11.9.09

El boina negra

La dueña de casa nos mira cada vez más inquisitiva e insistente cuando bajamos al primer piso. Arrendó a Julián, sus dos hermanas y su novia. Pero han aparecido otros tipos por allí, el Pollo Ruz, yo, algunos más, por una mañana, una tarde, algunas noches. Su hijo es amable. Hace algunas preguntas, las respuestas son evasivas. La señora está inquieta, más aún después de las noticias de cada día, llenas de atentados inverosímiles –difícil arte ser terrorista cuando se está en fuga desesperada-, con exhibición de armas que parecen retrato de familia por lo repetidas, siempre las mismas, sólo debe cambiar el color del paño sobre el cual descansan para ser filmadas –quizás ni eso, la televisión es en blanco y negro en el país. Pero tanto barbudo de melenas desgreñadas y mirada torva en la tele debe quitarle el sueño a la dama. En las noches, las patrullas militares disparan a la luna para crear el ambiente... Hay que bajarle el nivel de nerviosismo a la propietaria. Julián empieza a buscarme otro lugar para pernoctar.

Una tarde, Julián me hace señas de seguirle. Una micro, otra, una tercera. He olvidado el rumbo. Golpea a una casa. Abre un joven. Baja estatura, delgado, ojos orientales, barba tímida de cuatro pelos colgando. Arcadio, alias Ho Chi Minh. ¡Qué idea, traerme a casa de un ex lumumbino! Nos recibe con su parca sonrisa, mostrando sus dientes de gran fumador, que no lo es. Nos lleva a su cuarto. En un rincón, un librero. Una veintena de libros en ruso. Los enigmáticos signos cirílicos se extienden en las páginas, subversivos, provocadores, enigmáticos, hablando de resistencia de materiales, murmurando versos desesperados de Pushkin, pero que bien podrían aparentar tratados de terrorismo... Ante mi mirada interrogante, Ho Chi Minh se encoge de hombros, fatalista, son mis libros, con ellos trabajo, ¿quemarlos?, no, coño... Un álbum de fotos de la universidad. Difícil reconocernos, son tan largos cuatro años en estos tiempos. Como en imagen acelerada, en esas imágenes aparecen y desaparecen bigotes, barbas, las cabelleras crecen y se recortan. Hay más optimismo que interrogantes en esas miradas claras. Hay prados, bosques, lagos, sol, mesas recargadas de libros, de botellas, comida, grupos abrazados, brazos al aire, desafiantes. Por ahí aparecen las murallas del Kremlin, grupos enarbolando banderas en algún Primero de Mayo, bosques de cipreses, stands imponentes de la Exposición permanente de logros de la economía nacional, parece escucharse la música del Parque Gorki... Aparece un álbum familiar. Los padres. Algún pariente. Una hermana veinteañera. Un joven de rasgos que quieren ser duros, de mirada melancólica, con fiero uniforme de boina negra, el novio de la hermana... ¿Dónde he caído?... Conversamos en voz baja sobre los últimos días, de trozos de información sobre condiscípulos. Haber estudiado allá es ahora –todavía hoy, veinte años después, los prejuicios tienen la vida larga- parte del lado oscuro de la vida personal...

A la cena, la familia y dos extraños. Yo, más que el otro, el novio, que ha llegado, recatado, amable. La conversación es un intercambio de murmullos. Banalidad cotidiana, intemporal, impermeable a lo que ocurre fuera de aquellos muros. Ho habla de buscar trabajo, en el aire queda que somos profesionales recién egresados de alguna universidad. Está difícil, dice Ho, y pienso que como eufemismo está bueno, mientras corto con esmero el bistec, sorteando las papas fritas para mantenerlas en el plato, bebiendo el vino a pequeños sorbos, para no ahogarme ni bajar defensas, nada que llame la atención del gentil novio sobre mí. Pero él aparenta indiferencia, como quitando importancia al hecho que desde hace unas semanas el uniforme es poder. La futura suegra lo distrae con sus atenciones. El problema es que quiere también meterle conversación.

- Que bueno que ya no hay colas, ¿verdad? -Ho se mete aún más en su plato-, ya se puede encontrar de todo en el mercado. De pronto, la mamá apoya el tenedor y el cuchillo en la mesa, dientes y filo hacia arriba, mirando ella también hacia el techo. Que raro, ¿verdad?, se le escapa, cuando hace tan poco no había nada... Se detiene confusa, se sofoca, tose, abra grandes ojos, mira a uno y otro...

- Es tan rara la economía, mami, dice Ho...

El novio sonríe, comprensivo. La suegra se toma de esa percha y le pregunta efusivamente por su trabajo. Y él cuenta, cuenta, como funcionario meticuloso que se explayase sobre memos recibidos, memos enviados, timbrados, clasificados... Una patrulla entra una de las primeras noches en una población, cuenta. Van en un bus. Le llega una bazukazo. Algún muerto, heridos, se retiran (los soldados no huyen), llegan refuerzos como se debe, en masa, bien pertrechados, veinte-treinta a uno el resultado final de caídos, heridos muchos más, prisioneros concienzudamente interrogados. Hay algunos prisioneros recalcitrantes, sin signos de arrepentimiento. Entre los que ustedes atacaron había gente de la marina y la aviación, les dicen, ustedes han entrado en relación con la Marina y la Aviación, carajo, deben conocerlas por dentro, merecen honores especiales, les dicen, y los embarcan en helicópteros, que vuelan y vuelan, largo rato, y les muestran la luna reflejándose en el mar, báñense en la luna, es gratis, atención de las fuerzas armadas, y los tiran, sus gritos no se sienten, sus cuerpos no flotan, porque van con el cuello y el vientre abiertos...

El novio boina negra suspira. Hay gente que no entiende, pero ya entenderán... Bebe un sorbo de vino. Pregunta a la novia si irán al cine al día siguiente, olvidado ya del tema. Era sólo uno de tantos asuntos despachados por colegas suyos. Una anécdota de trabajo. ¿Quién se interesa en seguir hablando de trabajo? Ahora está en sus horas libres[1]...

PAM/ 1987

[1] En la población Nueva La Legua -toma de terrenos que venía desde 1946-, algunos pobladores, junto con trabajadores del Cordón Vicuña Mackenna, sobre todo de Mademsa y Madeco, con militantes de diversos partidos y del GAP, deciden resistir. A las 13 horas del 11 de septiembre, habían aparecido allí trabajadores de Indumet, armados. A las 14.00 hrs se inicia un choque con una patrulla de Carabineros en un bus y tanquetas; al atardecer, éstos se retiran. En los días siguientes, fuerzas militares tratan de entrar, sin gran convicción. Viernes y sábado hubo patrullaje de helicópteros, de aviones de la Fach. En la madrugada del domingo 16, La Legua es copada en un masivo allanamiento. La mayoría de los resistentes evaden el cerco. Cuando llegan las tropas, sobre todo de la Fach, arrestan a numerosos pobladores y los trasladan a El Bosque, al Estadio Nacional, y luego a Chacabuco y Puchuncaví.

4.8.09

Vida fugaz

Vida fugaz

Es martes hoy, 9:20 hrs. Hace un poco de frío. Espero a mis alumnos en una sala del quinto piso. Miro por la ventana. El mar está agitado. Altas olas, con crestas blancas tras el choque con la maciza roca de la orilla, en esa playa Piedra Feliz, sector Torpederas, de Playa Ancha.

En el camino que la bordea, veo estacionadas patrulleras de Carabineros, ambulancias, autos de la marina. En el agua, lanchas haciendo dibujos ansiosos; figuras que a lo lejos parecieran focas, pero son buzos tácticos, que aparecen y desaparecen, suben a las rojas y se lanzan contra las olas. En el aire, un helicóptero hurguetea, gira sobre sí mismo, se aleja, vuelve... Todos buscan.

Al cabo de dos horas, se retiran. La han encontrado. Francisca Silva Benavides fue secuestrada el sábado desde el patio de su abuela por un vecino de 37 años. La golpeó, la violó, la asfixió y fue a tirarla como muñeca rota a Las Torpederas.

La vida ofrece la oportunidad de conocer maravillas (el cariño de los padres, amigos, el mar...), aprender las mecánicas y el calor de la vida... Pero a veces la vida es demasiado fugaz.
A sus cinco años, Francisca conoció el lado amable de este tránsito y se encontró con la crueldad –seguramente no la comprendió- sólo en su último día de vida.

Así lo espero.

PAM/
04 agosto 2009.

27.7.09

El caso hondureño y la nueva ciencia política

En la madrugada del 28 de junio pasado el presidente de Honduras, Manuel Zelaya, fue sacado en paños menores por militares desde su residencia, puesto en un avión y enviado a Costa Rica. Inmediatamente se constituyó un gobierno de facto encabezado por el presidente del congreso.

Existe cierto consenso en describir al personaje como un hombre de derecha, populista y anticomunista. Vale decir, del mismo signo político de quienes lo derrocaron. Los detalles de lo ocurrido posteriormente son bien conocidos. Es interesante mencionar las razones que se han dado para justificar el pustch.

La razón inmediata habría sido que Zelaya en vísperas de las elecciones presidenciales, decidió convocar un referéndum para someter a consulta a la ciudadanía la posibilidad de hacerse reelegir presidente de la República. A partir de esto, se ha desatado una extremada capacidad de extrapolación de sus adversarios. ¿Por qué Zelaya habría decidido tomar esta iniciativa?

En primer lugar, por el obvio deseo de hacerse reelegir. ¿Por qué quería hacerse reelegir? Porque habría sido seducido por Fidel Castro y habría aceptado entrar a formar parte de la “banda de los cuatro”, integrada por Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador, y la tentativa de hacerse reelegir tenía por objetivo “hacer méritos” para ser admitido a cabalidad. En esos cuatro países supuestamente existe una “dictadura constitucional”, gracias a un modelo de instrumentalización de la dinámica de la democracia. Dicho modelo obedecería al “proyecto geo estratégico del castrismo”, que no ha cesado en su empeño desde 1959, y que hoy Hugo Chávez ha tomado como bandera. Hoy la guerra de guerrillas habría sido reemplazada por la manipulación del sufragio.

Existiría “un contexto geopolítico creado por una voluntad de resquebrajar las instituciones para imponer un modelo totalitario de gobierno que se legitima en lo que se ha convertido ya en una ficción, en una figura esperpéntica: en elecciones repetidas, trucadas, manipuladas, a las que se les ha vaciado de su verdadero sentido que so pretexto de haberlas ganado, esos mandatarios se dedican sistemáticamente a violar las Constituciones nacionales, a intervenir sistemáticamente en otros países, y a mantener un clima insurreccional fuera de sus fronteras”. Por esto, “los analistas deberán reflexionar sobre los acontecimientos de Honduras con una lente más fina que aplicarle el simple análisis de la defensa del ‘presidente democráticamente electo’”. En efecto, “la iniciativa que acaban de realizar las Fuerzas Armadas hondureñas es un gesto inédito en la historia del continente. Por mandato del los poderes públicos intervienen y deponen al presidente en nombre de la salvaguarda de las instituciones, y por respeto a ellas, - puesto que aquel que debía ser su garante, el presidente de la República, las estaba violentando -, y le entregan el poder a los civiles”.

En el caso hondureño, la sola existencia de una cuarta urna despertaba suspicacias, afirman los defensores del golpe, agravadas por el tenso y crispado ambiente generado por las visiones divergentes sobre el camino democrático a seguir. Por muy inocuas que fueran las preguntas, e incluso no fueran vinculantes, como asegura ahora el saliente Presidente Zelaya, llama la atención la incapacidad de los decisores para no advertir lo que se avecinaba ni haber sabido tomar la temperatura ambiente de lo que ocurría efectivamente en el país. Una opción plausible es que supieran el clima y, pese a ello, hayan optado por forzar la creación de una situación revolucionaria. Sea lo que fuere, estamos en presencia de un enfrentamiento entre dos modelos de democracia, afirma el perspicaz analista progolpe.

Hasta aquí el análisis del golpe que algunos han adoptado para justificarlo. ¿Qué podemos acotar al respecto?

1. Este enfoque “novedoso” ignora olímpicamente el ordenamiento jurídico interno (cuyo objetivo esencial en cualquier país debería ser el bien común, la administración de las conflictos por vías pacíficas, mediante la difusión del poder en instituciones que juegan el papel de contrapesos mutuos, la negociación, etc.), el derecho internacional, la institucionalidad latinoamericana (incluyendo la Carta Democrática Interamericana de 2001), la historia sangrienta de los golpes militares y los logros de las dos últimas décadas en la recuperación de la democracia. Significa establecer que todas las constituciones actuales son inamovibles, y declarar bajo sospecha toda tentativa de modificarlas.

Tendremos que informar a los candidatos presidenciales chilenos (a todos) sobre este tema y que, si insisten en sus propuestas de modificar la Constitución, deben ir preparando sus pasaportes y una muda de ropa.

2. Las extensas citas anteriores dejan clara una situación: se dio el golpe por lo que Zelaya podría haber realizado eventualmente en el futuro. Dichas sospechas se fundan en el contexto de la existencia de chicos malos en la zona latinoamericana (Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, que serían “dictaduras constitucionales”, se afirma, sin mayor esfuerzo de fundamentación). ¿“Sospechas por entorno”, podríamos llamarlas? Aquí se aplicaría netamente, según dicho análisis, aquello que decían nuestras abuelitas: dime con quién andas y te diré quién eres; más vale prevenir que curar, etc.

¿Sería ésta una nueva versión de la antigua doctrina militar de la “guerra preventiva”, acción armada que se emprende con el objetivo (real o pretextado) de repeler una ofensiva o una invasión que se percibe como inminente, o bien para ganar una ventaja estratégica en un conflicto inminente? O de lo que decían en el barrio: “el que pega primero, pega dos veces”.

O quizás el futuro ha llegado. En 1956, el autor de ciencia ficción Philip K. Dick escribió un relato corto futurista intitulado The Minority Report (llevado a la pantalla en 2002 por Steven Spielber, con el título en castellano de Sentencia previa). Tres personas con capacidades precognitivas, los Precogs, ayudan a la policía de la Unidad de Precrimen a descubrir los delitos antes de que se produzcan y a arrestar a los criminales antes que lleguen a serlo en la realidad. John, policía perteneciente a la Unidad de Precrimen, un día de servicio descubre que los precogs están prediciendo que él dentro de escasas horas acabará con la vida de una persona a la que no conoce. John escapa en un intento de demostrar su inocencia y descubrir los sucesos que le arrastrarán hacia el inexorable homicidio. En dicha sociedad y época no caben los interrogantes sobre la infalibilidad de los precogs. Así que el amigo John está jodido, no más.

Por lo visto, los golpistas de Honduras tienen sus propios precogs que, además, tienen visión geopolítica.

En este golpe militar, todavía con algo de opereta pero que podría derivar en masacre, lo importante no es Zelaya, sino el largo proceso de establecer y fortalecer la democracia en América Latina. Que esto no tienen nada de discusión académica lo demuestra la sangre derramada por los ciudadanos en las últimas décadas, incluido Chile.
PAM/
26.07.09

26.7.09

El precio de rejuvenecer

El precio de rejuvenecer

Es una tendencia loable abrir las puertas a las nuevas generaciones, esperando que traerán un aire fresco, sensibilidades o ideas nuevas, o por lo menos enfoques diversos.

Pero la política, sobre todo en época de elecciones, es un mundo diferente en el peor de los sentidos. Aquí no se enfrentan ante todo cosmovisiones, programas, carpetas llenas de propuestas. No es boxeo, en que se enfrentan técnicas exquisitas del arte de la defensa, sino catch as can, lucha libre. No se intercambian versos y flores, sino zancadillas y golpes bajos. Para entrar a esta arena no se requiere solo piel dura, buenos reflejos, sino experiencia de la vida, sobre todo de esta forma particular de vida que es la actividad política y, repitamos, sobre todo en lo electoral.

Hace unos tres años escribimos en este blog un artículo titulado “Femicidio político”, a propósito de los difíciles inicios del gobierno de Bachelet, víctima, decíamos, de algunos de sus propuestas innovadoras respecto a los equipos de gobierno: nadie se repetiría el plato, paridad de género, una cierta distancia de los partidos, etc. El resultado fue un equipo que aprendía junto con la Presidenta a realizar la tarea de gobernar. Cosa complicada, más aún en el caso de una recién llegada a estas ligas, carente de las redes de apoyo partidarios y transversales, en el PS y en la Concertación. Un pollito nuevo que quería dar lecciones y demostrar que “se la podía sola”, según la percepción de los barones de los partidos.

Bachelet tuvo que dejar de lado en parte sus postulados sobre los equipos. La experiencia y las redes intra y extra institucionales son irreemplazables. Ingresaron rostros conocidos. Las tasas de apoyo que hoy tiene la Presidenta demuestren que lo ha hecho más que bien. El secreto, más allá de las cualidades personales, que son lo primero, es que rápidamente distinguió lo esencial de lo secundario. Lo fundamental era cumplir el programa de gobierno, ejercer su liderazgo sobre sus equipos, infundir confianza en los ciudadanos sobre la base de las realizaciones, etc. Lo secundario era quién estaba en los equipos (salvo la capacidad, la inteligencia social, la experiencia, el poder de comunicar con la sociedad).

¿A que viene lo anterior? A que Frei, empujado por los cambios que ha experimentado la sociedad, los largos años de gobierno de la Concertación y la propaganda de la derecha sobre “el cambio” (nunca bien explicitado, con un punto de partida nunca reconocido), ha sucumbido a la misma trampa que Bachelet candidata.

Un primer ejemplo, portavoces desconocidos, sin experiencia política ni contactos, que han cometido deslices que no pueden ser relativizados por su juventud. Uno de ellos, tratando de solidarizar con pobladores que serían desalojados por la fuerza pública, envía un dramático mensaje por twitter diciendo que estaban bajo el ataque de carabineros y que él mismo estaba siendo arrestado, resultando luego que era falso; otra, levanta una polémica a propósito del rol que la esposa de un candidato y figura televisiva estaba jugando en la campaña, llamando a su empleador a ocuparse del asunto, olvidando que uno de los temas discutidos era el rechazo de la Alianza al derecho de los funcionarios a actuar como ciudadanos, etc.).

Un segundo ejemplo, el borrador del programa de gobierno elaborado durante meses por una entelequia llamado “Océanos azules”, sin participación de los partidos de la Concertación. Recién ahora se están realizando reuniones entre ambos.

Una rápida conclusión. En la vida todo es una combinación entre estabilidad y cambio. Mala cosa es dar la impresión que no se conocía esta verdad de Perogrullo. Peor aún, que se la descubrió por la insistencia machacona del adversario, cuya propuesta es, intrínsicamente, la vuelta atrás.

PAM / 26 julio 2009

20.6.09

Cifras del Registro Civil:
Fuerte aumento registran las inscripciones de chilenos nacidos en el extranjero
Una reforma a la Constitución en el año 2005 permite que estos niños puedan optar a la nacionalidad de sus padres sin haber vivido en el país. Sólo entre ese año y 2006, los inscritos crecieron en casi 30%.

Gabriela Bade M.

"¡Vacaciones!". Eso es Chile para Diego Schneider Vergara. Él tiene 11 años, es el hijo menor de un matrimonio de chilenos que se fue a Canadá hace 21 años, y hasta hace poco sólo tenía documentos de identidad canadienses. Ahora, gracias a un cambio en la Constitución en el año 2005, pudo optar a la nacionalidad de sus padres, sin haber tenido que vivir un año en el país, como antes se exigía. Y, dentro de poco, tendrá pasaporte con huemul y cóndor en la portada.
Él es un chileno nuevo. Y como él, son miles los hijos de chilenos que están haciendo el mismo trámite. En 2006, un año después de la reforma constitucional, según datos del Registro Civil, el número de inscripciones de nacimiento de chilenos en el extranjero aumentó un 29%. En los últimos tres años el número de inscritos suma 69.406. En los 10 años previos el total fue de 77.743.

"Esta reforma les permitió a muchos compatriotas volver a sentirse parte de la familia chilena", explica Anita de Aguirre, directora para las Comunidades Chilenas en el Exterior del Ministerio de Relaciones Exteriores. Claro que ella también se refiere a los que por motivos no deseados tuvieron que renunciar a su nacionalidad y que ahora han podido recuperarla (ver recuadro).
Soñando con la Roja
Con un acento que tiene un poco de francés, de inglés y de español, Diego y sus hermanos Geru (16) y Samuel (15) no saben hoy si algún día vivirán en Chile. Pero sí saben que acá está casi toda su familia, que lo pasan bien con ella cuando vienen de vacaciones con sus padres Juan y Soledad; que las empanadas son ricas, que el clima es agradable y que "las chicas son más lindas".

El único que tiene un plan para Chile es Samuel. Él juega fútbol y lo hace en el equipo de su colegio y en el Club Chomedey de Montreal. "Me gustaría jugar en cualquier parte del mundo. Pero, principalmente, me gustaría jugar por la selección de Chile", cuenta. Y habla en serio. "En alguno de los próximos viajes que haga, me gustaría mostrar lo que hago", agrega.

Para ese próximo viaje, ninguno de estos hermanos volverá a pagar los 132 dólares que debe desembolsar un canadiense cada vez que entra a Chile por concepto de reciprocidad (impuesto que también pagan estadounidenses, mexicanos, australianos y albanos).

Y ése es uno de los pocos beneficios prácticos que podría tener la obtención de la nacionalidad chilena. El otro es quedarse en el país sin límite de tiempo. Para otros beneficios, como pensiones solidarias, por ejemplo, es necesario vivir en Chile al menos 5 años.

Es decir, el factor emocional es la clave tras la mayoría de estas tramitaciones. Sobre todo cuando se trata de chilenos que viven en países desarrollados, como Estados Unidos, Canadá, Australia o los de la Comunidad Europea.

"Por lo general, son hijos de chilenos que vinieron a intentar el sueño americano. Ésas son las personas que acuden. Pero es una colonia bastante heterogénea y no me atrevería a elaborar un perfil único sobre ellos", explica el cónsul de Chile en Washington, Christian Hodges-Nugent.

En el Consulado de Chile en Los Angeles, la situación es parecida. Pero agregan un dato. Como la ley permite que los mayores de edad se inscriban sin necesidad de los padres, "se dan casos de hijos de chilenos que se nacionalizan por su cuenta. Sus padres se quedan en Estados Unidos y ellos vuelven", cuenta el canciller Enzo Trucco.

¿Cómo se hace? El interesado debe llevar un documento que acredite la nacionalidad chilena de su padre o madre. El consulado lo envía a Chile, y tras unos meses, recibe de regreso un número de identidad o RUN.
Nacidos versus inscritos

Muchos de los chilenos nacidos en el extranjero y que están recién inscritos en el Registro Civil no son recién nacidos. Hay personas de 30 y más años que han hecho el trámite. Por eso, el demógrafo del INE, Gustavo Villalón, explica que para establecer la cantidad de nacimientos en el país hay todo un proceso de depuración de los datos. Un comité tripartito entre el INE, Registro Civil y Minsal trabaja durante un año y medio en establecer las cifras reales. Por eso, recién a fines de este año, por ejemplo, se conocerán las estadísticas vitales de 2007. Y, ojo, los chilenos que nacen en el extranjero no entran en la estadística.

Los que recuperan el pasaporte

Según la Dirección para las Comunidades Chilenas en el Exterior, unas 360 mil personas en el mundo podrían obtener y recuperar su nacionalidad chilena. En el primer caso, se refiere a los hijos de chilenos. En el segundo, a aquellos chilenos que salieron al extranjero y que por razones no deseadas debieron renunciar a su nacionalidad de origen para adquirir la del país de residencia para poder trabajar, estudiar o tener beneficios de salud.

Es el caso de Luis Garrido, un periodista chileno que vive en Suecia hace 30 años. Él recuperó su nacionalidad tras hacer una declaración jurada en la que dice que tuvo razones imperativas para renunciar a su nacionalidad. Con esto se elimina una anotación que le impedía renovar su pasaporte.

El Mercurio
20.06.09

15.6.09

La adolescencia como política

La política chilena puede caracterizarse según cuál tipo de ética ha predominado. Los setenta -los de Miguel Enríquez- fueron años de convicciones. Los noventa -los de Aylwin- fueron de responsabilidad. Si Enríquez-Ominami llegara a tener éxito -y a juzgar por su discurso- a estos años habría que denominarlos los años de la adolescencia.
Carlos Peña

Hay dos tipos de políticos.

El primero cultiva la ética de la convicción, el otro la ética de la responsabilidad.Uno de ellos piensa que sólo responde por la pureza de sus ideales, sea cuales fueren sus consecuencias; el otro, en cambio, se siente responsable por las consecuencias y, a la vista de ellas, es capaz de demorar sus ideales.

En Chile ha habido de ambos.

Miguel Enríquez fue de los primeros. Él pensó que la tarea del político era la de mantener viva la llama de la pura convicción, la llama, por ejemplo, de la injusticia del sistema de clases. Él creyó que su tarea consistía, ante todo, en avivar esa llama y se mostró más dispuesto a exhibir la pureza de sus convicciones (incluso al precio de la vida propia y de la ajena) que a hacer lo necesario para realizarlas.

Patricio Aylwin, en cambio, fue de los segundos. Él supo que en la vida democrática los propios ideales -también los tiene firmes- se alcanzan a retazos y que sólo se puede dar un paso cada vez. Él creyó que la política se parecía a horadar lenta y profundamente unas tablas duras (sin nunca ceder a la tentación de romperlas).

La historia política de Chile podría escribirse según cuál tipo de ética ha predominado. Hubo años de la ética de la convicción (es el caso de la izquierda de los setenta). Ha habido años de ética de la responsabilidad (fue la que guió la transición).

Lo que hasta ahora, sin embargo, no se conocía, era una ética que ni tiene convicciones, ni atiende a las consecuencias.

Como quien dice, una ética del vacío.

La inauguró Marco Enríquez-Ominami.

Si atendemos a su discurso (al oírlo uno tiene la impresión de que hace esfuerzos para que la abundancia de palabras oculte la falta de ideas) los conceptos que lo guían son más bien delgados: molestia por el sistema de partidos, una obvia ojeriza hacia la clase política, un porfiado empeño en rencillas personales, una excesiva delectación consigo mismo, algunas cuantas ocurrencias y poco más.

Hay en todo eso algo adolescente. Su adolescencia no deriva de las críticas que formula (algunas de ellas acertadas) sino de la convicción que él (un político profesional, hijo de un político profesional y un heredero de políticos profesionales) no tiene nada que ver con la maldad y la estupidez del sistema que critica.

Es difícil pensar que una figura como esa -huérfana de partidos y embriagada de adolescencia- pueda renovar la política, cambiar el rumbo de la Concertación, sentar las bases de una democracia deliberativa o llevar adelante un proyecto de mejora y reforma del Estado.

Menos si, a contar del viernes, es oficialmente un outsider.

Outsiders ha habido en casi todas las elecciones presidenciales desde 1989. Algunos fueron pintorescos (Francisco Javier Errázuriz), otros dignos (Max-Neef), otros más bien patéticos (Frei Bolívar).

Casi todos -como hoy día Marco Enríquez-Ominami- pensaron que la voluntad individual podía prescindir de los partidos (o inventarlos), que la clase política era torpe y malvada (y ellos en cambio puros y limpios), que el pasado era una obsesión inútil (eran mejores sus sueños), que sus rivales los maldecían y temían (cuando ellos sólo querían competir), que había promesas incumplidas (que ellos por supuesto llevarían a término), que las políticas públicas eran sencillas y fáciles (la derogación de la UF en el caso de Fra Fra, la energía verde en el caso de Max-Neef, las mejoras a la clase media en el caso de Frei Bolívar).Cada uno de ellos se inventó una narrativa (Fra Fra la del esfuerzo personal, Max-Neef la de los mosquitos, Frei Bolívar la de la empatía), y todos, sin excepción, miraron a las cámaras (y se vieron a sí mismos).

Todos ellos fracasaron. Y no quedó nada.

Y es difícil pensar que con Marco Enríquez-Ominami vaya a ocurrir algo distinto.

Sobre todo si no hay en él (políticamente hablando) ningún rastro de Miguel Enríquez ni de Aylwin, por citar los dos paradigmas de la política chilena.

Ni convicciones incombustibles, ni cálculo responsable de consecuencias.

"Es difícil pensar que una figura como esa -huérfana de partidos y embriagada de adolescencia- pueda renovar la política, cambiar el rumbo de la Concertación, sentar las bases de una democracia deliberativa o llevar adelante un proyecto de mejora y reforma del Estado".


El Mercurio, 14 junio 2009.

14.6.09

Futbolerías

En una de esas tardes de fin de semana largas y aburridas (seguramente fue un domingo, después de almuerzo), los dioses del Olimpo empezaron a hablar de fútbol, en presente y en retrospectiva. Y vieron que las cosas estaban mal repartidas y, por lo tanto, monótonas. Para equilibrar las cosas, nombraron entrenador de Brasil a Dunga, que aún no tiene claro que la cosa consiste en meter goles. Luego, designaron en Argentina a Maradona, que tiene la fórmula para transformar en pichangueros a algunos de los mejores jugadores del mundo. Y a Bielsa en Chile.

Desde entonces la cosa está más o menos entretenida.
Renuncia al PS


Esta semana Marco Enríquez-Ominami ha renunciado al Partido Socialista para continuar su proceso de recolección de firmas para postular como candidato independiente a la Presidencia del país.

¿Un comentario?

Il est parti. Bon debarras!

20.5.09

La carta del padre

El senador Ominami no puede dar como razón de sus preferencias públicas sus sentimientos privados.

Carlos Peña

El caso de Marco Enríquez-Ominami es uno de los más llamativos de la política chilena. Pero no por sus virtudes -es más locuaz que elocuente, más desinhibido que liberal, más familístico que individualista, más quejoso que rebelde, más mediático que popular- sino por las actitudes que suscitó esta semana.

La más increíble de todas -llegó al borde del ridículo- es la del senador Carlos Ominami.Después de haber comprometido su apoyo a Eduardo Frei ahora declaró que votará por Enríquez-Ominami.Si se tratara de escoger entre la locuacidad de uno y la parquedad del otro, entre la desinhibición del primero y la informalidad de fin de semana del segundo, entre la sorpresa y la rutina, la gente entendería. Pero no. Las razones que esgrimió el senador fueron otras:

"A un hijo -declaró- no lo voy a dejar solo (...) no hay razón electoral, emplazamiento, amenaza o ultimátum que me vaya a hacer cambiar mi condición de padre". Lo sorprendente entonces no es la decisión del senador sino las razones con que pretende apoyarla. Al parecer, el senador piensa que su posición en el partido le fue conferida para homenajear sus sentimientos y dar muestras de amor filial y no, en cambio, para ejecutar la voluntad colectiva de la que él mismo participó. Y por lo que se ve, piensa además que forma parte de los deberes del padre apoyar políticamente a sus hijos.

Inaceptable.
¿Qué diríamos de un juez que a la hora de dictar sentencia prevaricara a favor de su hijo y nos pidiera entendiéramos que, después de todo, se trataba de su hijo? ¿O del profesor que alterara las calificaciones de su retoño con el argumento de que el cariño puede más que la imparcialidad? ¿De un entrenador que prefiriera a su hijo explicando a la hinchada que, después de todo, es su descendiente? ¿Del árbitro de una licitación que prefiriera la oferta de su hijo, en razón de que es su hijo?

Con toda razón diríamos que el juez prevaricador, el profesor parcial, el entrenador fraudulento y el árbitro tramposo, no han entendido los deberes que se le confiaron. Y es que cuando nombramos a un juez, a un profesor, a un entrenador, o a un árbitro, lo hacemos no para que actúen siguiendo sus sentimientos, sino para que cumplan los deberes que son propios de su oficio.

Ese principio -que actuar en conformidad al deber supone, muchas veces, actuar en contra de nuestras inclinaciones emotivas- está a la base del comportamiento correcto. Una cosa es lo que uno desea hacer, otra lo que debe hacer; una cosa lo que nos hace felices, otra distinta lo que nos hace dignos.

Cuando se trata de las profesiones -la más vieja definición de una profesión es la de una actividad con la que la gente se gana la vida, de manera que la política es una de ellas- una cosa son los sentimientos privados, otra los deberes propios del oficio. Por eso nadie puede ser senador de la República y vicepresidente de un partido político y, así y todo, sin pudor y sin escándalo, y confiriéndole al asunto visos de dignidad, dar como razón última de sus preferencias públicas los afectos personales (un aspecto de su vida emotiva que, aparte de los involucrados, no debiera interesarle a nadie). Por supuesto ninguno debe discutir el derecho del senador a apoyar a quien le plazca (después de todo no hay nada demasiado atractivo en la oferta) pero lo que no resulta aceptable es que él revista esa decisión de sacrificio filial y pretenda además, en la pasada, llevar pan y pedazo: la gratitud del hijo y el apoyo del partido. Y es que en esto la política es como la fe. En un momento hay alguien que le dice a usted con voz terminante: anda y mátame a tu hijo. Y quien no esté dispuesto a oír ese mandato o no entiende lo que es la política (algo difícil de creer en el senador Ominami) o la entiende pero cuenta con razones que no se atreve a hacer públicas para desobedecerla.

El Mercurio- 17 mayo 2009.

27.4.09

¿Ponerle o sacarle ropa a la campaña?

Hace algún tiempo comentábamos el fenómeno de la irrupción de mini-candidaturas presidenciales, llegadas en paracaídas al escenario mediático. Ante el peligro de que algún desaprensivo les preguntara "¿y con qué ropa...?", les sugeríamos ir a vestir sus candidaturas a Patronato: variedad y buenos precios, decíamos.

La periodista Pamelita Jiles, atractiva y despelotada en sentido figurado y literal, tiene otra propuesta: para que se noten estas más que modestas propuestas no hay que vestirlas, hay que ponerlas en pelotas. Así, se sentó ante La Moneda vestida de militar, puro en ristre, mientras a su alrededor revoloteaba una desnudista, que luego se sentó en sus rodillas, iniciando toqueteos varios. La performance tenía por objetivo, indicó, "hacer una acción que le da visibilidad a un sector, discriminado en nuestro país y que es la diversidad sexual". La visibilidad duró unos diez minutos, pues carabineros mala onda y manos entusiastas se llevaron detenida a la artista.

La verdad es que Pamelita no me convenció. Si se trata de transparencia y de poner las cosas al sol, de hablar a poto pelado, como decía mi abuelo, la desnudista le ganó lejos. Estoy averiguando si también lanza su candidatura para votar por ella.

23.4.09

Hernán Rivera Letelier

Hace una semana se celebró nuevamente la Cumbre Huachaca. Como, además, estamos en año de elecciones, parece oportuno reproducir esta entrevista al escritor realizada por la Revista Huachaca en enero de 2008. Hay aquí más cacumen que en cualquiera entrevista a los "líderes" políticos. Salud. PAM

Hernán Rivera Letelier:

“Con la cara de guachaca que tengo, estoy condenado “ a ser del pueblo.
Sonaron los políticos, se bajó para siempre el candidato a diputado más transversal de la historia. Averigüe por qué mandó todo a la cresta y se quedó en lo suyo, escribiendo. Y sepa por qué no celebra el Bicentenario.
(Guachaca 15, casi enero 2008)

Hernán Rivera Letelier conoce bien este país. Lo recorrió a dedo en su época hippie y se transformó, después de 30 años de ser explotado en una salitrera, en un súper ventas. En Francia lo nombraron Caballero de las Artes y de las Letras y El Fantasista, su última novela, entró hasta en Brasil. Se han hecho obras de teatro con sus libros y le piden que dé charlas en las universidades. Pero él no se ha puesto hueón.

Don Hernán, ¿qué podemos celebrar para el Bicentenario?
-Yo no celebro ninguna Fiesta Patria, siempre me han dado en las pelotas. Soy anti Fiestas Patrias, anti Año Nuevo, anti Pascua, anti día de la madre. Toda fiesta que me la impongan, no va conmigo.

Pero, ¿no es como para enorgullecerse que Chile cumpla 200 años como República?
-Sí y no. Creo que Chile es un país muy lindo, pero la independencia de Chile, así como la de todos los países de América, aún no es completa. Dependemos de los grandes grupos empresariales transnacionales, de Estados Unidos, de la subida o bajada del euro...

¿Cree que la explotación que usted conoció en las salitreras se replica en grande entre países?
-Claro, el país es uno, y si uno no se siente libre es porque el país no es libre, si uno se siente explotado, es porque el país está explotado. Me empelota cuando hablan de la patria, ¡si la patria somos nosotros! Mientras nos sintamos como la mierda, el país anda como la mierda.

¿Usted cree que la gente se siente mejor o peor que antes?
-La gente siente una desilusión muy grande que está corroyendo su vida. Esperó mucho de la vuelta a la democracia y de la primera mujer Presidenta.
Y usted, ¿qué esperaba?
-Fundamentalmente, la sensibilidad de mujer en el Gobierno, especialmente hacia lo social. Siendo Presidente mujer, y más encima socialista…

O sea, que la plata del cobre se gastara en vez de ahorrarla
-Por supuesto, si hay tantas cosas que hacer. Es como si esto fuera una familia y tuviéramos hijos enfermos, o sin zapatos, y estuviéramos ahorrando.

Usted fue generalísimo de la candidata en Antofagasta, ¿le han cobrado la cuenta?

-A mí no me cobran la cuenta, se la cobran a la Presidenta. Pudo haber hecho un gobierno histórico, pero lamentablemente no tuvo la sabiduría que debieran tener los líderes, que está en la gente que escogen para trabajar. Si escogen mal, el gobierno se le va a la chuña.
Usted casi fue diputado.
-Menos mal que no fui.
¿Qué le pasó por la cabeza que decidió postularse?
-Seguramente me pillaron en el minuto hueón. Todos tenemos el minuto hueón.
¿Usted tenía amigos políticos?
-No, a mí me llamó el presidente del PS y me lo ofreció. Yo me dije “suácate, si no acepto, va a ser demasiado cómodo”. Hubiera sido decir “yo, como escritor, estoy bien, no quiero problemas”. Pero a mediados de la campaña me di cuenta de que aunque me eligieran, un solo diputado o senador no puede hacer nada, porque todo se negocia.
Los acuerdos, las órdenes de partido.
-Claro. Levanté un poquito la carpa de la política y miré hacia adentro y me di cuenta de que yo no sirvo para eso.
¿Cómo define lo que vio?
-Vi un mundo sin una pizca de sensibilidad, donde la vocación de servicio es un concepto nomás. El 99,9% de los políticos no tiene vocación de servicio. Es una falacia.
¿Y eso se nota en el trato?
-No, al contrario. Tú conversas con ellos y te vas pensando que los tipos nacieron para servir, pero es puro discurso. Eso es la política, convencerte de algo que no es.
Pero, ¿no le hubiera gustado encarnar al sentido común dentro del Congreso? ¿O temía que lo transformaran a usted?
-De transformarme, nunca. Hubiera sido la piedra en el zapato del Congreso, el pelo en la sopa, la espina atravesada en la garganta de los hueones. Todas esas normas, estatutos y huevadas del Congreso me dan en los cocos.
O sea, no vuelve a postularse.
-Nunca más.
¿Y como alcalde?
-Me han ofrecido, pero tampoco. Me di cuenta de que mi trinchera es la palabra.
“Si se dejan de vender mis libros, me busco trabajo en una construcción”

Rivera Letelier quedó huérfano siendo un broca cochi. De adolescente vendió diarios y fue mensajero. Pasados los 20 se empleó en una oficina salitrera, se casó y terminó el colegio después, en nocturna. Da la PAA y saca más de 700 puntos, pero sigue de obrero, como si nada.
“Yo estaba casado, tenía hijos, trabajaba, ganaba una miseria, estábamos en tiempos de la dictadura… Ir a la universidad era un sueño nomás. Hice la PAA nada más que por probarme”, dice. Igual, ya había descubierto, a los 18 años, que sería escritor, en su época hippie, cuando estaba durmiendo en una playa: “Hacía una semana que no comíamos nada contundente, puro té y pan, y escuchamos de un concurso de poesía en la radio, donde el primer premio era una cena en un hotel... Ahí, sin nunca antes haber escrito nada, hice un poema y me gané la cena. Y nunca más paré de escribir. No conocía a ningún escritor. Leía pura basura, lo más intelectual que había leído hasta entonces eran las selecciones del Reader Digest. Nunca había entrado a una biblioteca –comenta–, me crié en un hogar donde no había ningún libro, no se compraban diarios, nada. Eran un lujo. Y yo, apenas aprendo a leer, no paré más. Me conseguía revistas. En mi casa, en cambio, mis niños nacieron rodeados de libros, jugábamos desde guaguas a inventar cuentos... y no están ni ahí con la lectura. No nacieron con el germen. Viven nomás”.

Por eso cree que el maletín literario es bueno, y no sólo porque esté La Reina Isabel Cantaba Rancheras: “Mi teoría es la siguiente: lo que puede hacer uno es despertarle el bichito al que nació con el germen de la lectura adentro. Porque yo soy convencido que así como se nace para escritor, se nace para lector. No importa que algunas familias pesquen los libros y los vendan, no por ellos vamos a dejar de regalarles a la gente que sí los va a leer”.

¿Y qué le pasa con las críticas?
-No me reconozco para nada, al menos en las críticas de Chile. Si tomas las críticas que se han publicado en Europa de mi último libro, El Fantasista, y las comparas con las que se han escrito acá, del mismo libro, da la impresión de que están hablando de libros completamente distintos. Acá no se me reconoce nada y en Europa algunos me ponen a la altura de un Juan Rulfo.

¿Le importa qué digan en las críticas?
-Cuando tú vendes, cuando tienes la respuesta de los lectores, ya las críticas importan menos. Yo aprendí desde el principio que ni la mala crítica ni la buena hay que tragársela. Tampoco creo que sea tan bueno como dicen en Europa ni tan malo como dicen acá.
¿Qué rescata de una mala crítica?
-Al único al que le haría un poco de caso, aunque no comulgo con sus ideas, pero lo respeto mucho por la lucidez intelectual y literaria que tiene, es al cura Valente. A mi primer librito de poesías, Poemas y Pomadas, le hizo una crítica muy buena.

¿Y nunca ha quedado disconforme con algo de un libro y justo le critican eso?

-En La Reina Isabel me criticaron que había demasiado adjetivo, y yo decía que no, que cada adjetivo estaba pesado, medido y puesto ahí, y que si se sacaba, se derrumbaba todo el libro. Mentira, ahora yo le tarjaría 5.000 adjetivos. Pero no lo toco. Así nació y así se va a quedar.

¿Corrige mucho?
-Yo trabajo mucho, corrijo y re-corrijo. Creo que en la corrección está el arte. Arte, igual forma. El fondo puede ser muy importante, pero si no tiene la forma adecuada, se pierde.

Para uno los escritores son seres etéreos que viven de la inspiración, uno se olvida de que no bastan las puras ideas, que hay que trabajarlas harto.

-Pero hay algunos que trabajan para parecer etéreos, para parecer que bajaron recién del Olimpo. Miran al resto debajo del ala, diciendo “yo soy escritor, yo publiqué un libro”. Y no se dan cuenta de que eso se lo regalaron, que ese don viene incorporado. ¿De qué se jacta el huevón?

O sea, ¿para usted el arte es innato?
-O se nace o no se nace con ese germen, el que no lo tiene, está frito. Yo no elegí escribir como un oficio, sino que como un destino. Yo me quiero morir escribiendo. La profesión incluye fracasos y éxitos, en cambio, con el destino estás frito, vas a escribir igual. Si yo jamás hubiera tenido éxito, igual estaría escribiendo. Y si mañana me dicen “señor Rivera, sus libros ya no se venden, no lo publicamos más”. Conforme, me busco un trabajo en una mina, en una construcción, pero sigo escribiendo, porque es un destino.
“Soy un cabrito todavía”

Cuando empezó a escribir La Reina Isabel cantaba rancheras, sus amigos le dijeron“estai hueón, estai loco, el tema de la pampa ya nadie lo pesca”. Pero insistió,porque era lo suyo. “Yo no escribo paravender, yo vendo lo que escribo”, dice.Otra cosa que llama la atención en la tracalada de libros que ha publicado y quehan sido traducidos a muchos idiomas,como Himno del ángel parado en una pata, Fatamorgana de amor con banda de música, Donde mueren los valientes y Los trenes se van al Purgatorio, su descripciónde las mujeres es acertadísima.
Ya lo veo escribiendo una novela con una voz femenina protagonista.

-En el libro que viene te vas a llevar una sorpresa. No te puedo decir más. La mujer para mí es muy importante, y no sólo en la literatura, tal vez porque yo me quedé a los 9 años sin madre.
Yo no podría escribir un libro donde no aparezca una mujer, donde no aparezca una prostituta.

Eso llama la atención, el valor humano que les entrega a las prostitutas.

-He ayudado un poco a desprejuiciar la mirada de la gente sobre las prostitutas, es que la relación que yo conocí y que yo viví en la pampa con ellas, era una relación muy linda, era de lealtad, solidaridad y amistad, que sobrepasaba el nivel del mero comercio.

¿Pero por qué esa amistad tan noble sólo se dará con una prostituta?

-Tal vez es difícil ser amigo de una mujer si uno la desea, pero con la prostituta no, ya la tuviste, o la tienes cuando tú quieres, entonces es más fácil ser amigo de ella.

¿Por qué encuentra heroico ser prostituta en el norte?
-Estamos en el desierto más cruel del planeta, po’ huevón, donde había una mujer por cada 2.300 machos. Si tú hubieras visto, 50 viejos haciendo cola y mirabas a la prostituta y era una flaquita, chiquita, y no podías creer cómo aguantaba esta mujer… Después que pasaban 20 viejos y la pobre puta tenía que pedir coto un ratito, para cambiar el agua donde hacía la ablución genital. Esa agua estaba espesa, decía “esperen un rato”, e iba en bata a cambiar el agua, para seguir dándole. Si eso no es heroico…
¿Por qué eligió escribir sobre la pampa?
-Uno escribe como puede, no como quiere. Escribí quince años poesía y nunca tuvo que ver con la pampa. Mis cuentos tampoco. La pampa me eligió para que la contara y la cantara, pero primero tuve que aprender. Mis libros están siendo como la crónica de un mundo que está en extinción.
¿Y le da pena o alivio que se acabe, tan duro que era?
-Si a cualquier pampino que trabajó 40 años en la pampa y que fue explotado y que vivió miserias, el paisaje árido y el clima como la mierda, le preguntas “¿usted volvería a la pampa, al desierto, si reabren una oficina?”, sí, vuelven. La vida que nos logramos hacer en el campamento era inigualable, a base de solidaridad, amistad, sentido del humor. En esa adversidad, nadie resistía solo.
¿Qué es para usted la pobreza?
-Un enmarcamiento mental. Yo era pobre como las ratas, pero nunca me sentí pobre y eso me salvó. Siempre intuí que tenía algo que valía mucho dentro mío, entonces, es también como la vejez, ahora que me estoy poniendo viejo, un enmarcamiento mental. El día en que mis recuerdos sean más importantes que mis proyectos, estoy viejo. Pero estoy lleno de fe y proyectos, soy un cabrito todavía.
¿Sería ministro de Dióscoro Presidente?
-Por supuesto, con él sí que aceptaría cualquier puesto. Es que su campaña le hace muy bien al país, le da sentido del humor, quiebra el protocolo, termina con lo acartonado. Creo que es un poco lo que yo trato de hacer también en literatura. A Dióscoro lo siento muy cercano, cuando lo conocí, dije al tiro “este tipo es mi amigo”.Lo que pasaba es que no nos habíamos visto nunca nomás, pero éramos amigos de nacimiento. Además que tenemos algo en común, que es la cara de guachaca, o sea, con esta cara estamos condenados a ser del pueblo, porque no nos reciben en la UDI ni cagando.
Romina de la Sotta
Christian Stüdemann
Fotos: Gloria Henríquez

3.2.09

La importancia de Patronato en la política

Hay muchos enfoques, teorías, escuelas, que se aplican al análisis de las distintas disciplinas de las ciencias sociales y de sus innumerables aspectos específicos, incluyendo el arte, la literatura, etc.: marxismo, estructuralismo, existencialismo. En ciencia política, existen muchos enfoques conceptuales: Conductismo, Neoinstitucionalismo, Elección racional, Teoría sistémica, Marxismo, Feminismo, Post-estructuralismo, etc.

Pues bien, la coyuntura preelectoral chilena actual permitiría desarrollar un nuevo enfoque en ciencia política.

En efecto, es impresionante la cantidad de gente de la Concertación y de la derecha que ya se ha lanzado o piensa hacerlo como precandidato o candidato presidencial sin aparecer ni en el rubro “no sabe no responde” de las encuestas electorales, que no aparecen ni por asomo en menciones espontáneas, que para el ciudadano común son “famosos por lo desconocidos”, como decía la revista Pingüino ¿Es locura temporal, es ansia de servicio público inesperado, se negocia algún futuro-eventual puesto, ganas de impresionar a los hijos o nietos, chiva para lograr permiso de la señora para salir, ansias de joder la pita? Estos aspirantes a concursantes exigen estentóreamente elecciones primarias internas en su partido y conglomerado, pero cuando se dan cuenta que no podrán ganarlas ni por casualidad, renuncian a su organización “por falta de participación interna” en este rubro. Además de lo gritones, se caracterizan porque dormitaron mucho tiempo, despertaron de repente y retornarán a su sopor una semana después de las elecciones. Para ellos, eso de educar y organizar las masas es chino, la constancia y porfía de un Recabarren tiene que ver más con siquiatría que con política.

Pero como estamos llenos de buena voluntad, para que nadie les diga “¿y éste, de dónde apareció, con qué ropa quiere ser candidato...?”, ofrecemos la respuesta: “¡con ropa de Patronato, pues!”

Como dice su página web, este pintoresco barrio, ubicado entre las calles Recoleta, Loreto, Bellavista y Dominica en Santiago, se ha convertido en uno de los lugares favoritos para clientes que buscan variedad, economía y diseños de temporada, ofrece gran cantidad de productos nacionales e importados; allí pueden encontrarse trajes de la temporada, ropa de niños, vestidos de gala, diseño para todos los gustos y servicios acordes a un barrio que ofrece todas las comodidades de un centro comercial. La diversidad de locales, hace a este lugar un buen atractivo, porque no solo ropa podemos encontrar en Patronato, sino que además el comercio nos ofrece accesorios como carteras, cinturones, anteojos, maquinarias y mucho más. Los bajos precios son también algo característico de Patronato, pues en este lugar los fabricantes venden sus creaciones directamente al público. Todo en un solo lugar y en una sola web: http://www.tiendaspatronato.cl/. Con fácil acceso: tomen la locomoción colectiva que lleve hacia la calle recoleta y también hasta Santa María o Bellavista (desde oriente). También sirve el Metro estación Patronato (Línea 2).


Así, pues, muchachos, a abrigar sus mini-candidaturas.

¡A ampliar la democracia y la participación gracias a Patronato, miéchica!


PAM/02.02.09

30.11.08

Semi-serio
Penúltimas disposiciones

Quizás porque el 30 de diciembre próximo me acogeré a retiro voluntario, o porque soy economista e interesado en problemas de gestión, y tengo la tendencia a abordar los problemas, darles un corte y pasar a lo siguiente, sin obsesiones, creo que a estas alturas del recorrido, es sano ejercicio dejar algunas disposiciones que alivien la vida de los herederos en ese momento que dicen crucial, sobre todo porque dichos herederos recibirán problemas que no bienes.

¿Dónde quiero yacer? En la tumba familiar. Por el momento, espera allí sólo mi hermano Alejandro desde 1991.

¿Bajo qué forma? Desde pequeño escuchaba y leía, incluso en los ateos, sobre la esperanza de la perpetuidad y la tendencia a los ceremoniales, del homenaje a los ancestros, de donde viene seguramente la costumbre de los cementerios y las tumbas. Por ello, me he asombrado de la nueva tendencia a hacerse cremar y esparcir las cenizas en los más variados lugares, ninguno donde familiares aburridos pudiesen acudir alguna vez a recordar. He creído comprenderlo ante el recuerdo difuso de un cuento de Edgar Allan Poe Se trata de aquel tipo que, habiendo sufrido ataques de epilepsia que lo dejaban con todas las apariencias de muerto, tiene terror a ser enterrado vivo, y solicita a su mejor amigo que, para evitar un error fatal, en caso de ser enterrado, el ataúd sea depositado muy cerca de la superficie, de manera que si fuera un ataque de epilepsia y despertara, pudiera abrirlo, cavar con sus manos y salir. El amigo así lo hizo, y así ocurrió. El supuesto fallecido despertó en el ataúd, y empezó a empujar cada vez con mayor desesperación; mientras más cavaba y empujaba, más se hundía en la tierra: el amigo había enterrado el cajón al revés!

Por otra parte, se cuenta que en dicha enfermedad estuvo al origen de la costumbre de los velorios: esas horas permiten al supuesto occiso cambiar de opinión y volver a la rutina de los impuestos, salir a comprar el pan para las onces, cuidar a los nietos, problemas de próstata, etc. No soy epiléptico, pero no está demás tomar precauciones, me digo. No quiero despertarme en un cajón.

Hay otro aspecto que no me gusta nada, fuera del hecho de estar muerto: el quedar en la tumba solo, abandonado, mientras los elementos de la reconversión natural, que aplican aquello de que nada se pierde, que todo se transforma, acechan. Está bien eso de permanecer, aunque sea bajo otra forma. Es el proceso el que jode la psiquis.

Así que está decidido. Quiero ser cremado. Y no quiero que mis cenizas anden de viento en viento, de hoja en hoja, fertilizando tomates y papas, sin dejar rastro discernible. Así que mis cenizas serán arrojadas en la tumba familiar, para sentirme acogido, pero también por joder, para que alguna vez mis hijas y nietos me visiten, y no se limiten a mirar el horizonte, lanzar un suspiro y pasen a otra cosa más interesante y actual.

¿Cómo quisiera acoger la muerte? Como en Exergo, ese poema de Nicolás Guillén que leí en los años ’60 en alguna parte y luego busqué por décadas, hasta que lo reencontré hace algunos meses. Ese que dice:

Más ya me veis: espero
mi momento postrero,
curioso, preparado,
pues quizás me sea dado
sentir que llega armada
y, herido por su espada,
gritar: ¡TE VI PRIMERO!

Naturalmente, quiero música en las ceremonias. Medianoche en Moscú. Dos canciones de Mikis Theodorakis, Sto Periyiali to krifo (La ribera oculta) interpretada por María Faranturi, y Zorba. Una de Inti Illimani, Vuelvo. Una de Carlos Gardel, Por una cabeza. El tango Sur (Sur, paredón y después/ Sur, una luz de almacén/ Ya nunca me verás/ como me vieras/ recostado en la vidriera y esperándote...). Para terminar, porque no es un recital, Volver a los 17, para que mi esposa, que es menor en casi una década, recuerde que todo sigue, que es un proceso, y que le quedará aún mucho por ver, oler, escuchar...

1.11.08



La elección del 4 de noviembre en Estados Unidos

Para las elecciones del próximo martes 4 de noviembre, desde el Partido Demócrata se anunciaba la novedad, que se convertirá en hecho histórico si su candidato es elegido como presidente de Estados Unidos: la primera mujer o el primer afroamericano. Su ventaja era y es la novedad (y sus propuestas), y en ambos casos las supuestas debilidades que explotó la derecha eran la falta de experiencia y de liderazgo y las sospechas sobre su patriotismo.

Se asocia a la mujer con una sensibilidad distinta, o más bien más acentuada, más cercana a las necesidades concretas de la sociedad en su conjunto, y de las distintas minorías (en el caso chileno, también más cercana del tema de la equidad, de la igualdad de oportunidades, de la distribución del ingreso. Michelle ha ido en la dirección de convertir aspiraciones en derechos sociales y, por esa vía, convertir políticas sociales impregnadas de asistencialismo en derechos, como lo ilustran tan bien el Auge y el Reforma Previsional, entre otras). Hillary Clinton quedó en proyecto, que quizás se retome en un futuro próximo con ella misma u otra mujer. Desde la lejanía, pareciera que los factores de su derrota estuvieron ligados a la eficacia de los equipos de la campaña interna.

En la recta final ha quedado Barack Obama. Todo aquello que es su fortaleza constituye al mismo tiempo sus flancos que la derecha sin principios podía aprovechar, y que efectivamente utilizó. Ser afroamericano. El ser de una familia atípica, en que existe una conjunción de razas, nacionalidades, países. El ser cosmopolita (como decían los estalinistas) casi se le identifica con ser poco “americano”. El tener la vivencia de diferentes estratos sociales (viene de una familia que de ninguna manera podría ser catalogada de acomodada, participó en las actividades de organizaciones comunitarias, de la iglesia, etc.) lo hace sospechoso de debilidades “liberales”. En fin, por su interés en las grandes cuestiones nacionales e internacionales, sus lecturas, sus estudios, le han acarreado la terrible acusación de ser “intelectual”.

Las encuestas lo favorecen frente al candidato republicano. Pero nada está ganado. Existe una hipocresía casi sociológica entre los encuestados. Ya no son tantos los que directa o abiertamente lo rechazarían por ser negro, tal postura “ya no se lleva”, no es políticamente correcta. Entonces dicen que sí, que votarían por Obama. Pero en el momento de votar podría aflorar el verdadero “yo”, la naturaleza discriminatoria, la desconfianza, que sería superior a la vergüenza o imbecilidad de votar por tercera vez consecutiva por los republicanos.

Pero si, Obama podría ganar. Y entonces surge la pregunta: ¿qué importancia tendría su gobierno para América Latina? La respuesta no es evidente. En palabras y análisis simples, Barack sería más progresista. Esto merece ser relativizado:

Por un lado, se sabe que las palabras con significación política no tienen el mismo sentido en USA.

Por otro, también se sabe que quienes sienten que presentan la imagen de “sospechosos”, de recién convertidos o que experimentan consciente o inconscientemente la necesidad de demostrar su adhesión a los valores “permanentes, inmanentes” de la patria o, en este caso, del “american way of life”, tienden a exagerar las manifestaciones de dicha adhesión. En Chile somos expertos en el tema, con las lecciones que ha dado durante dieciocho años la Concertación, y que han constituido la “originalidad” de nuestra transición.

Finalmente, siempre se ha manifestado sorpresa por el hecho de que Estados Unidos no ha sufrido el choque brutal de culturas que podría haber significado la multitud de naciones que allí conviven. La explicación que se ha dado es el famoso “melting pot”: todo se disuelve en el “modo de ser” americano (y la práctica demuestra, además, que no hay mayor chovinista USA que inmigrante reciente en dicho país). Y la sociedad americana es evidentemente conservadora en lo económico y aún restrictiva en las políticas sociales. Esto se aplica también a los nacidos en el país. El progresismo es “cooptado” o recuperado por el entorno conservador. Hay casos en que los no "recuperados" han sido aniquilados, simplemente.

En conclusión: Obama es una incógnita. Pero el partido republicano es y ha sido amenaza permanente.

20.10.08


SERVIDORES PÚBLICOS IMPOLUTOS

Desde hace algunas semanas, la ciudad está llena de publicidad electoral. Avenidas y cerros llenos de postulantes a los municipios. El juego de “hacer parir la chancha” está en pleno desarrollo: los nuevos candidatos empujan para desalojar a los actualmente aún enquistados.

Sin embargo, todos reúnen dos características. La primera, son extremadamente lacónicos. Ni un asomo de programa electoral. ¿Diagnósticos, carencias, proyectos? ¿Cómo dice? No. Algunas frases (no, solo palabras, no más): seguridad, alcantarillado, y algún intento de caracterizar al candidato: cercano, solidario, pero sobre todo preocupado, muy preocupado...

La segunda, todos son impolutos, vírgenes, puros. Ningún símbolo partidario en la publicidad. Lo que quisiera implicar “nunca una tentación, ni aspiración de poder, ni de colusión para buscarlo”. Por lo mismo, nunca se han acercado siquiera a organizaciones, entidades, ni partidarias, ni gremiales, ni religiosas, ni deportivas. Ni siquiera parecen saber de qué se trata. Son angelitos, querubines, almas puras, que vagaban entre nubes, lira y/o arpa a la mano, rasgando ensoñadoramente sus cuerdas. De pronto, algún bache, orificio, intersticio, entre las nubes, los hizo caer a este inmundo y nauseabundo planeta y aterrizaron en sendos carteles de propaganda. Son candidatos que no son de este mundo, no pertenecen a ningún partido (¡guash!), no quieren nada.

Su nombre es su programa y su declaración de principios. Que nadie les conozca no parece representar problema. Es cuestión de ser repetitivos, por eso en esta primavera los árboles florecen carteles y más carteles.

Sólo socialistas y comunistas ponen su símbolo. Algunos dirán que son consecuentes. Otros, que son atrevidos o caraduras. Vaya uno a saber. Por lo menos, uno sabe qué onda, cachai?

15.10.08


ESA LUZ QUE NOS VIENE DE NUESTROS LÍDERES

Para “achuntarle”, hay que saber a qué dispararle, decía mi abuelo. Dos ejemplos.

La Presidenta Bachelet, en el contexto de una serie de iniciativas económicas, financieras y políticas, ayer lunes 13 de septiembre convocó a La Moneda a los jefes de los partidos de gobierno y oposición para abordar los diversos aspectos de la crisis financiera mundial, sus causas, proyección, medidas a adoptar para minimizar sus efectos en el país.

Se trata de la denominada crisis subprime, iniciada en el entusiasta despelote producido en la economía financiera de Estados Unidos. Producto de la búsqueda de la ganancia fácil, los grandes banqueros y ejecutivos de empresas de seguros parecieron todos haber reprobado o haber estado ausente del curso Finanzas I, algunos con mención en hipotecas: no prestarás un cobre sin antes haberte conocido el historial bancario y laboral del solicitante, haber pedido los avales (personales y en haberes) que sustentarían el préstamo en caso de problemas, etc. En fin, si usted ha pedido préstamos alguna vez, ya conoce el procedimiento. Pero estos ejecutivos, astutos ellos, se dijeron: “¡echémosle para adelante, no más... toda la carga se arregla en el camino” o, más científicamente, “¡el mercado está con nosotros, muchachos!”.

Pero bastó que un banco ligeramente importante pidiera un préstamo para arreglar el fin de mes en esta área, para que otros empezaran a interrogarse al respecto. Horror, no tenían idea de los montos involucrados, del valor de las hipotecas, de su solidez, etc. La roca de la confianza de los inversionistas empezó a rodar cuesta abajo cada vez más rápido. Ya se sabe: cuando los privados y el mercado hacen kaput, Moya y Don Chuma, su compadre, pagan, a través de solícitos gobiernos, mano abierta y con pala hacia ese lado, siempre armada de tijera para recortar hacia este otro lado. La propuesta de “rescate” del gobierno Busch es de US$ 770.000 millones, para empezar. Ya es parte de la resignada sabiduría pública: “las ganancias son privadas, las pérdidas son públicas”.

¿A qué viene lo anterior? A que el PRI, conformado por descolgados de un variado espectro político, que incluye ex pinochetistas y ex DC, por algún error administrativo no fue invitado a dicha reunión en La Moneda. Su presidente Jaime Mulet, elegido diputado bajo banderas DC, llegó a La Moneda para protestar y entregar sus propuestas contra la crisis financiera. Una de las propuestas es genial: congelar remuneraciones altas en el sector público (que, en realidad, sumadas no alcanzan a un pelo de la cola). ¡Arreglemos el despelote de los privados recortando salarios altos en el sector público, dice este dirigente esclarecedor! No se sabe si esto incluye los de los parlamentarios. Sería ser ingenuo suponer que sí. Tampoco sugiere recortar los “paracaídas dorados”, las enormes indemnizaciones de los ejecutivos privados cesados cuando sus empresas empiezan a tambalear. Tampoco disminuir los salarios de los ejecutivos privados en funciones. Un ahorro sustancial sería rebajarlos al nivel de “las altas remuneraciones del sector público”, fíjese usted.

Otro ejemplo de buena puntería la dieron los dirigentes de los estudiantes secundarios hace unos meses. Cuando el gobierno presentó un proyecto de ley de mejoramiento de la educación, acogiendo muchos de sus planteamientos, no se dieron cuenta que el blanco había cambiado de lugar. El proyecto de ley se discutía en el parlamento, con objeciones y rechazos de la derecha, que desvirtuaban sus objetivos. Pero los preclaros dirigentes de las movilizaciones seguían dirigiendo a sus tropas hacia el ministerio y seremis de educación, las intendencias y servicios públicos varios. Los parlamentarios de derecha pasaron piola. “Con esa puntería dificulto que lleguen a ser padres!”, dice un amigo que tiene tendencia a aterrizar las conclusiones.

Claritos nuestros dirigentes, guías, faros, líderes.

2.10.08

Belleza

La miré desde lejos. Una hermosa sonrisa, ojos amistosos, óvalo del rostro perfecto, cabello negrísimo. Una mano tocando suavemente el mentón. Paz y serenidad. Era un afiche de la campaña electoral, pero me recordó el verso: “Hoy la ví, hoy la ví y me miró, hoy creo en Dios...”. Pensé que la naturaleza, o Dios, a veces producen belleza cercana a la perfección.

Me acerqué al afiche. Miré atentamente. No, no era producto magnífico de la naturaleza ni de Dios. Era solo Photoshop.... Snif...

13.7.08


Regresos y sanaciones

La última vez que estuve en avenida Manuel Montt Nº 425 fue en octubre de 1973. Aquel sábado regresé cerca de las 20:00 horas. Gina y Beatriz salieron corriendo a encontrarme. Debía irme de inmediato. Hacía media hora que los carabineros de la 19ª Comisaría de Providencia, ubicada en avenida Miguel Claro Nº 300, habían partido. Un vecino, buen ciudadano experto en fabricar miguelitos durante los paros de los camioneros, les había avisado que allí vivía un terrorista experto en armas, fabricación de bombas y atentados diversos, que había estudiado en Moscú. Los uniformados se alarmaron en extremo. Aquella casa casi colindaba con el patio trasero de la comisaría, en que había una cancha multiuso. Y se imaginaron al terrorista apuntándoles con una ametralladora mientras jugaban graciosamente al basketbol, o volando la comisaría completa con una bazooka... No sabían que el arma más peligrosa que había manipulado era una honda...

Montaron un rápido operativo bien apertrechado en armas, vehículos y efectivos, que alertó a los vecinos en aquel atardecer. Encontraron a los dueños de casa, un matrimonio de edad, y dos de sus hijas (otra hija y los dos hijos varones estaban ausente). Hallaron una biblioteca de libros escritos en marciano, con signos extraños, nada comprensible, salvo los números. La gente decente escribe y lee en lenguas cristianas, se dijeron. Arrasaron con todo (¿el equivalente a cuantos estipendios mensuales, botellas de vodka, de vino, latas de caviar, contundentes kalbasa, frascos de kornichons, habría allí?). Al medio de todo, mi diploma, con la foto en que salía tan bonito. Se llevaron el paquete entero para “examen más detenido”. Los residentes les dijeron que yo me había ido hacía unos meses, no sabían de donde venía ni adonde había partido, un huésped poco parlanchín, retraído, quizás venía del campo, o del norte, vaya uno a saber… Carabineros permaneció allí una hora y media. Otro operativo en vista o la hora del rancho les hizo partir, dejando bien claro la ventaja de avisarles rápidamente en caso que yo apareciese. Lo mismo recomendaron a los vecinos.

Ese sábado apliqué una retirada estratégica. Dos días después volví en la oscuridad. Con los oídos bien abiertos, tratando de distinguir ruidos sospechosos con olor a botas, toda la noche conversé con Beatriz buscando las cinco patas al gato: ¿qué hacer? Ella también estaba complicada. Estaba haciendo su práctica en Digeder (Dirección General de Deportes y Recreación) que, extrañamente, dependía del Ministerio de Defensa. ¿Presentarse a las autoridades? Esta eventualidad nos traía a la mente la imagen de los corderos marchando al matadero. ¿Pasar a la clandestinidad? ¿Con qué recursos, con que red de apoyo, para hacer qué…? Sin considerar que esto podría significar confesión de pecados no cometidos. Llegamos a una conclusión salomónica: hacernos los lesos. Yo volvería a mi pueblo, ella seguiría en su casa, mientras buscábamos salir del país. Yo no tenía a donde ir, y tenía aún algunas cosas que hacer en Santiago. Julián me llevó a casa de Ho Chi Mihn, donde me apareció el primer par de canas. Pero eso lo contaré algún otro día.

Fui al Departamento de Personal de la repartición pública en que había trabajado hasta hacía unas semanas y, mientras mis amigos que trabajan allí miraban hacia el techo, vacié mi expediente para hacer perder mi rastro. Para facilitar mis trámites para emigrar me encontré con el problema de que mi diploma había sido expropiado y no podría mostrar mi calidad de profesional. Recordé que toda contratación en la función pública envía el expediente a Contraloría. Fui allí y lo pedí. El funcionario volvió examinándolo, pálido y asustado: ¿Sabe usted la suertecita que tuvo de que lo atendiera yo? Cualquiera otro, y usted en este momento estaría saliendo a la rastra y bien custodiado… Tuve la intención de abrazarlo y persignarme. No hice lo uno ni lo otro, y me fui tratando de disimular el temblor de las rodillas. Aún conservo aquella copia del diploma.

Nunca más volví a Manuel Montt. En 1974 dejé el país. Regresé en vacaciones recién en 1985 y luego en 1988. Volví definitivamente en 1992, radicándome en Viña del Mar. En ninguna de esas ocasiones me di una vuelta por aquella calle, aunque pasé varias veces por avenida Providencia en bus y en metro. Inconscientemente, me negaba a afrontar aquella pesadilla, temiendo inconscientemente que alguien me reconociera. En aquel tiempo, en la entrada había una casa de dos pisos donde funcionaba una Inspección del Trabajo. Al fondo había otra casa también de dos pisos, donde viví. En los ’80, en esa dirección funcionó la Revista Análisis.

Este viernes 4 de julio tuve que ir a Santiago, por gestiones en la embajada en preparación de mi viaje a Montreal. Al terminarlas, tomé el metro hacia el centro. Casi sin darme cuenta, me bajé en la estación Manuel Montt. Parecía un buen momento para cerrar aquel círculo. Desde avenida Providencia caminé hacia Eliodoro Yáñez. Tuve que cruzar la avenida “11 de septiembre”. En esa esquina, el “Rincón Brasileiro”, que avisa que “en este local se reúnen cazadores, pescadores y otros mentirosos”. El otrora barrio de pequeñas casas, panadería, fábrica de empanadas, ha cambiado su carácter, ante los garajes, pequeños boliches, grandes clínicas, la Universidad Mayor. Llego al Nº 425. Un gran letrero anuncia su actual vocación: Los Chavales, Taberna Española, y otro más pequeño especifica el menú: jamón serrano, chorizo, gambas a la plancha, tortilla española, calamares a la plancha, riñones al jerez, ostiones, callos a la madrileña, joder, coño! La puerta del pasaje está abierta. Al fondo, se ve la casa. No se ve a nadie. A la tercera pasada, me decido y entro hasta medio patio húmedo, vacío y feo. Tomo fotos. La casa parece más pequeña, destartalada, de un azul agresivo y triste a la vez, probablemente inhabitada.

Doy una última mirada a aquella casa en que Miguel Orrego y su familia –incluyendo sus hermanas Betty, Gina, Ana María y su hermano Patricio- me acogieron por año y medio y que, con su silencio aquel día del allanamiento hace ya 35 años, quizás me salvaron la vida. Nuestra universidad no estaba a la moda en aquellos días.

Foto: Miguel Orrego, primavera de 1965.

29.6.08


Allende

Carlos Peña

Visto a la distancia, el Chile de los sesenta resulta inverosímil. Para advertirlo basta un dato: cuatro de cada diez jóvenes chilenos lograban ingresar entonces al liceo y apenas un puñado de ellos conseguía terminar el ciclo de la enseñanza secundaria. De éstos, por su parte, un ínfimo puñado logra hacerse de un cupo en la universidad: menos de cinco por cada cien. Los pingüinos -los escolares como multitud- entonces no se conocían. Casi ninguno había alcanzado siquiera a pisar un colegio.

Y eso que sucedía en educación, ocurría también en salud y en vivienda.

En una palabra, la desigualdad de la que hoy día -con razón- nos quejamos no existía. Había algo aún peor: exclusión. Grandes sectores de la sociedad puestos al margen del sistema productivo, de la industria cultural, del sistema escolar.

En suma, la estructura productiva era incapaz de incorporar a amplios sectores.

Al lado de ella, sin embargo, según sugirió alguna vez Aníbal Pinto, había un sistema político incluyente y amplio que estimulaba las expectativas de todos.

Es lo que salta a la vista cuando uno se detiene a mirar los rastros y las huellas de esa época. Multitudes cuya pobreza parece entrar en contradicción con el carácter de sujetos colectivos, que, al mismo tiempo, son capaces de exhibir. Como si en el Chile de los setenta el reino de la necesidad fuera a parejas con el de la libertad. Como si el programa de Hegel -la masa convertida en sujeto- se hubiera cumplido de una vez por todas.

Esa es la escena a principios de la segunda mitad del siglo pasado. Una estructura productiva que dejaba al margen a grandes mayorías, y un sistema político, que, en cambio, las incluía y les permitía expresar sus demandas. Una estructura de producción que rehusaba a muchos incluso la condición de explotados, pero que concedía a todos la condición de sujetos partícipes de un destino común.

Es en medio de esa escena -esa contradicción- que se forja la figura final de Salvador Allende.

Él pensó que era posible modificar de manera radical esa estructura productiva sin sacrificar un ápice las rutinas, demasiado expansivas, del proceso político. Hacer cambios, que en otras partes se habían logrado a sangre y fuego, a punta de votos. En una palabra, transitar al socialismo, la igualdad en su máxima expresión, con las armas de la democracia. Todo un desafío: hacer algo que los clásicos del marxismo -fieles a una teoría violenta de la historia- habían rechazado una y otra vez. Fue la revolución de las empanadas y del vino tinto.

Al perseguir ese objetivo en apariencia insensato, Allende mostraba las características de un político de excepción, capaz de adherir, con el mismo énfasis y pareja sinceridad, a objetivos en apariencia inconsistentes: el logro de la igualdad en su máximo nivel y, a la vez, el respeto por la diferencia que exige la democracia. Él representó -mirado a la distancia no es poco- una radical voluntad de cambio con una insobornable voluntad democrática. Se apegó a las rutinas, a los modales y a las costumbres de la democracia con el mismo entusiasmo con que abrazó el deseo de igualdad para las mayorías entonces excluidas.

Un político capaz de dejarse llevar por esas ideas, que sabemos opuestas, y usarlas para seducir a otros, es una muestra de voluntad excepcional, una voluntad que sólo tienen los santos y los héroes. Una voluntad que hoy -cuando la política o se confunde con el narcisismo o con un trabajo alimenticio- parece una rareza.

Allende quemó así los últimos cartuchos del estado de compromiso que rigió los destinos de Chile entre el año 1932 y 1973: un arreglo social en el que las capas medias se hacían del Estado y arbitraban, mediante múltiples mecanismos -que iban desde el cabildeo en los pasillos del Congreso a la negociación en La Moneda- los conflictos sociales.

Allende fue, al mismo tiempo, la culminación de ese estado de compromiso y la entrada en el umbral de su fracaso. Como él dijo, con la lucidez de los condenados a muerte, se trataba de un tránsito histórico.

Y enfrentado a él pagó con su vida.

Hay varias formas de empalidecer la figura de Allende y se han ensayado casi todas. A su preocupación por la igualdad, se opone su frivolidad de burgués insustancial; a su riguroso apego a la democracia, su apoyo a los movimientos insurreccionales; a la expansión del consumo que alcanzó su gobierno, la escasez dramática que padeció el tercer año; a la valentía de sus horas finales, la amargura del suicidio; a la conciencia histórica que exhibió, el narcisismo de sus relaciones privadas.

Todos esos intentos son pueriles -no hay un gran hombre que a la mirada del burgués no parezca un amasijo de contradicciones- y ninguno de ellos logrará hacer olvidar que Allende dejó la valla a una altura que ninguno de sus contemporáneos, ni nadie hoy día, alcanza.

Ni de lejos.

El Mercurio, domingo 29 de Junio de 2008

28.6.08

La UP, ¿una locura?


Los sectores de derecha (empresarial y política) han tenido éxito en presentar ante las nuevas generaciones (y aún ante ciertos protagonistas de entonces) una imagen unilateral del gobierno de la Unidad Popular, como una tentativa programática y una acción de gobierno desbocada, digna de postulantes a la camisa de fuerza. Ni en su empeño ni en sus logros habría nada rescatable, nos dicen.


El programa de la UP era, ciertamente, de profundas transformaciones estructurales: pretendía instaurar una nueva realidad económica, social y política, en que las necesidades y aspiraciones de las mayorías fueran consideradas, en que el protagonismo les perteneciera.


Era necesario y posible aplicar tal programa, decía la UP. Pero, ¿era una pretensión aislada en la realidad latinoamericana? No. Dicho programa se inscribía en el contexto de las ideas, programas y fuerzas transformadoras que en aquel entonces predominaban en el continente. Veamos la ilustración de esto.


1. La idea del cambio necesario


A fines de los años ’50 y principios de los ’60, se había ido imponiendo en los círculos dirigentes de la derecha latinoamericana y de Estados Unidos la idea de que era imprescindible tomar la iniciativa de realizar algunos cambios estructurales, en aras de algunos grados de eficiencia económica y de equidad, pero también para salvaguardar lo esencial del régimen económico. Los de abajo estaban cada vez más impacientes. A los de arriba les era cada vez más difícil guardar las riendas por las vías electorales. La vasta gama de dictaduras que dominaron América Latina en los años ’50 había caído una tras otra. A los gobiernos democráticos que las habían reemplazado no les iba muy bien. La inestabilidad era la regla. En Chile también se había concluido que debía maquillarse algún tipo de cambio para evitar las marejadas.

Así, el gobierno derechista de Jorge Alessandri (1958-1964), el último de dicho signo elegido democráticamente en nuestro país, había prometido y realizó una reforma agraria, tan limitada que se le llamó “reforma agraria de macetero”: consistió en la distribución de tierra fiscales abandonadas.


La Iglesia Católica chilena, siguiendo la doctrina social de la iglesia, entregó tierras a los campesinos.

El gobierno de John Kennedy (1960-1963) adoptó el programa de la Alianza para el Progreso, vasto programa de ayuda financiera y asistencia técnica a gobiernos que se comprometieran a algunos cambios estructurales, en particular la reforma agraria.

El gobierno del DC Eduardo Frei Montalva (1964-1970) aplicó un programa de cambios profundos, bajo la consigna de “Revolución en Libertad”. Hizo aprobar una ley de reforma agraria que introdujo la noción de “responsabilidad social de la propiedad”, la misma que aplicó luego Allende (1970-1973); la ley de sindicalización campesina; la ley de juntas de vecinos y de centros de madres; la chilenización del cobre (sociedad del Estado chileno con empresas norteamericanas); etc.

En su programa, el candidato DC a la presidencia en 1970, Radomiro Tomic, establecía que “las estructuras sociales ya no sirven más en Chile”, que “es impostergable la transformación de la vieja institucionalidad, de base social minoritaria y de expresión capitalista en un nuevo orden social vitalmente democrático”, y prometía que “nacionalizaremos de inmediato e integralmente las principales empresas del cobre”, estableciendo que “la meta suprema es la participación popular, es la sustitución de las minorías por el pueblo organizado en los centros decisivos de poder e influencia que existen dentro del Estado, la sociedad y la economía nacionales”. Existían, pues, importantes coincidencias entre los programas de Tomic y Allende.

El cardenal Raúl Silva Henríquez declaraba: “Las reformas básicas contenidas en el Programa de la UP son apoyadas por la Iglesia chilena (...). Nosotros vemos esto, la Iglesia ve esto con inmensa simpatía (...), la mayoría de las reformas planteadas por la UP coincide con los deseos, con los planteamientos de la Iglesia, así que hay un apoyo claro” (entrevista en “Las Últimas Noticias”, 12.11.70).

En resumen: los principales contenidos del programa de la UP estaban impuestos por la realidad nacional y, además, estaban en la sensibilidad de otras fuerzas político-morales de Chile y el extranjero. Recordemos el proceso peruano encabezado por el general Velasco Alvarado; el boliviano, que arrancara en la revolución de 1952 y su Ley de Reforma Agraria (agosto de 1953); el panameño, con el general Torrijos desde 1969, etc. ¿Se requiere mencionar la revolución cubana, iniciada en 1959?


2. Cambios que perduran, apropiados por otros

Varios aspectos de primera importancia del programa de gobierno –y de las realizaciones- de la UP han sido retomados posteriormente, incluida la dictadura. La paternidad, por supuesto, no ha sido reconocida. Sobrevolemos algunos.

1. Descentralización administrativa, rol de los municipios. El programa de Allende establecía su disposición a iniciar inmediatamente un proceso de descentralización administrativa, conjugada con una planificación democrática y eficiente. Se modernizaría la estructura de las municipalidades, reconociéndoles la autoridad correspondiente en acuerdo con los planes de coordinación del conjunto del Estado. Serían los organismos locales de la nueva organización política. Se les entregarían los medios financieros y las atribuciones adecuadas que les permitiría –en colaboración y estrecha coordinación con las juntas de vecinos- ocuparse de los problemas comunales. Las asambleas provinciales funcionarían en la misma perspectiva. La dictadura se jacta se haber “propuesto” e “iniciado” dicho proceso de descentralización.

2. La reforma agraria. Durante los años ’50, la agricultura chilena se caracterizaba por los dos extremos de la gran propiedad de tierras cultivables no utilizadas y por métodos atrasados de cultivo, y las muy pequeñas propiedades que no bastaban para asegurar el sustento de sus propietarios. Vale decir, los dos extremos del latifundio y del minifundio, despilfarro en un extremo, lucha por la supervivencia en el otro. La reforma agraria iniciada bajo el gobierno de Frei Montalva iba justamente en el sentido de plena utilización de la tierra, creando unidades eficientes, con métodos y maquinaria moderna, para satisfacer las necesidades internas y asomarse al mercado internacional. La reforma agraria terminó con el latifundio, con los métodos feudales de explotación. Permitió el ingreso del capitalismo en el campo. Ese proceso es el punto de partida de la pujante agricultura actual, que aporta casi tantas divisas como el cobre al país.
3. El rol del Estado en la economía en general y la necesidad de políticas de seguridad social, con diferentes contenidos e impacto, por cierto, según las características de cada gobierno. El Estado como promotor de las condiciones legislativas, de infraestructura, de estabilidad, etc. Hace unos meses, el senador DC Eduardo Frei Ruiz-Table, frente a la debacle del Transantiago, ha insistido en que debe tomarse la medida implementada en los países desarrollados: estatizar el transporte público. La derecha de hoy asume este rol dinámico del Estado, en el contexto de predominio del mercado, por supuesto.

4. El medio litro de leche y, en general, la necesidad de que el Estado se ocupe activamente de la alimentación de los niños a través de las escuelas y la red de salud con la distribución de leche. Hoy hay consenso en la ciencia económica de que la pobreza, la desigualdad extrema en la distribución del ingreso nacional, con su impacto en la salud y las posibilidades de acceso a la educación y la capacitación, son obstáculos para el desarrollo económico. Hoy se considera al conocimiento como un factor de producción. Uno de los elementos del círculo vicioso de la pobreza y la indigencia es la desnutrición. La idea de entregar a cada niño medio litro de leche diario era una de las muchas medidas contempladas para una real política de igualdad de oportunidades para las nuevas generaciones. Hoy en día, incluso en las movilizaciones y huelgas del magisterio se respeta la entrega de almuerzo a los niños.
5. Derecho de voto a las FF AA. Una de las medidas importantes de Allende era la disposición a entregar el derecho a voto a los miembros de las FF. AA. y a integrarlos a tareas de desarrollo nacional. En suma, las FF. AA. como un estamento integral de la ciudadanía. La oposición interpretaba aquello como elementos distorsionadores de la misión “natural” de dichos cuerpos armados, un intento de subvertirlas. La dictadura no tuvo inconveniente filosófico de entregarles dicho derecho a voto, de pregonar su aporte a la construcción de la Ruta Austral (Cuerpo Militar del Trabajo), de incorporar a la Constitución su rol garantes de la institucionalidad, etc. Aún hoy, el voto militar, concentrado en algunas mesas electorales, constituye casi voto cautivo para la derecha.

6. La policía. Sería reorganizada, decía el programa de la UP, para que sus métodos garantizaran efectivamente el pleno respeto de la dignidad y la integridad física de los ciudadanos. El régimen penitenciario sería transformado para asegurar la recuperación de quienes delinquen. Los gobiernos de la Concertación se guían por estos principios, más allá de los eventuales excesos.

7. La nacionalización del cobre. Codelco aún es una empresa estatal. Ni la dictadura se atrevió a privatizarlo.

8. El parlamento unicameral. Esta propuesta de Allende fue considerada por la oposición como supuesta prueba inequívoca de la intención de la UP de instaurar un régimen de tipo soviético o cubano. Hace algunos meses, se ha escuchado a dirigentes y parlamentarios de la DC proponer instaurar en Chile un congreso unicameral, alabando sus ventajas en términos de eficacia y economía en el trabajo parlamentario.

Hoy se oculta que un programa como el de Allende fue posible por el fracaso del sistema económico imperante, por el fracaso del modelo capitalista entonces existente, cuyas principales características eran la protección contra la competencia externa, el alto grado de concentración, la ineficiencia y la ineficacia, el escaso aporte al desarrollo nacional y a la satisfacción de las necesidades del consumidor.

Los procesos revolucionarios no son inventados, no nacen de la nada. Hay condiciones objetivas que los posibilitan. Hay hombres y movimientos sociales que comprenden aquellas. Agreguen a eso sentimientos a veces difusos sobre justicia social, fraternidad, solidaridad, y se tendrá lo que se ha llamado condiciones subjetivas. De allí se inician dinámicas sociales. Dinámica iniciada en el gobierno de Frei Montalva, acelerada bajo el de Allende.

Ya se sabe que los sueños pueden terminar en pesadillas, que duran 17 años, a veces más, a veces menos. Pero su inspiración perdura mucho más.

Quienes hoy intentan administrar sueños, y distorsionarlos, y aceptan la versión de quienes los arrasaron a sangre y fuego, terminarán como burócratas ignorados por la historia con minúscula. Aún más de la gran Historia.