surgido el último tiempo: en su conjunto, el gabinete es todo un gesto a Alvear (contra Zaldívar); a Bitar (contra Flores y Schaulsohn); y a Gómez.
12.1.08
Los diputados Jaime Mulet, Pedro Araya, Alejandra Sepúlveda, Carlos Olivares y Eduardo Díaz anunciaron hoy su renuncia al Partido Demócrata Cristiano (PDC). Terminan así el suspenso o quizás sus vacilaciones, trece días después de la expulsión del senador Adolfo Zaldívar. Lo acompañarán quizás –no están seguros aún- en su aventura de crear un nuevo referente de más que incierto futuro, dado el sistema binominal, que favorece a los grandes conglomerados (paradójicamente, Olivares y Díaz fueron “arrastrados” por sus compañeros de lista gracias al binominal). Lo más probable es que perderán su envestidura en las elecciones parlamentarias de 2009.
Su alejamiento de la DC y de la Concertación deja la siguiente correlación de fuerzas en la Cámara de Diputados: Concertación 57, Alianza por Chile 54, Independientes 3, Chile Primero 1 (grupo formado por emigrados del PPD) y ahora los 5 Colorines. Vale decir, los ex Concertación tendrán la sartén por el mango. Complicado panorama para el gobierno.
¿Por qué han renunciado? Como siempre en estos casos, la respuesta verdadera debe buscarse en su accionar de los últimos años, no en sus declaraciones de ahora. Sin darse cuenta quizás, se autodescriben al señalar los males de la DC. Las ambiciones, la lucha por el poder, la utilización de artimañas al filo de la legalidad. No hace tanto tiempo, siendo presidente del partido, Zaldivar daba conferencias de prensa para exigir más cupos gubernamentales y en el gabinete durante el gobierno de Lagos y de Bachelet, expresando que los que ya estaban en él no lo representaban porque eran de otra tendencia interna. Se reveló como experto en el chantaje político. Ahora, fuera del partido, sobredimensionará esta “habilidad”. Dicen que se van por la “ambición” de Alvear de ser presidenta, y lo dicen estos seguidores de Zaldívar que nunca apareció en las encuestas pero hizo lo imposible para lograr la nominación de la DC contra Alvear, para enfrentar a Bachelet; alcanzó niveles inéditos de descalificación contra ambas, como antes lo había hecho contra Lagos. En ambos caso, se retiró a su circunscripción amurrado cuando perdió la interna.
Como siempre en estos casos, prestan significación trascendental a su partida: “nuestra decisión abrirá un amplio espacio de reflexión acerca de la necesidad de realizar esfuerzos serios por parte de los partidos políticos para democratizarse, abrirse y representar a la ciudadanía”. Parece difícil ver en Adolfo Zaldivar, senador de verbo e ideas simplonas y repetitivas, un líder intelectual, como en los parlamentarios que lo han seguido. Nunca intentó siquiera definir qué era el “modelo económico” que quería cambiar y en qué lo cambiaría, a pesar de que era su muletilla, su letanía. Estos expertos en la muñeca y la conjura interna ven en su partida una ocasión para que el pueblo vea la posibilidad de discutir los males de la política, para que vean “que los partidos y el poder político son instrumentos para servir al país y defender a la gente, y no una máquina infernal que no respeta a las personas, abusa de sus ilusiones y defrauda su confianza”!!!
Está claro que la praxis política, en general, en todos los partidos, está profundamente contaminada y alejada de la gente. No se ven por ahora los individuos ni los grupos que podrían iniciar un proceso de depuración. Nada se logrará mientras los partidos sean exclusivamente máquinas de poder y no canales de expresión ciudadana, vehículos de grandes sueños y de políticas en bien de las mayorías.
Pero un grano de arena –quizás insignificante- en esa vía es la salida de este grupo de la DC. Ningún partido – instancias vitales a la democracia, a pesar de sus taras- puede funcionar si tiene un quiste permanente, dedicado a abusar del poder interno cuando lo tiene, y a tratar de impedir su funcionamiento cuando lo ha perdido. Hay lealtades mínimas con las ideas y los proyectos que deben respetarse.
26.11.07
En el marco del Día Internacional de la no violencia contra la Mujer, hoy lunes marcha
mos y distribuimos globos y chapitas con leyendas alusivas a los transeúntes, a los pasajeros de colectivos y micros, al público en el Terminal de Valparaíso... Desde el Congreso y la Plaza O’Higgins íbamos por Pedro Montt hasta la calle Molina, en un costado de la Plaza Victoria. Entre los varones que marchaban, algunos lo hacían por compromiso, solidaridad, por un poco más de civilización. ¿Habría alguno que marchaba como acto de contrición?
25.11.07

El presidente de Estados Unidos no entiende, no asimila, no comparte, el tema del recalentamiento global, por lo tanto no adhiere a los tratados internacionales que buscan combatir sus efectos. En realidad, George nunca se ha distinguido por sus luces. Pero le ha ido bien en la vida hasta hoy, porque en los negocios tiene buen ojo. Fácilmente puede caer en la categoría de “imbécile heureux”.

Puesto que no ha entendido, entre otros, el documental sobre el recalentamiento global “Una verdad incómoda” del ex vicepresidente Al Gore, sugiero una fuente informativa alternativa que lo pondrá al día y que le hará comprender todo: “Ice Age 2: el deshielo”.
La crisis en la DC
Rumbo a la derecha con discurso de izquierda
Por Víctor Maldonado
La Nación, viernes 23 noviembre 2007
Existen ciertas personas que sólo tienen figuración porque hablan al interior de partido al cual debilitan. Al aire libre, no tienen sustento para ser voz frente al país.
Desde el punto de vista del Gobierno, la posición es clara. Para el Ejecutivo, el mejor momento para que en un partido de su coalición entre en dificultades es, simplemente, nunca. Pero hay un escenario que van más allá de los deseos y de las buenas intenciones. No hay que decirle a la DC hasta dónde es posible aguantar. Eso lo saben los que están dentro. Un partido no entra a una crisis porque le agrade. Simplemente le toca enfrentarla. En ese instante lo que corresponda
Hay que identificar con claridad cuál es el mal mayor. Cuando, a cada paso, en una organización política las decisiones tomadas por la directiva oficial son cuestionadas por un grupo disidente, operando en direcciones antagónicas, entonces la que corre el riesgo de dejar de existir es la organización misma. Llega a un punto en que lo que está en juego no es saber quién toma las decisiones sino si alguien está en condiciones de tomarlas. A la DC no la está debilitando el conflicto interno, sino la falta de resolución de este conflicto. Estamos observando no dos grupos de fuerza equivalente que imposibilitan las decisiones: se trata de una mayoría maniatada por una minoría. Cuando los medios captan voces disonantes desde un mismo partido no ponen en evidencia el peso político y la representatividad de cada cual. Simplemente, reflejan la falta de coherencia en las declaraciones. Cuando esto sucede casi a diario, lo que se consigue es que la DC reciba el impacto de la demostración constante de este desencuentro vuelto costumbre. El costo es enorme, porque se pierde la credibilidad pública por la ausencia de una acción común y concertada sobre qué es aquello que caracteriza la existencia de un partido.
Cuando se llega a este punto, algo hay que perder y hay que decidir qué. O se pierde parte de la minoría o es la mayoría la que se pierde, al no tener sentido la mantención de la más básica lealtad. Pero, tal vez, no todo sea pura pérdida. Ganar en consistencia y coherencia al final permite presentarse como un actor con identidad y capacidad de decisión. Hay que ser algo en concreto y no todo a
El populismo no tiene problemas para hablar, tiene problemas para ser serio. La idea de que se pueden mejorar las cosas empeorándolas es una idea muy especial. La idea de mejorar empeorando es típico de una mentalidad de extremos (antes se le llamaba "agudizar las contradicciones"). Si el Transantiago tiene problemas financieros, no se ve qué se pueda ganar desfinanciándolo. Lo seguro que caracteriza al populismo como forma de comportarse en política es que apuesta fuerte. Lo que intenta es que los demás no resistan la presión de un juego que eleva sus costos a medida que pasan las horas. Es un juego de intimidación. Un juego que apuesta al uso de la seriedad de los demás a favor del que no trepida en arriesgarlo todo.
Pero llega un día en que el jugador se equivoca, la apuesta es muy alta y los otros reaccionan. Por un lado hay quienes que en política lo que más entienden es el lenguaje de la fuerza y
No hay que perderse. Una minoría es tan relevante como la capacidad que tenga de imponer sus condiciones. Cuando un reducido grupo se coloca en esta posición, lo que hace es distorsionar la realidad política, poniendo en una alta prioridad sus motivaciones particulares, las que podrían no reflejar en nada el orden de interés de las demás mayorías. Cada cual decide dónde está o dónde deja de estar y eso conlleva siempre ventajas y desventajas. No se pueden tener, a un tiempo, todos los beneficios de ser oficialistas y de oposición.
Poner todo en riesgo es la apuesta de quien se sabe minoría, y que sabe, además, que lo será hoy, mañana y pasado. Es por eso que busca, precisamente, que el ser poco y casi insignificantes sea el factor que determine la suerte de un país completo. Adolfo Zaldívar no es un caudillo popular, es uno sin público. Veinte personas enfervorizadas pueden proclamar a un presidente de junta de vecinos, no al Presidente de
Saben que pesan sólo porque se alían hoy con ella, porque pueden aliarse mañana con la derecha y porque sugieren que podrían aliarse pasado mañana con
El futuro, sin embargo, puede depararnos sorpresas. Existen ciertas personas que sólo tienen figuración porque hablan al interior de partido al cual debilitan. Pero, al aire libre, no tienen sustento suficiente como para ser una voz frente al país. Para la gran mayoría de los ciudadanos, los partidos son bichos raros. Para quienes no tengan la experiencia de militar en uno con mucha tradición, hay que decirles que deben tener en cuenta un dato fundamental: en estos partidos el timbre y la campanilla valen mucho, muchísimo. Quienes enfrentan a la institucionalidad no puede hacerlo a nombre del mismo partido que debilitan. Eso será crucial en lo que sucede dentro de ese partido en los próximos días y semanas.
10.11.07
Ha concluido la XVII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y Gobierno en Santiago de Chile. Al parecer, fue un éxito en términos de acuerdos concretos para avanzar hacia la cohesión social.
A la espera de los documentos oficiales, la prensa ha destacado la presencia, actos y dichos de Hugo Chávez, presidente de Venezuela. Llegó atrasado casi 24 horas (a las 5:37 AM) y en el aeropuerto mismo declaró que no le gustaba el enunciado central de la Cumbre, la cohesión social, que no tendría reuniones bilaterales porque le hacen perder el tiempo, rechazó declaraciones adversas de ciertos ex-presidentes (“fracasados todos”) así como la de ciertos sectores nacionales, entonando la canción mexicana La monedita de oro (“no soy monedita de oro/ pa’ caerles bien todos/así nací, así soy/ los que no me quieren ni modo...”), pidió salida al mar para Bolivia, etc.
Habló largo en la plenaria, interrumpió varias veces al presidente del gobierno español Rodríguez Zapatero, que pedía respeto para los actuales y pasados jefes de gobierno, en particular para su predecesor Aznar, calificado por el venezolano de “fascista”
en varias oportunidades. Rodríguez Zapatero mantuvo la calma, pero ante la insistencia de Chávez, el rey Juan Carlos, siempre tan compuestito como le exige su cargo, le espetó: “¿Por qué no te callas?”.Al dejar Santiago, seguramente Chávez declarará escuetamente: “Lo que pasa es que no me tienen pacieeeencia...”.
7.11.07
FEMICIDIO POLÍTICO (1)
