¿Ponerle o sacarle ropa a la campaña?27.4.09
¿Ponerle o sacarle ropa a la campaña?23.4.09
Hernán Rivera Letelier
(Guachaca 15, casi enero 2008)
Hernán Rivera Letelier conoce bien este país. Lo recorrió a dedo en su época hippie y se transformó, después de 30 años de ser explotado en una salitrera, en un súper ventas. En Francia lo nombraron Caballero de las Artes y de las Letras y El Fantasista, su última novela, entró hasta en Brasil. Se han hecho obras de teatro con sus libros y le piden que dé charlas en las universidades. Pero él no se ha puesto hueón.
-Yo no celebro ninguna Fiesta Patria, siempre me han dado en las pelotas. Soy anti Fiestas Patrias, anti Año Nuevo, anti Pascua, anti día de la madre. Toda fiesta que me la impongan, no va conmigo.
-Claro, el país es uno, y si uno no se siente libre es porque el país no es libre, si uno se siente explotado, es porque el país está explotado. Me empelota cuando hablan de la patria, ¡si la patria somos nosotros! Mientras nos sintamos como la mierda, el país anda como la mierda.
-La gente siente una desilusión muy grande que está corroyendo su vida. Esperó mucho de la vuelta a la democracia y de la primera mujer Presidenta.
-Fundamentalmente, la sensibilidad de mujer en el Gobierno, especialmente hacia lo social. Siendo Presidente mujer, y más encima socialista…
-Por supuesto, si hay tantas cosas que hacer. Es como si esto fuera una familia y tuviéramos hijos enfermos, o sin zapatos, y estuviéramos ahorrando.
-Menos mal que no fui.
-Seguramente me pillaron en el minuto hueón. Todos tenemos el minuto hueón.
-No, a mí me llamó el presidente del PS y me lo ofreció. Yo me dije “suácate, si no acepto, va a ser demasiado cómodo”. Hubiera sido decir “yo, como escritor, estoy bien, no quiero problemas”. Pero a mediados de la campaña me di cuenta de que aunque me eligieran, un solo diputado o senador no puede hacer nada, porque todo se negocia.
-Claro. Levanté un poquito la carpa de la política y miré hacia adentro y me di cuenta de que yo no sirvo para eso.
-Vi un mundo sin una pizca de sensibilidad, donde la vocación de servicio es un concepto nomás. El 99,9% de los políticos no tiene vocación de servicio. Es una falacia.
-No, al contrario. Tú conversas con ellos y te vas pensando que los tipos nacieron para servir, pero es puro discurso. Eso es la política, convencerte de algo que no es.
-De transformarme, nunca. Hubiera sido la piedra en el zapato del Congreso, el pelo en la sopa, la espina atravesada en la garganta de los hueones. Todas esas normas, estatutos y huevadas del Congreso me dan en los cocos.
-Nunca más.
-Me han ofrecido, pero tampoco. Me di cuenta de que mi trinchera es la palabra.
¿Y qué le pasa con las críticas?
-No me reconozco para nada, al menos en las críticas de Chile. Si tomas las críticas que se han publicado en Europa de mi último libro, El Fantasista, y las comparas con las que se han escrito acá, del mismo libro, da la impresión de que están hablando de libros completamente distintos. Acá no se me reconoce nada y en Europa algunos me ponen a la altura de un Juan Rulfo.
-Cuando tú vendes, cuando tienes la respuesta de los lectores, ya las críticas importan menos. Yo aprendí desde el principio que ni la mala crítica ni la buena hay que tragársela. Tampoco creo que sea tan bueno como dicen en Europa ni tan malo como dicen acá.
-Al único al que le haría un poco de caso, aunque no comulgo con sus ideas, pero lo respeto mucho por la lucidez intelectual y literaria que tiene, es al cura Valente. A mi primer librito de poesías, Poemas y Pomadas, le hizo una crítica muy buena.
-Yo trabajo mucho, corrijo y re-corrijo. Creo que en la corrección está el arte. Arte, igual forma. El fondo puede ser muy importante, pero si no tiene la forma adecuada, se pierde.
Para uno los escritores son seres etéreos que viven de la inspiración, uno se olvida de que no bastan las puras ideas, que hay que trabajarlas harto.
O sea, ¿para usted el arte es innato?
-O se nace o no se nace con ese germen, el que no lo tiene, está frito. Yo no elegí escribir como un oficio, sino que como un destino. Yo me quiero morir escribiendo. La profesión incluye fracasos y éxitos, en cambio, con el destino estás frito, vas a escribir igual. Si yo jamás hubiera tenido éxito, igual estaría escribiendo. Y si mañana me dicen “señor Rivera, sus libros ya no se venden, no lo publicamos más”. Conforme, me busco un trabajo en una mina, en una construcción, pero sigo escribiendo, porque es un destino.
Yo no podría escribir un libro donde no aparezca una mujer, donde no aparezca una prostituta.
¿Por qué encuentra heroico ser prostituta en el norte?
-Estamos en el desierto más cruel del planeta, po’ huevón, donde había una mujer por cada 2.300 machos. Si tú hubieras visto, 50 viejos haciendo cola y mirabas a la prostituta y era una flaquita, chiquita, y no podías creer cómo aguantaba esta mujer… Después que pasaban 20 viejos y la pobre puta tenía que pedir coto un ratito, para cambiar el agua donde hacía la ablución genital. Esa agua estaba espesa, decía “esperen un rato”, e iba en bata a cambiar el agua, para seguir dándole. Si eso no es heroico…
-Uno escribe como puede, no como quiere. Escribí quince años poesía y nunca tuvo que ver con la pampa. Mis cuentos tampoco. La pampa me eligió para que la contara y la cantara, pero primero tuve que aprender. Mis libros están siendo como la crónica de un mundo que está en extinción.
-Si a cualquier pampino que trabajó 40 años en la pampa y que fue explotado y que vivió miserias, el paisaje árido y el clima como la mierda, le preguntas “¿usted volvería a la pampa, al desierto, si reabren una oficina?”, sí, vuelven. La vida que nos logramos hacer en el campamento era inigualable, a base de solidaridad, amistad, sentido del humor. En esa adversidad, nadie resistía solo.
-Un enmarcamiento mental. Yo era pobre como las ratas, pero nunca me sentí pobre y eso me salvó. Siempre intuí que tenía algo que valía mucho dentro mío, entonces, es también como la vejez, ahora que me estoy poniendo viejo, un enmarcamiento mental. El día en que mis recuerdos sean más importantes que mis proyectos, estoy viejo. Pero estoy lleno de fe y proyectos, soy un cabrito todavía.
-Por supuesto, con él sí que aceptaría cualquier puesto. Es que su campaña le hace muy bien al país, le da sentido del humor, quiebra el protocolo, termina con lo acartonado. Creo que es un poco lo que yo trato de hacer también en literatura. A Dióscoro lo siento muy cercano, cuando lo conocí, dije al tiro “este tipo es mi amigo”.Lo que pasaba es que no nos habíamos visto nunca nomás, pero éramos amigos de nacimiento. Además que tenemos algo en común, que es la cara de guachaca, o sea, con esta cara estamos condenados a ser del pueblo, porque no nos reciben en la UDI ni cagando.
Christian Stüdemann
Fotos: Gloria Henríquez
3.2.09
Hay muchos enfoques, teorías, escuelas, que se aplican al análisis de las distintas disciplinas de las ciencias sociales y de sus innumerables aspectos específicos, incluyendo el arte, la literatura, etc.: marxismo, estructuralismo, existencialismo. En ciencia política, existen muchos enfoques conceptuales: Conductismo, Neoinstitucionalismo, Elección racional, Teoría sistémica, Marxismo, Feminismo, Post-estructuralismo, etc.
Pues bien, la coyuntura preelectoral chilena actual permitiría desarrollar un nuevo enfoque en ciencia política.
En efecto, es impresionante la cantidad de gente de la Concertación y de la derecha que ya se ha lanzado o piensa hacerlo como precandidato o candidato presidencial sin aparecer ni en el rubro “no sabe no responde” de las encuestas electorales, que no aparecen ni por asomo en m
enciones espontáneas, que para el ciudadano común son “famosos por lo desconocidos”, como decía la revista Pingüino ¿Es locura temporal, es ansia de servicio público inesperado, se negocia algún futuro-eventual puesto, ganas de impresionar a los hijos o nietos, chiva para lograr permiso de la señora para salir, ansias de joder la pita? Estos aspirantes a concursantes exigen estentóreamente elecciones primarias internas en su partido y conglomerado, pero cuando se dan cuenta que no podrán ganarlas ni por casualidad, renuncian a su organización “por falta de participación interna” en este rubro. Además de lo gritones, se caracterizan porque dormitaron mucho tiempo, despertaron de repente y retornarán a su sopor una semana después de las elecciones. Para ellos, eso de educar y organizar las masas es chino, la constancia y porfía de un Recabarren tiene que ver más con siquiatría que con política.Pero como estamos llenos de buena voluntad, para que nadie les diga “¿y éste, de dónde apareció, con qué ropa quiere ser candidato...?”, ofrecemos la respuesta: “¡con ropa de Patronato, pues!”
Como dice su página web, este pintoresco barrio, ubicado entre las calles Recoleta, Loreto, Bellavista y Dominica en Santiago, se ha convertido en uno de los lugares favoritos para clientes que buscan variedad, economía y diseños de temporada, ofrece gran cantidad de productos nacionales e importados; allí pueden encontrarse trajes de la temporada, ropa de niños, vestidos de gala, diseño para todos los gustos y servicios acordes a un barrio que ofrece todas las comodidades de un centro comercial. La diversidad de locales, hace a este lugar un buen atractivo, porque no solo ropa podemos encontrar en Patronato, sino que además el comercio nos ofrece accesorios como carteras, cinturones, anteojos, maquinarias y mucho más. Los bajos precios son también algo característico de Patronato, pues en este lugar los fabricantes venden sus creaciones directamente al público. Todo en un solo lugar y en una sola web: http://www.tiendaspatronato.cl/. Con fácil acceso: tomen la locomoción colectiva que lleve hacia la calle recoleta y también hasta Santa María o Bellavista (desde oriente). También sirve el Metro estación Patronato (Línea 2).
Así, pues, muchachos, a abrigar sus mini-candidaturas.
¡A ampliar la democracia y la participación gracias a Patronato, miéchica!
PAM/02.02.09
30.11.08
Quizás porque el 30 de diciembre próximo me acogeré a retiro voluntario, o porque soy economista e interesado en problemas de gestión, y tengo la tendencia a abordar los problemas, darles un corte y pasar a lo siguiente, sin obsesiones, creo que a estas alturas del recorrido, es sano ejercicio dejar algunas disposiciones que alivien la vida de los herederos en ese momento que dicen crucial, sobre todo porque dichos herederos recibirán problemas que no bienes.
¿Dónde quiero yacer? En la tumba familiar. Por el momento, espera allí sólo mi hermano Alejandro desde 1991.
¿Bajo qué forma? Desde pequeño escuchaba y leía, incluso en los ateos, sobre la esperanza de la perpetuidad y la tendencia a los ceremoniales, del homenaje a los ancestros, de donde viene seguramente la costumbre de los cementerios y las tumbas. Por ello, me he asombrado de la nueva tendencia a hacerse cremar y esparcir las cenizas en los más variados lugares, ninguno donde familiares aburridos pudiesen acudir alguna vez a recordar. He creído comprenderlo ante el recuerdo difuso de un cuento de Edgar Allan Poe Se trata de aquel tipo que, habiendo sufrido ataques de epilepsia que lo dejaban con todas las apariencias de muerto, tiene terror a ser enterrado vivo, y solicita a su mejor amigo que, para evitar un error fatal, en caso de ser enterrado, el ataúd sea depositado muy cerca de la superficie, de manera que si fuera un ataque de epilepsia y despertara, pudiera abrirlo, cavar con sus manos y salir. El amigo así lo hizo, y así ocurrió. El supuesto fallecido despertó en el ataúd, y empezó a empujar cada vez con mayor desesperación; mientras más cavaba y empujaba, más se hundía en la tierra: el amigo había enterrado el cajón al revés!
Por otra parte, se cuenta que en dicha enfermedad estuvo al origen de la costumbre de los velorios: esas horas permiten al supuesto occiso cambiar de opinión y volver a la rutina de los impuestos, salir a comprar el pan para las onces, cuidar a los nietos, problemas de próstata, etc. No soy epiléptico, pero no está demás tomar precauciones, me digo. No quiero despertarme en un cajón.
Hay otro aspecto que no me gusta nada, fuera del hecho de estar muerto: el quedar en la tumba solo, abandonado, mientras los elementos de la reconversión natural, que aplican aquello de que nada se pierde, que todo se transforma, acechan. Está bien eso de permanecer, aunque sea bajo otra forma. Es el proceso el que jode la psiquis.
Así que está decidido. Quiero ser cremado. Y no quiero que mis cenizas anden de viento en viento, de hoja en hoja, fertilizando tomates y papas, sin dejar rastro discernible. Así que mis cenizas serán arrojadas en la tumba familiar, para sentirme acogido, pero también por joder, para que alguna vez mis hijas y nietos me visiten, y no se limiten a mirar el horizonte, lanzar un suspiro y pasen a otra cosa más interesante y actual.
¿Cómo quisiera acoger la muerte? Como en Exergo, ese poema de Nicolás Guillén que leí en los años ’60 en alguna parte y luego busqué por décadas, hasta que lo reencontré hace algunos meses. Ese que dice:

Más ya me veis: espero
mi momento postrero,
curioso, preparado,
pues quizás me sea dado
sentir que llega armada
y, herido por su espada,
gritar: ¡TE VI PRIMERO!
Naturalmente, quiero música en las ceremonias. Medianoche en Moscú. Dos canciones de Mikis Theodorakis, Sto Periyiali to krifo (La ribera oculta) interpretada por María Faranturi, y Zorba. Una de Inti Illimani, Vuelvo. Una de Carlos Gardel, Por una cabeza. El tango Sur (Sur, paredón y después/ Sur, una luz de almacén/ Ya nunca me verás/ como me vieras/ recostado en la vidriera y esperándote...). Para terminar, porque no es un recital, Volver a los 17, para que mi esposa, que es menor en casi una década, recuerde que todo sigue, que es un proceso, y que le quedará aún mucho por ver, oler, escuchar...
1.11.08
Para las elecciones del próximo martes 4 de noviembre, desde el Partido Demócrata se anunciaba la novedad,
que se convertirá en hecho histórico si su candidato es elegido como presidente de Estados Unidos: la primera mujer o el primer afroamericano. Su ventaja era y es la novedad (y sus propuestas), y en ambos casos las supuestas debilidades que explotó la derecha eran la falta de experiencia y de liderazgo y las sospechas sobre su patriotismo.Se asocia a la mujer con una sensibilidad distinta, o más bien más acentuada, más cercana a las necesidades concretas de la sociedad en su conjunto, y de las distintas minorías (en el caso chileno, también más cercana del tema de la equidad, de la igualdad de oportunidades, de la distribución del ingreso. Michelle ha ido en la dirección de convertir aspiraciones en derechos sociales y, por esa vía, convertir políticas sociales impregnadas de asistencialismo en derechos, como lo ilustran tan bien el Auge y el Reforma Previsional, entre otras). Hillary Clinton quedó en proyecto, que quizás se retome en un futuro próximo con ella misma u otra mujer. Desde la lejanía, pareciera que los factores de su derrota estuvieron ligados a la eficacia de los equipos de la campaña interna.
En la recta final ha quedado Barack Obama. Todo aquello que es su fortaleza constituye al mismo tiempo sus flancos que la derecha sin principios podía aprovechar, y que efectivamente utilizó. Ser afroamericano. El ser de una familia atípica, en que existe una conjunción de razas, nacionalidades, países. El ser cosmopolita (como decían los estalinistas) casi se le identifica con ser poco “americano”. El tener la vivencia de diferentes estratos sociales (viene de una familia que de ninguna manera podría ser catalogada de acomodada, participó en las actividades de organizaciones comunitarias, de la iglesia, etc.) lo hace sospechoso de debilidades “liberales”. En fin, por su interés en las grandes cuestiones nacionales e internacionales, sus lecturas, sus estudios, le han acarreado la terrible acusación de ser “intelectual”.
Las encuestas lo favorecen frente al candidato republicano. Pero nada está ganado. Existe una hipocresía casi sociológica entre los encuestados. Ya no son tantos los que directa o abiertamente lo rechazarían por ser negro, tal postura “ya no se lleva”, no es políticamente correcta. Entonces dicen que sí, que votarían por Obama. Pero en el momento de votar podría aflorar el verdadero “yo”, la naturaleza discriminatoria, la desconfianza, que sería superior a la vergüenza o imbecilidad de votar por tercera vez consecutiva por los republicanos.
Pero si, Obama podría ganar. Y entonces surge la pregunta: ¿qué importancia tendría su gobierno para América Latina? La respuesta no es evidente. En palabras y análisis simples, Barack sería más progresista. Esto merece ser relativizado:
Por un lado, se sabe que las palabras con significación política no tienen el mismo sentido en USA.
Por otro, también se sabe que quienes sienten que presentan la imagen de “sospe
chosos”, de recién convertidos o que experimentan consciente o inconscientemente la necesidad de demostrar su adhesión a los valores “permanentes, inmanentes” de la patria o, en este caso, del “american way of life”, tienden a exagerar las manifestaciones de dicha adhesión. En Chile somos expertos en el tema, con las lecciones que ha dado durante dieciocho años la Concertación, y que han constituido la “originalidad” de nuestra transición.Finalmente, siempre se ha manifestado sorpresa por el hecho de que Estados Unidos no ha sufrido el choque brutal de culturas que podría haber significado la multitud de naciones que allí conviven. La explicación que se ha dado es el famoso “melting pot”: todo se disuelve en el “modo de ser” americano (y la práctica demuestra, además, que no hay mayor chovinista USA que inmigrante reciente en dicho país). Y la sociedad americana es evidentemente conservadora en lo económico y aún restrictiva en las políticas sociales. Esto se aplica también a los nacidos en el país. El progresismo es “cooptado” o recuperado por el entorno conservador. Hay casos en que los no "recuperados" han sido aniquilados, simplemente.
En conclusión: Obama es una incógnita. Pero el partido republicano es y ha sido amenaza permanente.
20.10.08

Desde hace algunas semanas, la ciudad está llena de publicidad electoral. Avenidas y cerros llenos de postulantes a los municipios. El juego de “hacer parir la chancha” está en pleno desarrollo: los nuevos candidatos empujan para desalojar a los actualmente aún enquistados.
Sin embargo, todos reúnen dos características. La primera, son extremadamente lacónicos. Ni un asomo de programa electoral. ¿Diagnósticos, carencias, proyectos? ¿Cómo dice? No. Algunas frases (no, solo palabras, no más): seguridad, alcantarillado, y algún intento de caracterizar al candidato: cercano, solidario, pero sobre todo preocupado, muy preocupado...
La segunda, todos son impolutos, vírgenes, puros. Ningún símbolo partidario en la publicidad. Lo que quisiera implicar “nunca una tentación, ni aspiración de poder, ni de colusión para buscarlo”. Por lo mismo, nunca se han acercado siquiera a organizaciones, entidades, ni partidarias, ni gremiales, ni religiosas, ni deportivas. Ni siquiera parecen saber de qué se trata. Son angelitos, querubines, almas puras, que vagaban entre nubes, lira y/o arpa a la mano, rasgando ensoñadoramente sus cuerdas. De pronto, algún bache, orificio, intersticio, entre las nubes, los hizo caer a este inmundo y nauseabundo planeta y aterrizaron en sendos carteles de propaganda. Son candidatos que no son de este mundo, no pertenecen a ningún partido (¡guash!), no quieren nada.
Su nombre es su programa y su declaración de principios. Que nadie les conozca no parece representar problema. Es cuestión de ser repetitivos, por eso en esta primavera los árboles florecen carteles y más carteles.
Sólo socialistas y comunistas ponen su símbolo. Algunos dirán que son consecuentes. Otros, que son atrevidos o caraduras. Vaya uno a saber. Por lo menos, uno sabe qué onda, cachai?
15.10.08

Para “achuntarle”, hay que saber a qué dispararle, decía mi abuelo. Dos ejemplos.
La Presidenta Bachelet, en el contexto de una serie de iniciativas económicas, financieras y políticas, ayer lunes 13 de septiembre convocó a La Moneda a los jefes de los partidos de gobierno y oposición para abordar los diversos aspectos de la crisis financiera mundial, sus causas, proyección, medidas a adoptar para minimizar sus efectos en el país.
Se trata de la denominada crisis subprime, iniciada en el entusiasta despelote producido en la economía financiera de Estados Unidos. Producto de la búsqueda de la ganancia fácil, los grandes banqueros y ejecutivos de empresas de seguros parecieron todos haber reprobado o haber estado ausente del curso Finanzas I, algunos con mención en hipotecas: no prestarás un cobre sin antes haberte conocido el historial bancario y laboral del solicitante, haber pedido los avales (personales y en haberes) que sustentarían el préstamo en caso de problemas, etc. En fin, si usted ha pedido préstamos alguna vez, ya conoce el procedimiento. Pero estos ejecutivos, astutos ellos, se dijeron: “¡echémosle para adelante, no más... toda la carga se arregla en el camino” o, más científicamente, “¡el mercado está con nosotros, muchachos!”.
Pero bastó que un banco ligeramente importante pidiera un préstamo para arreglar el fin de mes en esta área, para que otros empezaran a interrogarse al respecto. Horror, no tenían idea de los montos involucrados, del valor de las hipotecas, de su solidez, etc. La roca de la confianza de los inversionistas empezó a rodar cuesta abajo cada vez más rápido. Ya se sabe: cuando los privados y el mercado hacen kaput, Moya y Don Chuma, su compadre, pagan, a través de solícitos gobiernos, mano abierta y con pala hacia ese lado, siempre armada de tijera para recortar hacia este otro lado. La propuesta de “rescate” del gobierno Busch es de US$ 770.000 millones, para empezar. Ya es parte de la resignada sabiduría pública: “las ganancias son privadas, las pérdidas son públicas”.
¿A qué viene lo anterior? A que el PRI, conformado por descolgados de un variado espectro político, que incluye ex pinochetistas y ex DC, por algún error administrativo no fue invitado a dicha reunión en La Moneda. Su presidente Jaime Mulet, elegido diputado bajo banderas DC, llegó a La Moneda para protestar y entregar sus propuestas contra la crisis financiera. Una de las propuestas es genial: congelar remuneraciones altas en el sector público (que, en realidad, sumadas no alcanzan a un pelo de la cola). ¡Arreglemos el despelote de los privados recortando salarios altos en el sector público, dice este dirigente esclarecedor! No se sabe si esto incluye los de los parlamentarios. Sería ser ingenuo suponer que sí. Tampoco sugiere recortar los “paracaídas dorados”, las enormes indemnizaciones de los ejecutivos privados cesados cuando sus empresas empiezan a tambalear. Tampoco disminuir los salarios de los ejecutivos privados en funciones. Un ahorro sustancial sería rebajarlos al nivel de “las altas remuneraciones del sector público”, fíjese usted.
Otro ejemplo de buena puntería la dieron los dirigentes de los estudiantes secundarios hace unos meses. Cuando el gobierno presentó un proyecto de ley de mejoramiento de la educación, acogiendo muchos de sus planteamientos, no se dieron cuenta que el blanco había cambiado de lugar. El proyecto de ley se discutía en el parlamento, con objeciones y rechazos de la derecha, que desvirtuaban sus objetivos. Pero los preclaros dirigentes de las movilizaciones seguían dirigiendo a sus tropas hacia el ministerio y seremis de educación, las intendencias y servicios públicos varios. Los parlamentarios de derecha pasaron piola. “Con esa puntería dificulto que lleguen a ser padres!”, dice un amigo que tiene tendencia a aterrizar las conclusiones.
Claritos nuestros dirigentes, guías, faros, líderes.
2.10.08
13.7.08

La última vez que estuve en avenida Manuel Montt Nº 425 fue en octubre de 1973. Aquel sábado regresé cerca de las 20:00 horas. Gina y Beatriz salieron corriendo a encontrarme. Debía irme de inmediato. Hacía media hora que los carabineros de la 19ª Comisaría de Providencia, ubicada en avenida Miguel Claro Nº 300, habían partido. Un vecino, buen ciudadano experto en fabricar miguelitos durante los paros de los camioneros, les había avisado que allí vivía un terrorista experto en armas, fabricación de bombas y atentados diversos, que había estudiado en Moscú. Los uniformados se alarmaron en extremo. Aquella casa casi colindaba con el patio trasero de la comisaría, en que había una cancha multiuso. Y se imaginaron al terrorista apuntándoles con una ametralladora mientras jugaban graciosamente al basketbol, o volando la comisaría completa con una bazooka... No sabían que el arma más peligrosa que había manipulado era una honda...
Montaron un rápido operativo bien apertrechado en armas, vehículos y efectivos, que alertó a los vecinos en aquel atardecer. Encontraron a los dueños de casa, un matrimonio de edad, y dos de sus hijas (otra hija y los dos hijos varones estaban ausente). Hallaron una biblioteca de libros escritos en marciano, con signos extraños, nada comprensible, salvo los números. La gente decente escribe y lee en lenguas cristianas, se dijeron. Arrasaron con todo (¿el equivalente a cuantos estipendios mensuales, botellas de vodka, de vino, latas de caviar, contundentes kalbasa, frascos de kornichons, habría allí?). Al medio de todo, mi diploma, con la foto en que salía tan bonito. Se llevaron el paquete entero para “examen más detenido”. Los residentes les dijeron que yo me había ido hacía unos meses, no sabían de donde venía ni adonde había partido, un huésped poco parlanchín, retraído, quizás venía del campo, o del norte, vaya uno a saber… Carabineros permaneció allí una hora y media. Otro operativo en vista o la hora del rancho les hizo partir, dejando bien claro la ventaja de avisarles rápidamente en caso que yo apareciese. Lo mismo recomendaron a los vecinos.
Ese sábado apliqué una retirada estratégica. Dos días después volví en la oscuridad. Con los oídos bien abiertos, tratando de distinguir ruidos sospechosos con olor a botas, toda la noche conversé con Beatriz buscando las cinco patas al gato: ¿qué hacer? Ella también estaba complicada. Estaba haciendo su práctica en Digeder (Dirección General de Deportes y Recreación) que, extrañamente, dependía del Ministerio de Defensa. ¿Presentarse a las autoridades? Esta eventualidad nos traía a la mente la imagen de los corderos marchando al matadero. ¿Pasar a la clandestinidad? ¿Con qué recursos, con que red de apoyo, para hacer qué…? Sin considerar que esto podría significar confesión de pecados no cometidos. Llegamos a una conclusión salomónica: hacernos los lesos. Yo volvería a mi pueblo, ella seguiría en su casa, mientras buscábamos salir del país. Yo no tenía a donde ir, y tenía aún algunas cosas que hacer en Santiago. Julián me llevó a casa de Ho Chi Mihn, donde me apareció el primer par de canas. Pero eso lo contaré algún otro día.
Fui al Departamento de Personal de la repartición pública en que había trabajado hasta hacía unas semanas y, mientras mis amigos que trabajan allí miraban hacia el techo, vacié mi expediente para hacer perder mi rastro. Para facilitar mis trámites para emigrar me encontré con el problema de que mi diploma había sido expropiado y no podría mostrar mi calidad de profesional. Recordé que toda contratación en la función pública envía el expediente a Contraloría. Fui allí y lo pedí. El funcionario volvió examinándolo, pálido y asustado: ¿Sabe usted la suertecita que tuvo de que lo atendiera yo? Cualquiera otro, y usted en este momento estaría saliendo a la rastra y bien custodiado… Tuve la intención de abrazarlo y persignarme. No hice lo uno ni lo otro, y me fui tratando de disimular el temblor de las rodillas. Aún conservo aquella copia del diploma.
Nunca más volví a Manuel Montt. En 1974 dejé el país. Regresé en vacaciones recién en 1985 y luego en 1988. Volví definitivamente en 1992, radicándome en Viña del Mar. En ninguna de esas ocasiones me di una vuelta por aquella calle, aunque pasé varias veces por avenida Providencia en bus y en metro. Inconscientemente, me negaba a afrontar aquella pesadilla, temiendo inconscientemente que alguien me reconociera. En aquel tiempo, en la entrada había una casa de dos pisos donde funcionaba una Inspección del Trabajo. Al fondo había otra casa también de dos pisos, donde viví. En los ’80, en esa dirección funcionó la Revista Análisis.
Este viernes 4 de julio tuve que ir a Santiago, por gestiones en la embajada en preparación de mi viaje a Montreal. Al terminarlas, tomé el metro hacia el centro. Casi sin darme cuenta, me bajé en la estación Manuel Montt. Parecía un buen momento para cerrar aquel círculo. Desde avenida Providencia caminé hacia Eliodoro Yáñez. Tuve que cruzar la avenida “11 de septiembre”. En esa esquina, el “Rincón Brasileiro”, que avisa que “en este local se reúnen cazadores, pescadores y otros mentirosos”. El otrora barrio de pequeñas casas, panadería, fábrica de empanadas, ha cambiado su carácter, ante los garajes, pequeños boliches, grandes clínicas, la Universidad Mayor. Llego al Nº 425. Un gran letrero anuncia su actual vocación: Los Chavales, Taberna Española, y otro más pequeño especifica el menú: jamón serrano, chorizo, gambas a la plancha, tortilla española, calamares a la plancha, riñones al jerez, ostiones, callos a la madrileña, joder, coño! La puerta del pasaje está abierta. Al fondo, se ve la casa. No se ve a nadie. A la tercera pasada, me decido y entro hasta medio patio húmedo, vacío y feo. Tomo fotos. La casa parece más pequeña, destartalada, de un azul agresivo y triste a la vez, probablemente inhabitada.
Doy una última mirada a aquella casa en que Miguel Orrego y su familia –incluyendo sus hermanas Betty, Gina, Ana María y su hermano Patricio- me acogieron por año y medio y que, con su silencio aquel día del allanamiento hace ya 35 años, quizás me salvaron la vida. Nuestra universidad no estaba a la moda en aquellos días.
Foto: Miguel Orrego, primavera de 1965.
29.6.08

Visto a la distancia, el Chile de los sesenta resulta inverosímil. Para advertirlo basta un dato: cuatro de cada diez jóvenes chilenos lograban ingresar entonces al liceo y apenas un puñado de ellos conseguía terminar el ciclo de la enseñanza secundaria. De éstos, por su parte, un ínfimo puñado logra hacerse de un cupo en la universidad: menos de cinco por cada cien. Los pingüinos -los escolares como multitud- entonces no se conocían. Casi ninguno había alcanzado siquiera a pisar un colegio.
Y eso que sucedía en educación, ocurría también en salud y en vivienda.
En una palabra, la desigualdad de la que hoy día -con razón- nos quejamos no existía. Había algo aún peor: exclusión. Grandes sectores de la sociedad puestos al margen del sistema productivo, de la industria cultural, del sistema escolar.
En suma, la estructura productiva era incapaz de incorporar a amplios sectores.
Al lado de ella, sin embargo, según sugirió alguna vez Aníbal Pinto, había un sistema político incluyente y amplio que estimulaba las expectativas de todos.
Es lo que salta a la vista cuando uno se detiene a mirar los rastros y las huellas de esa época. Multitudes cuya pobreza parece entrar en contradicción con el carácter de sujetos colectivos, que, al mismo tiempo, son capaces de exhibir. Como si en el Chile de los setenta el reino de la necesidad fuera a parejas con el de la libertad. Como si el programa de Hegel -la masa convertida en sujeto- se hubiera cumplido de una vez por todas.
Esa es la escena a principios de la segunda mitad del siglo pasado. Una estructura productiva que dejaba al margen a grandes mayorías, y un sistema político, que, en cambio, las incluía y les permitía expresar sus demandas. Una estructura de producción que rehusaba a muchos incluso la condición de explotados, pero que concedía a todos la condición de sujetos partícipes de un destino común.
Es en medio de esa escena -esa contradicción- que se forja la figura final de Salvador Allende.
Él pensó que era posible modificar de manera radical esa estructura productiva sin sacrificar un ápice las rutinas, demasiado expansivas, del proceso político. Hacer cambios, que en otras partes se habían logrado a sangre y fuego, a punta de votos. En una palabra, transitar al socialismo, la igualdad en su máxima expresión, con las armas de la democracia. Todo un desafío: hacer algo que los clásicos del marxismo -fieles a una teoría violenta de la historia- habían rechazado una y otra vez. Fue la revolución de las empanadas y del vino tinto.
Al perseguir ese objetivo en apariencia insensato, Allende mostraba las características de un político de excepción, capaz de adherir, con el mismo énfasis y pareja sinceridad, a objetivos en apariencia inconsistentes: el logro de la igualdad en su máximo nivel y, a la vez, el respeto por la diferencia que exige la democracia. Él representó -mirado a la distancia no es poco- una radical voluntad de cambio con una insobornable voluntad democrática. Se apegó a las rutinas, a los modales y a las costumbres de la democracia con el mismo entusiasmo con que abrazó el deseo de igualdad para las mayorías entonces excluidas.
Un político capaz de dejarse llevar por esas ideas, que sabemos opuestas, y usarlas para seducir a otros, es una muestra de voluntad excepcional, una voluntad que sólo tienen los santos y los héroes. Una voluntad que hoy -cuando la política o se confunde con el narcisismo o con un trabajo alimenticio- parece una rareza.
Allende quemó así los últimos cartuchos del estado de compromiso que rigió los destinos de Chile entre el año 1932 y 1973: un arreglo social en el que las capas medias se hacían del Estado y arbitraban, mediante múltiples mecanismos -que iban desde el cabildeo en los pasillos del Congreso a la negociación en La Moneda- los conflictos sociales.
Allende fue, al mismo tiempo, la culminación de ese estado de compromiso y la entrada en el umbral de su fracaso. Como él dijo, con la lucidez de los condenados a muerte, se trataba de un tránsito histórico.
Y enfrentado a él pagó con su vida.
Hay varias formas de empalidecer la figura de Allende y se han ensayado casi todas. A su preocupación por la igualdad, se opone su frivolidad de burgués insustancial; a su riguroso apego a la democracia, su apoyo a los movimientos insurreccionales; a la expansión del consumo que alcanzó su gobierno, la escasez dramática que padeció el tercer año; a la valentía de sus horas finales, la amargura del suicidio; a la conciencia histórica que exhibió, el narcisismo de sus relaciones privadas.
Todos esos intentos son pueriles -no hay un gran hombre que a la mirada del burgués no parezca un amasijo de contradicciones- y ninguno de ellos logrará hacer olvidar que Allende dejó la valla a una altura que ninguno de sus contemporáneos, ni nadie hoy día, alcanza.
Ni de lejos.
El Mercurio, domingo 29 de Junio de 2008
28.6.08
La UP, ¿una locura?

El programa de la UP era, ciertamente, de profundas transformaciones estructurales: pretendía instaurar una nueva realidad económica, social y política, en que las necesidades y aspiraciones de las mayorías fueran consideradas, en que el protagonismo les perteneciera.
Era necesario y posible aplicar tal programa, decía la UP. Pero, ¿era una pretensión aislada en la realidad latinoamericana? No. Dicho programa se inscribía en el contexto de las ideas, programas y fuerzas transformadoras que en aquel entonces predominaban en el continente. Veamos la ilustración de esto.
1. La idea del cambio necesario
A fines de los años ’50 y principios de los ’60, se había ido imponiendo en los círculos dirigentes de la derecha latinoamericana y de Estados Unidos la idea de que era imprescindible tomar la iniciativa de realizar algunos cambios estructurales, en aras de algunos grados de eficiencia económica y de equidad, pero también para salvaguardar lo esencial del régimen económico. Los de abajo estaban cada vez más impacientes. A los de arriba les era cada vez más difícil guardar las riendas por las vías electorales. La vasta gama de dictaduras que dominaron América Latina en los años ’50 había caído una tras otra. A los gobiernos democráticos que las habían reemplazado no les iba muy bien. La inestabilidad era la regla. En Chile también se había concluido que debía maquillarse algún tipo de cambio para evitar las marejadas.
La Iglesia Católica chilena, siguiendo la doctrina social de la iglesia, entregó tierras a los campesinos.
2. Cambios que perduran, apropiados por otros
7. La nacionalización del cobre. Codelco aún es una empresa estatal. Ni la dictadura se atrevió a privatizarlo.
8. El parlamento unicameral. Esta propuesta de Allende fue considerada por la oposición como supuesta prueba inequívoca de la intención de la UP de instaurar un régimen de tipo soviético o cubano. Hace algunos meses, se ha escuchado a dirigentes y parlamentarios de la DC proponer instaurar en Chile un congreso unicameral, alabando sus ventajas en términos de eficacia y economía en el trabajo parlamentario.
Los procesos revolucionarios no son inventados, no nacen de la nada. Hay condiciones objetivas que los posibilitan. Hay hombres y movimientos sociales que comprenden aquellas. Agreguen a eso sentimientos a veces difusos sobre justicia social, fraternidad, solidaridad, y se tendrá lo que se ha llamado condiciones subjetivas. De allí se inician dinámicas sociales. Dinámica iniciada en el gobierno de Frei Montalva, acelerada bajo el de Allende.
Ya se sabe que los sueños pueden terminar en pesadillas, que duran 17 años, a veces más, a veces menos. Pero su inspiración perdura mucho más.
Quienes hoy intentan administrar sueños, y distorsionarlos, y aceptan la versión de quienes los arrasaron a sangre y fuego, terminarán como burócratas ignorados por la historia con minúscula. Aún más de la gran Historia.
3.5.08
He estado en la onda de leer cronistas por estas semanas y meses. He leído, por ejemplo, "Animales Literarios Chilenos", una de tantas recopilaciones de Enrique Lafourcade, con inevitables temas recurrentes, repeticiones, ausencias como castigos, egoísmos evidentes, pero que, sin embargo, entretiene.
También "El whisky de los poetas", de Jorge Edwards, un poco más denso, muy variado en su temática, con obsesiones varias, con capacidad de ver el mundo girando a su alrededor sin marearse, mirándolo con lupa cuando necesita dar efecto multiplicador y deformante a incidentes menores para obtener algún tema trascendental que le asegure ediciones y traducciones varias, como lo ilustra tan bien su "Persona non grata", que leí hace ya mucho en Montréal con irritación creciente por su ombliguismo. En su empeño editorial contó con la preciosa ayuda de la Junta Militar, que lo prohibió, a pesar de que Jorge alimentaba generosamente todos los estereotipos que “fundamentaban” la represión aquellos primeros años de la dictadura (fue publicado en francés en 1976). Según Jorge, todas las FARC, los Círculos de Defensa de la Revolución, los aparatos de inteligencia cubanos, lo habían colocado en lista negra por haber sostenido conversaciones con el escritor disidente Heberto Padilla y otros, a consecuencia de lo cual el gobierno cubano lo habría declarado persona no grata y solicitado al gobierno de Allende el reemplazo de este molesto funcionario de la embajada. Su destinación allí había durado algunos meses, lo que habría bastado, según Edwards, para casi desestabilizar a la revolución cubana.
Leí con mortal aburrimiento y bostezos surtidos "Memorias poco diplomáticas, algo de aquí, mucho de allá", del diplomático Oscar Pinochet de la Barra, que me interesó exclusivamente por su destinación a la Unión Soviética, que recorrió ampliamente, y por ser especialista de la Antártica. No son memorias ni crónicas, no tienen mucho ni de aquí ni de allá. Su pluma no es prolija ni entretenida. Seguramente fue mejor diplomático.
Me prometo releer "Días y noches de amor y de guerra" y también "Contraseña", ambos de Eduardo Galeano, el de la prosa que se desliza sin estridencias pero llevando poderosos sedimento bajo su elegancia sencilla.
En el diario La Nación Domingo, bajo la rúbrica “Ojo de loca no se equivoca”, leo las crónicas de Pedro Lemebel, de quién además leí la recopilación "Loco afán, crónicas de sidario", y leeré algún día su novela “Tengo miedo torero”, sobre los amores de una pareja homosexual, uno de los cuales es miembro del FPMR (¿agregará algo a lo dicho en la novela y película "El beso de la mujer araña", que trata el mismo tema, ubicado en Brasil?). En los años ’80, formó “Las yeguas del Apocalipsis”, dos artistas que escandalizaban a la buena sociedad con sus performances. En La Tercera leo a Jaime Baily, escritor peruano y animador de TV en Lima y en Miami, en que narra en detalle penas, suspiros, anhelos, goces de su relación con un efebo argentino. De vez en cuando intercala datos sobre sus vacaciones con sus dos hijas.
- Son buenos, digo a un amigo sobre estos dos últimos.
- Sí, responde, no son malos. Pero, ¿por qué meten tanto mariconeo en sus escritos?...
No logro discernir en la interrogante de este amigo si se trata de discrepancia literaria o más bien expresa temor al autoanálisis.
31.03.08
1.4.08

Cuba y las “reformas”
Al referirse a situaciones políticas, siempre hay al menos dos enfoques o análisis posibles. En el primero, se expresan los deseos o el “deber ser” que uno quisiera. En el otro, se toman los factores objetivos (sobre todo) y subjetivos (en el sentido marxista, con perdón de algunos lectores), las fuerzas en presencia (y sobre todo su correlación) nacionales y extranjeras, la interpretación (donde no estará ausente cierto subjetivismo) de los dichos y hechos de los protagonistas del tema que se analiza. En otras palabras, se parte diciendo “esto es lo que hay; ¿qué conclusiones podemos sacar?”. Creemos que esto último ayuda a aclarar mejor las situaciones. El primero también es útil en cierto sentido, siempre que se parta diciendo “esto es lo que yo quisiera”. Las cosas claras desde el inicio, en suma. “Organicémonos”, decía un amigo en otro contexto.
22.3.08
9.3.08

Zaldívar y la soledad
Porque tampoco hay vínculos entre
8.3.08
El Festival de la Canción de Viña del Mar es un evento en el cual la competencia musical (géneros internacional y folclórico) es un mero accesorio bastante molesto –y mediocre, en realidad- para los espectadores y televidentes. Del Festival –organizado y difundido por segundo año consecutivo por TVN y Canal 13- se cuelga una infinidad de subproductos emitidos por todos los canales nacionales y medios escritos y muchas radios. Es un ejemplo anual de parasitismo, esa forma particular de simbiosis. Al múltiplo. Casi no hay alternativa medial durante una semana. El elemento fundamental es la farándula y, en segundo lugar, el show internacional compuesto fundamentalmente por has been. Curioso –y preocupante- que el entorno sea más importante que el centro.
César Isella, respetado autor, compositor y cantante argentino, invitado como miembro del jurado folclórico, se declaró confundido: “No sabía que esto era una competencia de culos”. Se olvidó de su complemento: las tetas.
Una cosa buena del festival es que termina luego de una semana. Tiempo suficiente para evidenciar la capacidad de invertir dinero en inepcias por parte de los medios y de las empresas que los auspician y de consumirlas por parte del público. Ocasión para reiterar el argumento falacioso: se difunde lo que el público quiere. La verdad es que la chatarra se prepara rápido, es barata, no exige mayor esfuerzo mental y tiene muchos consumidores. Los contadores de las respectivas empresas están muy contentos.
Además, y contagiándonos del ambiente festivalero, sirvió para corroborar lo dicho por Raquel Argandeña. En efecto, no hace alarde de sus muchas cirugías plásticas: ni se le notan. Tampoco representa los cincuenta años que acaba de celebrar: pareciera tener varios más... y desde hace tiempo. Agreguemos una fuente de frustración para ella: su hija parece destinada a superarla a una edad más temprana y en un registro más amplio.
5.2.08
PALABRAS
Hoy, encontramos demasiados consumidores de palabras, como si fueran papas fritas. Las agarran, se las echan al gaznate y luego parecieran eructarlas. Las torturan, las retuercen, para disfrazar contenidos, cuando se utilizan en determinado contexto, o cuando se aplican a determinadas instituciones o personas.
Del período de las dictaduras latinoamericanas de los ‘70’ y ’80, inspiradas en
Algunas de estas se enorgullecen de presentarse como genuina encarnación de la sociedad, del país, de la nación en que se desarrollan. Por ejemplo, la iglesia, el empresariado, las fuerzas armadas, y tantas otras. Estas buenas almas, llenas de voluntad, no reparan en que atribuirse dicha calidad tiene un corolario: se es encarnación de lo bueno y de lo menos bueno. La sociedad, cualquiera sociedad (la chilena, por ejemplo, vamos) epocalmente determinada (seamos postmodernos en nuestros conceptos), tiene cierto porcentaje de genios, de seres brillantes, de gente inteligente, y también de imbéciles redomados (que no lo son más porque no se levantan más temprano, me ilustra un amigo); de gente trabajadora, con capacidad emprendedora, comprometida con el trabajo bien hecho, pero también de holgazanes a tiempo pleno; de héteros y homosexuales, incluyendo a quienes hacen pasajes entre ambos extremos; de gente noble, capaz de sueños y sacrificios, y también asesinos y pedófilos, etc., etc. La prensa ilustra lo certero de esta afirmación cada día.
Para que vean lo profundo que soy, he aquí una hipótesis: cada uno es lo que es, vale por sus acciones y mucho menos por sus decires. Cada uno se construye a si mismo. Las cualidades positivas (por ejemplo, el honor, la lealtad, la nobleza, la honra) no vienen incluidas con el sombrero campesino, el chamanto, la sotana, el uniforme militar, la corbata, el número de consejos de administración a los cuales se pertenece, la aparición en las páginas sociales, etc. No forman parte de los ingredientes de la marraqueta con que, dicen algunos, se nace. Se adquieren durante la vida, cada día. Algunos nunca las alcanzan. Otros ni siquiera saben que existen.
¿A qué viene todo esto? No tengo claro. Quizás (la mente es tan caprichosa, tortuosa...) se debe a que esta mañana leí la declaración del comandante en jefe del ejército, Oscar Izurieta Ferrer, sobre la solicitud de “retiro voluntario” presentada por el general de división Gonzalo Santelices Cuevas, quién deberá declarar como inculpado por su presunta participación en
04.02.08

