18.1.10

El fin del ayuno

Carlos Peña

Opinión Emol - Lunes 18 de Enero de 2010

Es la primera vez -desde que existe la democracia de masas en Chile, cien años o poco menos- que la derecha logra la adhesión de la mayoría.

No es poco.

Durante casi todo el siglo XX la derecha fue minoría. Y si descontamos el tiempo que ofició a la sombra de la dictadura, siempre estuvo más preocupada de moderar las transformaciones sociales que de orientarlas. La medida de su éxito fue siempre la contención del cambio social y nunca su empuje. Es cosa de mirar la política de alianzas que mantuvo hasta la caída de la democracia. Lo suyo fue siempre un conservantismo -en el peor sentido de esa palabra- más o menos pragmático.

En la amplia curva de tiempo que va desde 1925 a 1973 -cuando el sistema político se estiró hasta romperse-, la derecha nunca fue una fuerza modernizadora.

¿Hay motivos para pensar que todo eso puede ahora ser distinto y que el cambio no fue un simple flatus vocis, una de esas cosas que se dicen para halagar los oídos de la audiencia?

Hay dos razones que, por desgracia, impiden responder afirmativamente esa pregunta.
La más obvia es que queda poco espacio para el cambio.

La modernización de Chile ya se encuentra definida en lo fundamental -se trata de una modernización capitalista sin ambages-, y salvo que la derecha deje de ser la derecha y Piñera deje de ser Piñera, eso no cambiará un ápice. Podrá haber mejoras en las políticas públicas, mayor eficiencia por aquí y por allá, mejor management , más entusiasmo.

Pero cambio de veras no va a haber. Y es que espacio no hay.

Y donde el espacio sobra -en materia de libertades y de autonomía personal- la derecha no tiene un proyecto uniforme.

Y es que en la élite de la derecha -la democracia, dijo Schumpeter, consiste en que el pueblo decide cada cierto tiempo qué élite lo gobierna-coexisten dos grupos de distinta fisonomía.

De una parte, se encuentran, por decirlo así, quienes se erizan con la distribución de la píldora, crujen con el Museo de la Memoria y se incomodan con la sola mención de las uniones gay, y de otra parte, quienes piensan que la ampliación del consumo debe ir acompañada de la ampliación de la libertad.
Unos son conservadores, otros son más o menos liberales. Una cosa es el diputado Kast, otra cosa Hinzpeter. Ambos tienen intereses comunes -por eso son de derecha-, pero poseen opiniones muy distintas a la hora de definir los márgenes de la autonomía personal.

Y salvo que Piñera gobierne en las nubes -es decir, aplique al gobierno del Estado el pragmatismo de los negocios, capaz de contratar con Dios y con el Diablo sin siquiera arrugarse-, no es fácil liderar un cambio de ninguna índole sin resolver esa tensión fundamental.

Así que por ese lado tampoco habrá cambio.

En otras palabras, acabó el ayuno; pero es difícil que el estilo histórico de la derecha -esa resignación casi digestiva frente a la realidad que siempre la caracterizó- cambie.

12.1.10

A las puertas del horno

A seis días de la segunda vuelta presidencial, no aparecen factores decisivos que den optimismo a las filas de la Concertación en grado suficiente para retomar la tranquilidad. Quizás es mejor así. El triunfalismo es esta situación sería poco menos que ridículo.

Gente que votó por MEO, Arrate, nulo o blanco, dice que votará ahora por Piñera o, más exactamente, contra Frei. Es un voto castigo. Las razones son variadas, ninguna de fondo. Que Frei es rico y tiene su riqueza oculta, que su origen está en los tiempos de la dictadura. Que toda su familia está en puestos públicos, y por ahí circula un listado en tal sentido, asociando a ello corrupción y robos, sin siquiera intento de probar las acusaciones. Que en su primer gobierno privatizó el agua, etc. Además, está la tendencia a mirar el vaso medio vacío y no el vaso medio: al analizar el estado del país se mira la fotografía actual con las carencias de un país en vías de desarrollo, y no la película dinámica que muestra los avances indesmentibles y notables desde 1990 y el impulso hacia el futuro que nos convertirá en país desarrollado en diez-quince años gracias a dichos logros.

La mirada en perspectiva, el enfoque histórico, dejaría claro que la derecha debe ser castigada por sus politicas públicas durante los años de la dictadura, por su política de despojo del Estado, por convertir la educación, la salud, la mano de obra, en simples productos ofrecidos en el mercado. Adicionalmente, en el caso de Piñera, por su utilización mañosa de las leyes del mercado (caso Banco de Talca, Chispas, LAN, etc.).

Si ganara Piñera, sería el triunfo de la política de despojo de la opinión pública de su capacidad de mirada crítica, integral, de distinguir el bosque entre los árboles. Ese despojo se lleva a cabo día a día, a través de la farandulización de los medios de difusión en manos de la derecha, de la campaña de odiosidad hacia todo lo que sea progresista, de convencer que el nuestro es un país corrupto (a pesar que todos los indicadores internacionales demuestran lo contrario). El triunfo de la reducción de la opinión pública a su mínimo común, del empobrecimiento de nuestra cultura nacional.

Sería, por cierto, castigo a lo peor de la Concertación: su acostumbramiento al poder y sus subproductos casi inevitables: la proliferación de los operadores políticos, el control de los partidos por los grupos de poder y la pérdida casi total de la democracia interna y la eliminación de las nuevas generaciones que no se someten a ellos; la mano blanda con los corruptos; los partidos que ya no vehiculan utopías de grandes trasformaciones sociales, que ya no son grandes alamedas sino la vía corta hacia prebendas inmediatas.

Lástima que el peso de estas debilidades está ocultando cada vez más el hecho innegable que la Concertación es la coalición política más exitosa en la historia de nuestro país.

Lástima que los beneficiarios de los éxitos económicos y sociales de la Concertación parecieran dispuestos a votar contra la continuación de dichas políticas públicas.


PAM/
11.01.10

6.1.10

Sobre obviedades


¿Por qué se vota por uno u otro candidato, en particular en esta segunda vuelta presidencial? Es preocupante para la calidad de la democracia en general, que en tantos la decisión no esté basada en la información pertinente y significativa ni en su evaluación, ni en los contextos. Y esto ocurre en todos los niveles socio-culturales.

¿Por qué votar por Piñera? Entre sus partidarios y algunos indecisos, las respuestas se repiten: porque debe existir recambio; porque Piñera ha demostrado inteligencia en sus negocios; porque ha creado empleos; porque tiene buenas ideas; porque Frei es fome.

Esta realidad obliga a filosofar sobre lo obvio, y la Concertación no lo ha hecho en su política comunicacional. Si lo hubiese hecho, habría respondido que:

1. La esencia de la democracia es que los ciudadanos tengan el derecho a elegir a sus representantes y sus gobernantes. Esto está garantizado en muchas leyes, en particular en el artículo 5º de la Constitución. Sin embargo, ninguna estructura ni normativa puede garantizar a nadie que será elegido; para ello requiere obtenir las mayorías electorales necesarias. La alternativa es un golpe de Estado. Así, las quejas de la derecha no se dirijen en realidad a la Concertación, sino a los ciudadanos, y no tiene ninguna otra significación, salvo el del lloriqueo.

2. Sobre las cualidades de Piñera, hay que ser claros: no es un empresario que haya creado riqueza material ni empleos. Es un habilidoso especulador en la Bolsa. Toda su actividad se ha referido a la compra y venta de acciones (siguiendo, según él mismo ha dicho, los “consejos” de un programa computacional ad hoc). No ha creado ningún puesto de trabajo. La capacidad de ganar plata para sí no es sinónimo de saber administrar el presupuesto nacional ni crear las políticas para crear las condiciones del crecimiento económico y social, para que haya más riqueza y sea mejor distribuida. Los grandes empresarios tienen una gran tendencia y habilidad a multiplicar y concentrar la riqueza propia, despreciando muchas veces las reglas de la transparencia y la competencia.

3. Históricamente, mucho se ha discutido sobre el rol de las personalidades. Resumiendo, puede afirmarse que todo depende del tipo de personalidad y las circunstancias. En tiempos de modesta administración de las cosas, con la revolución fuera del horizonte, se puede afirmar más precisamente que el rol de las personalidades es aún más relativo. Entre Piñera y Frei, el tema no es quién es más joven, rico, simpático, ni quién ha estado más tiempo esperando que “le toque” ser Presidente. Las candidaturas deben valorizarse por sus programas; por las coaliciones y partidos que las sustentan; por los equipos técnicos que las acompañan y, fundamentalmente, por su comportamiento histórico.

4. La derecha reclama su derecho a gobernar, que el sistema institucional les ha ofrecido en cada elección, pero la ciudadanía ha dicho “no”. Dicen que “basta ya de Concertación, que la gente ya no quiere más de lo mismo”. Interesante expresión esta de “más de lo mismo”. Todos los indicadores económicos y sociales –nacionales y extranjeros- nos dicen que los logros desde 1990 tienen un alcance histórido. Internet pone estos datos al alcance de quién quiera examinarlos. A los sectores más modestos les basta mirar los cambios ocurridos en su entorno y en el seno de sus hogares y en las perspectivas (un solo dato: siete de cada diez estudiantes universitarios son la primera generación de sus familias a acceder a ese nivel). ¿Bajo un gobierno de la derecha continuarán aplicándose los énfasis en la protección social de los gobiernos de la Concertación y, en particular, de la Presidenta Bachelet? Para responder, basta recordar el gobierno Pinochet de 17 años (obviando el tema derechos humanos: muchas veces hemos dicho que en el golpe militar, las violaciones a los derechos humanos fueron el medio; el objetivo fueron el Plan laboral, la privatización de las empresas públicas a precio de huevo, la reconstitución de los monopolios, la concentración de la propiedad, etc..) y cómo ha votado la derecha desde 1990 en cuanto a libertades, democracia, distribución del ingreso nacional, etc. Además, dicen “no más de lo mismo” y acto seguido Piñera afirma que continuará con las políticas de Bachelet.

5. Hay quienes han dicho que derecha y Concertación son lo mismo. A dichos comentaristas se les puede sugerir que los telescopios sirven en astronomía, no en análisis político. Aquí se requiere el microscopio, mirar la realidad concreta de cerca, olvidando esquemas. Alguno recordará lo que decía un viejo analista y actor político: “la teoría es gris, la vida es siempre verde”.

6. Para terminar, una ilustración sobre la liviandad de enfoques en ciertos sectores. Para apoyar a Frei en esta segunda vuelta, los partidarios de Arrate y MEO han pedido modificaciones y/o incorporación de elementos esenciales al programa de gobierno (nueva constitución, renacionalización del cobre, perfeccionar la negocialción laboral, estudio del sistema de tributación, etc.). Por otra parte, ayer se supo que el analista político Patricio Navia (decano de la Universidad Diego Portales, profesor en una universidad de EE.UU, ex partidario de Enriquez-Ominami), dió su apoyo a Piñera, luego que éste satisfizo (“no te preocupes”, le respondió el candidato) sus “profundas exigencias”: el descarte de pinochetistas en puestos clave en un eventual gobierno, asegurar la diversidad en el gabinete y zanjar su conflicto de interés entre política y negocios. Nada, absolutamente nada, sobre programa de gobierno, políticas sociales, etc. Profundo el decano, politicólogo y analista...

Que la Concertación (cada uno de sus partidos, cada uno de sus dirigentes y militantes) debe renovarse en sus estructuras, convocatoria, programas, desafíos, prácticas políticas, que duda cabe. Pero no podemos infligir a Chile un gobierno de derecha mientras se cumple esa tarea, que deberá iniciarse desde el 17 de enero.

PAM/
06.01.10

3.1.10

Entre lo sublime y lo ridículo

Carlos Peña
Emol - Domingo 03 de Enero de 2010

Pudo ser sublime.

Si la noche del 13 de diciembre —la de la primera vuelta— los partidos hubieran declarado su voluntad de cambio y, luego de oírlos, Frei, sirviéndose de esa leve épica que tiene la derrota, hubiera elaborado una narrativa a la altura de las expectativas de la gente, las cosas habrían sido distintas.

Los malos resultados se habrían encarado con racionalidad y ascetismo emocional. En una palabra, con dignidad.

Pero resultó ridículo.

¿De qué otra manera se podría calificar la renuncia de Gómez y de Auth encaminada a obtener el apoyo de Enríquez-Ominami? Hasta ahora se conocían muchas formas de hacer política. Violentas, pícaras, frívolas, brillantes, toscas. Lo que nunca se había visto era a dirigentes políticos dedicados a satisfacer el goce narcisista de un ex candidato.

Porque eso es lo que ocurrió con esas renuncias.

No fue un esfuerzo por poner al día la narrativa o la oferta electoral. Tampoco fue un intento por atraer a ese siete u ocho por ciento que definirá la elección. Menos la tentativa de construir un nuevo bloque político. Nada de eso. Fue simplemente un acto destinado a cumplir una de las condiciones planteadas por Enríquez-Ominami.

No puede haber un malentendido peor: confundir las demandas del electorado con las condiciones impuestas por Enríquez-Ominami.

Condiciones destinadas, dicho sea de paso, a no satisfacerse nunca. Y es que el diputado disfruta, no hay duda, el pequeño infierno de estos días ¿Sabe con qué atormenta el diablo a las almas en el infierno? Las hace esperar.

Y es comprensible.

Enríquez-Ominami y el senador Ominami tienen más sentimientos heridos que ideas por realizar; más cuentas emocionales que proyectos políticos; más cohesión familiar que coherencia; más confusión verbal que una lista de objetivos; más fantasías de redención y de venganza que ganas de hacer acuerdos políticos de largo plazo. ¿Qué podría llevar a pensar que después de hacer ascos a la Concertación —no hay peor astilla que la del mismo palo— iban ahora a hacer esfuerzos por que ganara la próxima elección? Quien piense que los Ominami cruzan los dedos para que la derecha no gane, olvidan cuántos deseos inconscientes oculta a veces la rivalidad política. Esos ingenuos deberían releer a Freud: que el rival pierda casi siempre es un consuelo para quien fue derrotado.

Por eso en vez de dedicarse a convencer a los Ominami, la Concertación debe esmerarse en interpelar a la ciudadanía y, en especial, a ese siete u ocho por ciento moderno, optimista y liberal que decidirá la próxima elección.

Y en eso podría tener ventajas comparativas.

Desde luego, la Concertación conecta mejor en los temas llamados valóricos con ese electorado. Mientras un sector de la derecha todavía se eriza con las técnicas de reproducción asistida, la píldora y las parejas gay, la Concertación se muestra dispuesta a ampliar esos espacios de autonomía personal.

Y si de renovar estilos y dirigentes se trata, la Concertación tampoco está en una desventaja neta: al menos empata con la Alianza. Basta pensar que el principal partido que apoya a Piñera —la UDI— se forjó, aunque no le guste que se lo recuerden, al amparo de la dictadura y de la épica de Chacarillas. Cuando Piñera se toma las fotos —y aunque es probable que de aquí en adelante se esmere en ocultarlo— no puede evitar que asomen tras sus hombros esos viejos perfiles del pasado.

Así entonces, en vez de seguir ocupada de cumplir condiciones imposibles —y arriesgar la estructura de los partidos para curar heridas que más que políticas son narcisistas—, la Concertación debería concentrarse en ese siete u ocho por ciento moderno y liberal que, no hay duda, mira con igual escepticismo a los dirigentes de este lado y del otro.

Si hace eso, lo sublime no estará para nada asegurado. Pero al menos el ridículo habrá quedado lejos.

30.11.09

Mi padre

Seguramente mi padre está satisfecho allí donde está. Satisfecho de sus cinco hijos, sus diez nietos, sus doce bisnietos en buena salud y capaces de enfrentar la vida. Sus 68 años de casado con la Rosita.

Satisfecho de haber recorrido geografía a lo largo de su vida.

Nació en Limache. Aún conservamos una hermosa foto de 1941-1942 de un orgulloso escuadrón de caballería en el patio del regimiento en Antogasta en que hizo el servicio militar. A su regreso, emigró a Quilota, donde vivió hasta siempre, y trabajó en la histórica fábrica Rayón Saíd.

Largos meses trabajó en Argentina en 1973-1974. Partió cuando vivíamos en calle Pinto. Cuando regresó aquella madrugada viviamos en la casa actual, en Villa Santa Teresita, que recorrió largamente buscándonos, porque no tenía la dirección. A las seis de la mañana le abrí la puerta y apenas lo reconocí, por lo barbón y flaco. A su lado, saltaba y ladraba el Niño, nuestro perro policial que lo había encontrado y guiado a la casa.

Estuvo con mamá en Montréal, Canadá. Vivió y trabajó en Harrison, Nueva York. Si hubiese sido más expansivo, seguramente nos habría hecho partícipes de sus observaciones sobre esos latinos que luchan contra la vida, algun a discriminación y contra sí mismos no pocas veces en el hemisferio norte.

Todos los hijos ven siempre a sus padres como viejos. Una vez hice el cálculo. Nuestros padres nacieron el mismo años y mes, en marzo de 1921. Soy el mayor de los hijos. Cuando nací, nuestros padres tenían sólo 22 años. Pocos años, pero, como lo demostraron, suficientes para iniciar y llevar a bien la tarea de ser padres.

Le agradecemos los 88 años de compañía.

Gracias, Rubén Enrique Ayala Palma.

Gracias, padre.

Descansa en paz.


PAM/ 26 noviembre 2009

Obama y Afganistán

Michael Moore pide a Obama que no aumente las tropas en Afganistán

"Cuando te elegimos no esperábamos milagros. Ni siquiera esperábamos grandes cambios, pero sí alguno. Pensamos que pararías la locura, las matanzas, la idea insensata de que unos hombres armados pueden reorganizar una nación que no funciona como nación y nunca lo ha hecho", afirmó el cineasta en una carta al mandatario.

El cineasta Michael Moore pidió al presidente de EE.UU., Barack Obama, que no solo no aumente las tropas desplazadas a Afganistán, sino que contemple su retirada, para no decepcionar a los votantes que le llevaron a la Casa Blanca, según una carta divulgada hoy en su web.

Moore, conocido por documentales críticos con la política de Washington como "Bowling for Columbine", "Farenheit 9/11" o "Sicko", se autoproclamó portavoz de los electores que dieron el triunfo a Obama en los últimos comicios para recordar al mandatario su promesa de cambio.

"Cuando te elegimos no esperábamos milagros. Ni siquiera esperábamos grandes cambios, pero sí alguno. Pensamos que pararías la locura, las matanzas, la idea insensata de que unos hombres armados pueden reorganizar una nación que no funciona como nación y nunca lo ha hecho", afirmó Moore en su misiva.

"Presidente Obama, es hora de volver a casa", insistió el director, quien divulgó este escrito en la víspera del discurso del inquilino de la Casa Blanca en la Academia Militar de West Point, en Nueva York.

En ese evento se espera que Obama dé a conocer su política para Afganistán, que todo apunta a que incluirá un aumento del envío de tropas y se establecerá un marco para la paulatina salida de Estados Unidos del país asiático.

Una perspectiva que, en opinión Moore, va en contra del mensaje de esperanza que encumbró a Obama.

"¿Realmente quieres ser el nuevo 'presidente bélico'?", le preguntó el cineasta.

"Si vas a West Point mañana por la noche y anuncias que incrementarás, en lugar de retirar, las tropas en Afganistán, eres el nuevo presidente de la guerra. Así de simple", argumentó Moore, para quien la gente está empezando a perder la paciencia con el jefe de Estado.

"Esta noche aún tenemos esperanza. Mañana ya veremos. La pelota está en tu tejado. No tienes que hacer esto", dijo el director, para concluir con un "contamos contigo".

EFE
30 de Noviembre de 2009

Voto simbólico de la comunidad chilena en Montréal

(Québec, Canadá)

Comunicado de la Asociación de Chilenos de Quebec

Montreal, 30 de noviembre de 2009

El domingo 13 de diciembre de 2009 se realizarán las elecciones presidenciales y parlamentarias en Chile. Sin embargo, los chilenos mayores de 18 años residentes en el extranjero, estaremos impedidos de votar. Es necesario notar que más de 857.000 chilenos vivimos en el exterior, de los cuales alrededor de 10.000 nos hemos establecido en la gran región de Montreal. Chile es uno de raros países de América Latina que no reconoce este derecho a sus nacionales que residen fuera de sus fronteras. Este derecho es, también, reconocido por el conjunto de las naciones industrializadas, como Canadá.

Desde el retorno de la democracia, en 1990, los chilenos del exterior venimos luchando por que se nos reconozca este derecho ciudadano fundamental. Todas las iniciativas del gobierno de la presidenta Michelle Bachelet y de los parlamentarios de la Concertación no han prosperado a causa de la obstinada oposición de los partidos de derecha. Además, la Constitución, impuesta por Pinochet, exige un quorum calificado (aprobación por los 4/7 de los parlamentarios) para su modificación, lo que hace muy difícil remodelar el sistema electoral chileno.

La Constitución Política de la República de Chile reconoce el derecho a voto a todos sus ciudadanos, sin distinción de su lugar de residencia. Este derecho está, igualmente, consagrado en convenciones internacionales, firmadas y ratificas por Chile. A título de ejemplo, podemos mencionar que el artículo 21 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, proclamada por la ONU en 1948, establece que “Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de sus representantes libremente escogidos”. Al negar el derecho a voto a sus connacionales residentes en el extranjero, Chile viola estos dos instrumentos jurídicos. Por lo tanto, es necesario que los parlamentarios que serán elegidos en las próximas elecciones, corrijan esta anomalía inaceptable.

En este contexto, la Asociación de Chilenos de Quebec ha lanzado un llamado a todos los miembros de la comunidad chilena para que participen en un VOTO o PLEBISCITO SIMBOLICO y manifiesten así su descontento frente a esta situación intolerable. Este ejercicio democrático se desarrollará el 13 DE DICIEMBRE DE 2009, de 10 a 20 horas. Para estos efectos se instalará una mesa receptora de sufragios en la sede de la Asociación de Chilenos de Quebec, situada en 3730, Avenue du Parc, esquina Avenue des Pins, Montreal. Para la implementación de esta iniciativa se ha formado un comité de coordinación compuesto por Gisela Barraza, Carmen Concha y Gastón Ancelovici. Podrán votar todos los chilenos, mayores de 18 años, residentes en la provincia de Quebec. La pregunta será la siguiente: “Está usted de acuerdo con el voto de los chilenos en el extranjero? SI--- NO---”.

Varias comunidades chilenas en diferentes países, como Alemania, Australia y Holanda, llevarán a cabo iniciativas similares. Queremos, de esta manera, exigir a los partidos de derecha que acepten el clamor de miles de compatriotas que reivindican este legítimo derecho. El voto en el exterior fue la principal demanda, expresada y apoyada por los dos tercios de los chilenos que participaron en el censo efectuado por el Ministerio de Relaciones Exteriores y la Oficina Nacional de Estadísticas de Chile, en 2004. La Asociación de Chilenos de Quebec invita a todos los miembros de la comunidad chilena a participar en esta CONSULTA PLEBISCITARIA que se realizará el domingo 13 de diciembre. Ese mismo día, a las 20 horas, se darán a conocer los resultados en la sede de la Asociación, los que serán comunicados al gobierno chileno, a los candidatos presidenciales y a los parlamentarios. Los chilenos, que consideramos un deber votar en las elecciones municipales, provinciales y federales en el país de acogida, exigimos igualmente el derecho de sufragio en las elecciones que se realizan en nuestro país natal. Es un deber del Estado chileno integrar y hacer participar en su desarrollo a sus nacionales residentes en el exterior.

Para mayores informaciones, comunicarse con Gisela Barraza, tel. (514) 564-5201.
Correo electrónico: votosimbolicochilenosmontreal@gmail.com
Fuente: http://www.chileinforma.com/

23.10.09

Elemental, mi querido Watson

Patricio Ayala M.

El candidato Piñera es un tornado, una avalancha. Gracias a sus cuantiosos recursos, está en todos lados y en todo momento. Giras, publicidad callejera, trípticos, mensajes radiales... En ese menjunje, se mezclan medias verdades, medias mentiras, prejuicios, contradicciones y mucha, mucha inconsistencia. No tiene miedo en prometer, sabiendo que RN y sobre todo la UDI le enmendarán la plana en el parlamento. Está bien Piñera: en su rol y fiel a sí mismo, como negociante diestro en especulación.

Hay que reconocerle un mérito: en ese torbellino, logra poner temas y agenda, que los otros candidatos, ingenuamente, responden y siguen.

Un ejemplo claro: el del rol del Estado, en sentido genérico. Todas las promesas electorales de Piñera, naturalmente, son con cargo al Estado, desde el punto de vista financiero, desde los 10.000 carabineros más en las calles, el bono de $40.000 en marzo, más recursos para la salud y la educación, etc. Al mismo tiempo, Piñera postula que debe haber menos Estado, menos funcionarios públicos, menos gasto fiscal. Le sirve bien el actual periodismo: simples grabadoras y cámaras y editores de las notas, para convertir sus dichos en cuñas noticiosas.

Lo sorprendente es que sus adversarios –sobre todo la candidatura Frei- le siguen el amén en los temas y en el enfoque, sin considerar que sobre el tema del Estado hay décadas y generaciones de prejuicios e ignorancia y la campaña electoral es demasiado corta como para pensar en cambiar mentalidades. La mala memoria y la incapacidad generalizada (casi genética) de ver el bosque y la tendencia a detenerse sólo en los árboles de las deficiencias que aún subsisten refuerzan lo anterior.

Muchachos: dejen de lado la discusión genérica de más o menos Estado. En cambio, hablen de políticas públicas, de seguridad y protección social. El gobierno de Bachelet ha sido “más y mejor estado, cercano y sensible”. Recuerden las funciones del Estado, y verán por qué Piñera dice querer más servicios (cosa que sus socios le impedirán, por la asociación que siempre hacen de “mayor protección social = más impuestos”), y oculta que no quiere el Estado controlador y sensible al medio ambiente. Aquel Estado conquista votos, éste impide los negociados.

Veamos cuáles son las funciones económicas del Estado:

1. Fomentar la eficiencia, preocupándose de controlar el mercado y favorecer la competencia, evitando los abusos monopólicos, las colusiones, el uso de información privilegiada, etc.; luchando contra los daños medioambientales, protegiendo los bienes públicos (bosques, ríos, lagos); recopilando los impuestos que le permitan llevar a cabo sus funciones.
2. Fomentar la equidad, estableciendo impuestos progresivos (el que gane más, que pague más), sistemas de transferencias a los sectores más modestos (ayudas al adulto mayor, personas con discapacidad, o sea, una red de seguridad social) y subvenciones al consumo (asistencia médica, viviendas sociales, etc.).
3. Fomentar la estabilidad económica, mediante la utilización de sus poderes fiscales (capacidad de gastar para influir en los ritmos de la actividad económica, con programas de obras públicas, programas de empleos, etc.) y los poderes monetarios (función del Banco Central, para controlar principalmente mediante los mecanismos del mercado la esfera financiera, los bancos, la oferta monetaria, los tipos de interés, condiciones crediticias, etc.).

Así, pues, no se trata de una discusión filosófica o académica sobre el Estado. Más bien se trata de qué tipo de país queremos, un país de negocios y empresarios, o un país más solidario, preocupado de la equidad y del medio ambiente. En esto debe poner el acento la campaña.


23.10.2009

18.10.09

Una derecha nada liberal

Carlos Peña

El Mercurio, domingo 18 de Octubre de 2009

Los senadores Allamand y Chadwick abogan -en un documento divulgado esta semana- por regular las uniones de hecho. No distinguen entre la convivencia de personas del mismo o distinto sexo.

Si la propuesta tuviera éxito, no sólo beneficiaría a parejas heterosexuales.

También gays y lesbianas podrían celebrar algo que no es matrimonio; pero se le parece.

Podrían compartir su esfuerzo, adquirir viviendas mediante subsidios, decidir el destino de sus bienes para después de sus días acceder a una pensión para el caso de muerte del principal sustento, demandar socorro recíproco.

En una palabra, lograr que sus condiciones materiales de existencia reflejen su compromiso afectivo.

Al explicar la propuesta, Piñera dijo que él creía en el matrimonio; pero, agregó, no podía dejar de atender la situación de casi dos millones de personas que viven su afectividad al margen de la ley. Casualmente o no, Piñera distinguió, con total claridad, algo que está en el centro del pensamiento liberal: las preferencias personales (lo que cada uno estima que es mejor para sí mismo) de las preferencias externas (lo que cada uno cree es mejor para los demás). Lo que usted prefiere para sí mismo, y lo que usted preferiría para su vecino.

¡Hasta la Iglesia -mediante el obispo Goic- consideró legítima la solución!

Desgraciadamente bastaron dos o tres quejas de los sectores conservadores, para que los problemas que la derecha tiene en esta materia afloraran.

El senador Allamand -para quien, de un tiempo a esta parte, la política se reduce a no molestar al conservantismo aun al precio de desdecirse- se apresuró a aclarar que, por supuesto, que cómo alguien podría pensarlo, que él ¡jamás! pretendió unir legalmente a parejas homosexuales.

¿Cómo explicar esa cantinflada?

Las reacciones frente al proyecto muestran cuán poco liberal es la derecha chilena. Y cuánto pesa en ella, social y políticamente, el catolicismo tradicional, ese de raíz agraria, más o menos simplón, que reduce la fe a a la existencia del Más Allá; la virtud a un código de moral sexual; la fidelidad a la oración y la penitencia; la caridad a los días de fiesta religiosa; la comunidad a la misa; y casi todas las bondades de la vida social a la existencia del matrimonio.

Para esa derecha, la manera en que la gente organiza sus afectos y su sexualidad no es un asunto que incumba sólo a los directamente involucrados. Esos sectores piensan que hay formas de familia -por ejemplo las uniones de hecho heterosexuales y para qué decir las de gays o de lesbianas- que degradarían aquella forma única a la que, por mandato de la naturaleza, deberíamos someter nuestras vidas. Ellos piensan que no es posible distinguir -como en cambio lo hizo Piñera- entre lo que usted prefiere para sí mismo y lo que su vecino prefiere para él. Creen que la pregunta acerca de cómo debe vivir usted y cómo debe vivir su vecino, admite una única respuesta.

En otras palabras, esos sectores establecen, sin más, una estricta coincidencia entre la forma de vida a la que dicen adherir y aquello que están dispuestos a aceptar para los demás en la esfera pública.

El problema de Piñera entonces no es lo que él piensa -en esta materia está en lo correcto- sino la capacidad que tenga de domeñar a esos sectores, casi toda la derecha dicho sea de paso, que creen que hay una única forma de vida familiar, respecto de la cual todas las demás serían expresiones decaídas, vergonzantes, torcidas o dañinas.

Es el puñado de convicciones que ha hegemonizado a la derecha y ha rendido incluso a quienes parecían sus cabezas más lúcidas: presumir que ella está aquí para impedir el desorden; evitar que los demás seres humanos nos vayamos al despeñadero; y continuar la lucha por la moral de párroco, sólo que ahora con los medios de la política.
Romances interruptus


1. Pancho ha hecho venir a su hija veinteañera a Montréal. Quiere tratar de convencerla de que se quede. “Es bonita”, me dice Sergio, un amigo. Acepto, entonces, la invitación del feliz y orgulloso padre a conocerla.

Es la lozanía personificada, con el sol de San Javier en las mejillas, con la frescura de una sandía en día de calor. Inconscientemente, enderezo la columna, mi paso se pone elástico, sonrío un poco de lado, extiendo el pecho para un abrazo abarcador...

- Hola, tío, me dice, mi papá me ha hablado mucho de usted y de sus hijas...

2. Gaby es colega de trabajo. Se desliza por los pasillos, mirando el piso, caminando rápido, una semisonrisa en los labios. Me recuerda una graciosa ardillita. Está orgullosa de sus dos hijos, un tanto preocupada por su marido que trabaja en el transporte marítimo, lo que la obliga por períodos a tomar el timón total del hogar. Es delgada, eficiente, atenta. Emana de ella un cierto atractivo. De vez en lejos, deslizo un piropo soft, y ella sonríe, tratando de evitar el rubor.

En un cóctel de la oficina, estamos lado a lado. Después del segundo pisco sour, le digo una galantería. En cierto momento, me mira sonriendo:

- Usted es muy parecido a mi papá...

La miro con sorpresa.

- ... pero mi papá tiene el pelo más negro, termina.

Esa tarde me retiré bastante temprano del cóctel.

PAM/
09.09.09

3.10.09

Los dos golpes de Estado

De lo ocurrido el 11 de septiembre de 1973, hay un aspecto que se destaca poco: ese día hubo dos golpes de estado. Uno en el estricto sentido del concepto, dado contra la autoridad legítimamente constituida, contra dos de los poderes del Estado, el Ejecutivo en primer lugar, pero también contra el Legislativo, que fue disuelto (el tercero, el Judicial, no necesitaba ningún tipo de intervención, como lo demostró concienzudamente a lo largo de 17 años de dictadura).

Ese día, los uniformados y sus cómplices civiles olvidaron ciertos artículos de la Constitución Política del Estado de 1925, vigente en ese momento. Por ejemplo, el Art. 22: “La fuerza pública es esencialmente obediente. Ningún cuerpo armado puede deliberar”. También el Art. 23: “Toda resolución que acordare el Presidente de la República, la Cámara de diputados, el Senado o los Tribunales de Justicia, a presencia o requisición de un ejército, de un jefe al frente de fuerza armada o de alguna reunión del pueblo que, ya sea con armas o sin ellas, desobedeciere a las autoridades, es nula de derecho y no puede producir efecto alguno”. Más grave aún, arrojaron al tacho el Art. 3º: “Ninguna persona o reunión de personas puede tomar el título o representación del pueblo, arrogarse sus derechos, ni hacer peticiones en su nombre. La infracción de este artículo es sedición”. Y lo principal, el artículo 4º: “Ninguna magistratura, ninguna persona ni reunión de personas pueden atribuirse, ni aún a pretexto de circunstancias extraordinarias, otra autoridad o derechos que los que expresamente se les haya conferido por las leyes. Todo acto en contravención a este artículo es nulo”.[1]

Como dice un tratadista, tomar el poder por la fuerza no es un procedimiento jurídico de investidura gubernamental, pero es un procedimiento muy empleado en la práctica[2]. Aquí, una minoría ganó la batalla de las ideas y logró que sus intereses económicos se confundieran con los valores de la democracia y la nación, arrastrando a parte del parlamento, al poder judicial y las FF AA, con las cuales estaba unida por un cordón umbilical ideológico, hecho en buena parte de adhesión a principios valóricos teóricos, de temor al cambio y de desprecio a todo lo que olía a popular, a pueblo. Todo golpista busca luego justificaciones nobles a las peores y más bajas acciones. Lo que han logrado –pero implícitamente, porque nadie quiere hacerlo explícito, dadas las consecuencias- es demostrar que todos los valores e instituciones son relativas, incluyendo el honor, el respeto por el juramento dado, por la vida, la libertad, la salud de los demás, y la simple decencia.

El segundo golpe de estado se dio al interior de varias ramas de la defensa nacional. El almirante José Toribio Merino era hasta el 10 de septiembre subalterno inmediato del titular, almirante Raúl Montero, a quién suplantó en un golpe de fuerza como Comandante en jefe de la Marina. Lo mismo hizo el general César Mendoza, cuarta antigüedad hasta la víspera, reemplazando al general José María Sepúlveda como Director General de Carabineros. Allende había nombrado a Pinochet como Comandante en Jefe del ejército el 23 de agosto, ante la renuncia de Prats, presionado por el cuerpo de generales, incluida una manifestación ante su casa de un grupo de esposas de generales, y temeroso de romper la unidad del Ejército. Gustavo Leight había reemplazado hacía poco a César Ruiz Danyau, renunciado ante su negativa a continuar en el gabinete de ministros. Así, el golpe fue preparado por comandantes en jefe recién nombrados y por oficiales que no eran la primera antigüedad, que complotaron a espaldas de sus propios superiores jerárquicos. Ante esto, francamente, los conceptos de respeto por la línea de mando, de lealtad, de honor, se me confunden un poco.

Sobre las circunstancias que habrían empujado al golpe de estado se ha discutido –pero sobre todo se ha tergiversado- mucho. Tanta tergiversación requiere ir a lo esencial. Lo primero: la UP no estaba preparando ningún autogolpe, ni estaba en su programa el hacerlo. Después del 11 de septiembre no se encontró nada que lo probara. Segundo, no tenía los medios ni las condiciones objetivas ni subjetivas –para emplear un lenguaje de moda en aquellos tiempos- para hacerlo: no se prepararon ni para luchar, ni para esconderse, ni comprendieron la naturaleza de la reacción que se estaba preparando, como hemos expuesto en otro artículo. A lo más, puede acusarse al PS, el Mapu, la IC, la JRR y sobre todo al Mir, de ser boquilargos, hocicones, terroristas del lenguaje e imbéciles de hecho, irresponsables copiones de aspectos externos (lenguaje y hasta modo de vestirse) de experiencias extranjeras. Las víctimas de la represión, el heroísmo de varios cientos que lucharon largos años en la clandestinidad, sin medios salvo el corazón y los cojones, no pueden dejar de lado esta triste verdad. Por otra parte, la UP nunca tuvo una política de Estado de represión y persecución de los adversarios políticos. Todas las instancias, instituciones, elementos constitutivos de una sociedad democrática funcionaron a pleno régimen durante su gobierno.

El golpe de estado se dio por una sola y única razón: por la defensa de intereses económicos amenazados por la política del gobierno. La constitución del sector estatal de la economía y la reforma agraria eran el enemigo, no una hipotética república de trabajadores ni la dictadura del proletariado. Todas las políticas implementadas posteriormente por la dictadura así lo muestran. La doctrina de la Seguridad nacional (enemigo interno que debe ser destruido a toda costa, fronteras ideológicas, defensa del mundo libre por todos los medios) era el medio. El liberalismo a ultranza (el mercado regula todo, rol subsidiario del Estado, el proceso de privatizaciones, la educación y la salud como mercancías, el Plan laboral, etc.), el objetivo. Se torturó, asesinó, exilió, por razones de sana economía. Y no es una caricatura.


PAM/

1987

[1] Los mismos preceptos son recogidos por la Constitución de 1980, impuesta por la dictadura en un plebiscito lleno de irregularidades. Ver en particular el artículo 7º.
[2] Maurice Duverger, Institutions politiques et Droit constitutionnel, Presses Universitaires de France, Paris, 1965, p.126.

11.9.09

El boina negra

La dueña de casa nos mira cada vez más inquisitiva e insistente cuando bajamos al primer piso. Arrendó a Julián, sus dos hermanas y su novia. Pero han aparecido otros tipos por allí, el Pollo Ruz, yo, algunos más, por una mañana, una tarde, algunas noches. Su hijo es amable. Hace algunas preguntas, las respuestas son evasivas. La señora está inquieta, más aún después de las noticias de cada día, llenas de atentados inverosímiles –difícil arte ser terrorista cuando se está en fuga desesperada-, con exhibición de armas que parecen retrato de familia por lo repetidas, siempre las mismas, sólo debe cambiar el color del paño sobre el cual descansan para ser filmadas –quizás ni eso, la televisión es en blanco y negro en el país. Pero tanto barbudo de melenas desgreñadas y mirada torva en la tele debe quitarle el sueño a la dama. En las noches, las patrullas militares disparan a la luna para crear el ambiente... Hay que bajarle el nivel de nerviosismo a la propietaria. Julián empieza a buscarme otro lugar para pernoctar.

Una tarde, Julián me hace señas de seguirle. Una micro, otra, una tercera. He olvidado el rumbo. Golpea a una casa. Abre un joven. Baja estatura, delgado, ojos orientales, barba tímida de cuatro pelos colgando. Arcadio, alias Ho Chi Minh. ¡Qué idea, traerme a casa de un ex lumumbino! Nos recibe con su parca sonrisa, mostrando sus dientes de gran fumador, que no lo es. Nos lleva a su cuarto. En un rincón, un librero. Una veintena de libros en ruso. Los enigmáticos signos cirílicos se extienden en las páginas, subversivos, provocadores, enigmáticos, hablando de resistencia de materiales, murmurando versos desesperados de Pushkin, pero que bien podrían aparentar tratados de terrorismo... Ante mi mirada interrogante, Ho Chi Minh se encoge de hombros, fatalista, son mis libros, con ellos trabajo, ¿quemarlos?, no, coño... Un álbum de fotos de la universidad. Difícil reconocernos, son tan largos cuatro años en estos tiempos. Como en imagen acelerada, en esas imágenes aparecen y desaparecen bigotes, barbas, las cabelleras crecen y se recortan. Hay más optimismo que interrogantes en esas miradas claras. Hay prados, bosques, lagos, sol, mesas recargadas de libros, de botellas, comida, grupos abrazados, brazos al aire, desafiantes. Por ahí aparecen las murallas del Kremlin, grupos enarbolando banderas en algún Primero de Mayo, bosques de cipreses, stands imponentes de la Exposición permanente de logros de la economía nacional, parece escucharse la música del Parque Gorki... Aparece un álbum familiar. Los padres. Algún pariente. Una hermana veinteañera. Un joven de rasgos que quieren ser duros, de mirada melancólica, con fiero uniforme de boina negra, el novio de la hermana... ¿Dónde he caído?... Conversamos en voz baja sobre los últimos días, de trozos de información sobre condiscípulos. Haber estudiado allá es ahora –todavía hoy, veinte años después, los prejuicios tienen la vida larga- parte del lado oscuro de la vida personal...

A la cena, la familia y dos extraños. Yo, más que el otro, el novio, que ha llegado, recatado, amable. La conversación es un intercambio de murmullos. Banalidad cotidiana, intemporal, impermeable a lo que ocurre fuera de aquellos muros. Ho habla de buscar trabajo, en el aire queda que somos profesionales recién egresados de alguna universidad. Está difícil, dice Ho, y pienso que como eufemismo está bueno, mientras corto con esmero el bistec, sorteando las papas fritas para mantenerlas en el plato, bebiendo el vino a pequeños sorbos, para no ahogarme ni bajar defensas, nada que llame la atención del gentil novio sobre mí. Pero él aparenta indiferencia, como quitando importancia al hecho que desde hace unas semanas el uniforme es poder. La futura suegra lo distrae con sus atenciones. El problema es que quiere también meterle conversación.

- Que bueno que ya no hay colas, ¿verdad? -Ho se mete aún más en su plato-, ya se puede encontrar de todo en el mercado. De pronto, la mamá apoya el tenedor y el cuchillo en la mesa, dientes y filo hacia arriba, mirando ella también hacia el techo. Que raro, ¿verdad?, se le escapa, cuando hace tan poco no había nada... Se detiene confusa, se sofoca, tose, abra grandes ojos, mira a uno y otro...

- Es tan rara la economía, mami, dice Ho...

El novio sonríe, comprensivo. La suegra se toma de esa percha y le pregunta efusivamente por su trabajo. Y él cuenta, cuenta, como funcionario meticuloso que se explayase sobre memos recibidos, memos enviados, timbrados, clasificados... Una patrulla entra una de las primeras noches en una población, cuenta. Van en un bus. Le llega una bazukazo. Algún muerto, heridos, se retiran (los soldados no huyen), llegan refuerzos como se debe, en masa, bien pertrechados, veinte-treinta a uno el resultado final de caídos, heridos muchos más, prisioneros concienzudamente interrogados. Hay algunos prisioneros recalcitrantes, sin signos de arrepentimiento. Entre los que ustedes atacaron había gente de la marina y la aviación, les dicen, ustedes han entrado en relación con la Marina y la Aviación, carajo, deben conocerlas por dentro, merecen honores especiales, les dicen, y los embarcan en helicópteros, que vuelan y vuelan, largo rato, y les muestran la luna reflejándose en el mar, báñense en la luna, es gratis, atención de las fuerzas armadas, y los tiran, sus gritos no se sienten, sus cuerpos no flotan, porque van con el cuello y el vientre abiertos...

El novio boina negra suspira. Hay gente que no entiende, pero ya entenderán... Bebe un sorbo de vino. Pregunta a la novia si irán al cine al día siguiente, olvidado ya del tema. Era sólo uno de tantos asuntos despachados por colegas suyos. Una anécdota de trabajo. ¿Quién se interesa en seguir hablando de trabajo? Ahora está en sus horas libres[1]...

PAM/ 1987

[1] En la población Nueva La Legua -toma de terrenos que venía desde 1946-, algunos pobladores, junto con trabajadores del Cordón Vicuña Mackenna, sobre todo de Mademsa y Madeco, con militantes de diversos partidos y del GAP, deciden resistir. A las 13 horas del 11 de septiembre, habían aparecido allí trabajadores de Indumet, armados. A las 14.00 hrs se inicia un choque con una patrulla de Carabineros en un bus y tanquetas; al atardecer, éstos se retiran. En los días siguientes, fuerzas militares tratan de entrar, sin gran convicción. Viernes y sábado hubo patrullaje de helicópteros, de aviones de la Fach. En la madrugada del domingo 16, La Legua es copada en un masivo allanamiento. La mayoría de los resistentes evaden el cerco. Cuando llegan las tropas, sobre todo de la Fach, arrestan a numerosos pobladores y los trasladan a El Bosque, al Estadio Nacional, y luego a Chacabuco y Puchuncaví.

4.8.09

Vida fugaz

Vida fugaz

Es martes hoy, 9:20 hrs. Hace un poco de frío. Espero a mis alumnos en una sala del quinto piso. Miro por la ventana. El mar está agitado. Altas olas, con crestas blancas tras el choque con la maciza roca de la orilla, en esa playa Piedra Feliz, sector Torpederas, de Playa Ancha.

En el camino que la bordea, veo estacionadas patrulleras de Carabineros, ambulancias, autos de la marina. En el agua, lanchas haciendo dibujos ansiosos; figuras que a lo lejos parecieran focas, pero son buzos tácticos, que aparecen y desaparecen, suben a las rojas y se lanzan contra las olas. En el aire, un helicóptero hurguetea, gira sobre sí mismo, se aleja, vuelve... Todos buscan.

Al cabo de dos horas, se retiran. La han encontrado. Francisca Silva Benavides fue secuestrada el sábado desde el patio de su abuela por un vecino de 37 años. La golpeó, la violó, la asfixió y fue a tirarla como muñeca rota a Las Torpederas.

La vida ofrece la oportunidad de conocer maravillas (el cariño de los padres, amigos, el mar...), aprender las mecánicas y el calor de la vida... Pero a veces la vida es demasiado fugaz.
A sus cinco años, Francisca conoció el lado amable de este tránsito y se encontró con la crueldad –seguramente no la comprendió- sólo en su último día de vida.

Así lo espero.

PAM/
04 agosto 2009.

27.7.09

El caso hondureño y la nueva ciencia política

En la madrugada del 28 de junio pasado el presidente de Honduras, Manuel Zelaya, fue sacado en paños menores por militares desde su residencia, puesto en un avión y enviado a Costa Rica. Inmediatamente se constituyó un gobierno de facto encabezado por el presidente del congreso.

Existe cierto consenso en describir al personaje como un hombre de derecha, populista y anticomunista. Vale decir, del mismo signo político de quienes lo derrocaron. Los detalles de lo ocurrido posteriormente son bien conocidos. Es interesante mencionar las razones que se han dado para justificar el pustch.

La razón inmediata habría sido que Zelaya en vísperas de las elecciones presidenciales, decidió convocar un referéndum para someter a consulta a la ciudadanía la posibilidad de hacerse reelegir presidente de la República. A partir de esto, se ha desatado una extremada capacidad de extrapolación de sus adversarios. ¿Por qué Zelaya habría decidido tomar esta iniciativa?

En primer lugar, por el obvio deseo de hacerse reelegir. ¿Por qué quería hacerse reelegir? Porque habría sido seducido por Fidel Castro y habría aceptado entrar a formar parte de la “banda de los cuatro”, integrada por Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador, y la tentativa de hacerse reelegir tenía por objetivo “hacer méritos” para ser admitido a cabalidad. En esos cuatro países supuestamente existe una “dictadura constitucional”, gracias a un modelo de instrumentalización de la dinámica de la democracia. Dicho modelo obedecería al “proyecto geo estratégico del castrismo”, que no ha cesado en su empeño desde 1959, y que hoy Hugo Chávez ha tomado como bandera. Hoy la guerra de guerrillas habría sido reemplazada por la manipulación del sufragio.

Existiría “un contexto geopolítico creado por una voluntad de resquebrajar las instituciones para imponer un modelo totalitario de gobierno que se legitima en lo que se ha convertido ya en una ficción, en una figura esperpéntica: en elecciones repetidas, trucadas, manipuladas, a las que se les ha vaciado de su verdadero sentido que so pretexto de haberlas ganado, esos mandatarios se dedican sistemáticamente a violar las Constituciones nacionales, a intervenir sistemáticamente en otros países, y a mantener un clima insurreccional fuera de sus fronteras”. Por esto, “los analistas deberán reflexionar sobre los acontecimientos de Honduras con una lente más fina que aplicarle el simple análisis de la defensa del ‘presidente democráticamente electo’”. En efecto, “la iniciativa que acaban de realizar las Fuerzas Armadas hondureñas es un gesto inédito en la historia del continente. Por mandato del los poderes públicos intervienen y deponen al presidente en nombre de la salvaguarda de las instituciones, y por respeto a ellas, - puesto que aquel que debía ser su garante, el presidente de la República, las estaba violentando -, y le entregan el poder a los civiles”.

En el caso hondureño, la sola existencia de una cuarta urna despertaba suspicacias, afirman los defensores del golpe, agravadas por el tenso y crispado ambiente generado por las visiones divergentes sobre el camino democrático a seguir. Por muy inocuas que fueran las preguntas, e incluso no fueran vinculantes, como asegura ahora el saliente Presidente Zelaya, llama la atención la incapacidad de los decisores para no advertir lo que se avecinaba ni haber sabido tomar la temperatura ambiente de lo que ocurría efectivamente en el país. Una opción plausible es que supieran el clima y, pese a ello, hayan optado por forzar la creación de una situación revolucionaria. Sea lo que fuere, estamos en presencia de un enfrentamiento entre dos modelos de democracia, afirma el perspicaz analista progolpe.

Hasta aquí el análisis del golpe que algunos han adoptado para justificarlo. ¿Qué podemos acotar al respecto?

1. Este enfoque “novedoso” ignora olímpicamente el ordenamiento jurídico interno (cuyo objetivo esencial en cualquier país debería ser el bien común, la administración de las conflictos por vías pacíficas, mediante la difusión del poder en instituciones que juegan el papel de contrapesos mutuos, la negociación, etc.), el derecho internacional, la institucionalidad latinoamericana (incluyendo la Carta Democrática Interamericana de 2001), la historia sangrienta de los golpes militares y los logros de las dos últimas décadas en la recuperación de la democracia. Significa establecer que todas las constituciones actuales son inamovibles, y declarar bajo sospecha toda tentativa de modificarlas.

Tendremos que informar a los candidatos presidenciales chilenos (a todos) sobre este tema y que, si insisten en sus propuestas de modificar la Constitución, deben ir preparando sus pasaportes y una muda de ropa.

2. Las extensas citas anteriores dejan clara una situación: se dio el golpe por lo que Zelaya podría haber realizado eventualmente en el futuro. Dichas sospechas se fundan en el contexto de la existencia de chicos malos en la zona latinoamericana (Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, que serían “dictaduras constitucionales”, se afirma, sin mayor esfuerzo de fundamentación). ¿“Sospechas por entorno”, podríamos llamarlas? Aquí se aplicaría netamente, según dicho análisis, aquello que decían nuestras abuelitas: dime con quién andas y te diré quién eres; más vale prevenir que curar, etc.

¿Sería ésta una nueva versión de la antigua doctrina militar de la “guerra preventiva”, acción armada que se emprende con el objetivo (real o pretextado) de repeler una ofensiva o una invasión que se percibe como inminente, o bien para ganar una ventaja estratégica en un conflicto inminente? O de lo que decían en el barrio: “el que pega primero, pega dos veces”.

O quizás el futuro ha llegado. En 1956, el autor de ciencia ficción Philip K. Dick escribió un relato corto futurista intitulado The Minority Report (llevado a la pantalla en 2002 por Steven Spielber, con el título en castellano de Sentencia previa). Tres personas con capacidades precognitivas, los Precogs, ayudan a la policía de la Unidad de Precrimen a descubrir los delitos antes de que se produzcan y a arrestar a los criminales antes que lleguen a serlo en la realidad. John, policía perteneciente a la Unidad de Precrimen, un día de servicio descubre que los precogs están prediciendo que él dentro de escasas horas acabará con la vida de una persona a la que no conoce. John escapa en un intento de demostrar su inocencia y descubrir los sucesos que le arrastrarán hacia el inexorable homicidio. En dicha sociedad y época no caben los interrogantes sobre la infalibilidad de los precogs. Así que el amigo John está jodido, no más.

Por lo visto, los golpistas de Honduras tienen sus propios precogs que, además, tienen visión geopolítica.

En este golpe militar, todavía con algo de opereta pero que podría derivar en masacre, lo importante no es Zelaya, sino el largo proceso de establecer y fortalecer la democracia en América Latina. Que esto no tienen nada de discusión académica lo demuestra la sangre derramada por los ciudadanos en las últimas décadas, incluido Chile.
PAM/
26.07.09

26.7.09

El precio de rejuvenecer

El precio de rejuvenecer

Es una tendencia loable abrir las puertas a las nuevas generaciones, esperando que traerán un aire fresco, sensibilidades o ideas nuevas, o por lo menos enfoques diversos.

Pero la política, sobre todo en época de elecciones, es un mundo diferente en el peor de los sentidos. Aquí no se enfrentan ante todo cosmovisiones, programas, carpetas llenas de propuestas. No es boxeo, en que se enfrentan técnicas exquisitas del arte de la defensa, sino catch as can, lucha libre. No se intercambian versos y flores, sino zancadillas y golpes bajos. Para entrar a esta arena no se requiere solo piel dura, buenos reflejos, sino experiencia de la vida, sobre todo de esta forma particular de vida que es la actividad política y, repitamos, sobre todo en lo electoral.

Hace unos tres años escribimos en este blog un artículo titulado “Femicidio político”, a propósito de los difíciles inicios del gobierno de Bachelet, víctima, decíamos, de algunos de sus propuestas innovadoras respecto a los equipos de gobierno: nadie se repetiría el plato, paridad de género, una cierta distancia de los partidos, etc. El resultado fue un equipo que aprendía junto con la Presidenta a realizar la tarea de gobernar. Cosa complicada, más aún en el caso de una recién llegada a estas ligas, carente de las redes de apoyo partidarios y transversales, en el PS y en la Concertación. Un pollito nuevo que quería dar lecciones y demostrar que “se la podía sola”, según la percepción de los barones de los partidos.

Bachelet tuvo que dejar de lado en parte sus postulados sobre los equipos. La experiencia y las redes intra y extra institucionales son irreemplazables. Ingresaron rostros conocidos. Las tasas de apoyo que hoy tiene la Presidenta demuestren que lo ha hecho más que bien. El secreto, más allá de las cualidades personales, que son lo primero, es que rápidamente distinguió lo esencial de lo secundario. Lo fundamental era cumplir el programa de gobierno, ejercer su liderazgo sobre sus equipos, infundir confianza en los ciudadanos sobre la base de las realizaciones, etc. Lo secundario era quién estaba en los equipos (salvo la capacidad, la inteligencia social, la experiencia, el poder de comunicar con la sociedad).

¿A que viene lo anterior? A que Frei, empujado por los cambios que ha experimentado la sociedad, los largos años de gobierno de la Concertación y la propaganda de la derecha sobre “el cambio” (nunca bien explicitado, con un punto de partida nunca reconocido), ha sucumbido a la misma trampa que Bachelet candidata.

Un primer ejemplo, portavoces desconocidos, sin experiencia política ni contactos, que han cometido deslices que no pueden ser relativizados por su juventud. Uno de ellos, tratando de solidarizar con pobladores que serían desalojados por la fuerza pública, envía un dramático mensaje por twitter diciendo que estaban bajo el ataque de carabineros y que él mismo estaba siendo arrestado, resultando luego que era falso; otra, levanta una polémica a propósito del rol que la esposa de un candidato y figura televisiva estaba jugando en la campaña, llamando a su empleador a ocuparse del asunto, olvidando que uno de los temas discutidos era el rechazo de la Alianza al derecho de los funcionarios a actuar como ciudadanos, etc.).

Un segundo ejemplo, el borrador del programa de gobierno elaborado durante meses por una entelequia llamado “Océanos azules”, sin participación de los partidos de la Concertación. Recién ahora se están realizando reuniones entre ambos.

Una rápida conclusión. En la vida todo es una combinación entre estabilidad y cambio. Mala cosa es dar la impresión que no se conocía esta verdad de Perogrullo. Peor aún, que se la descubrió por la insistencia machacona del adversario, cuya propuesta es, intrínsicamente, la vuelta atrás.

PAM / 26 julio 2009

20.6.09

Cifras del Registro Civil:
Fuerte aumento registran las inscripciones de chilenos nacidos en el extranjero
Una reforma a la Constitución en el año 2005 permite que estos niños puedan optar a la nacionalidad de sus padres sin haber vivido en el país. Sólo entre ese año y 2006, los inscritos crecieron en casi 30%.

Gabriela Bade M.

"¡Vacaciones!". Eso es Chile para Diego Schneider Vergara. Él tiene 11 años, es el hijo menor de un matrimonio de chilenos que se fue a Canadá hace 21 años, y hasta hace poco sólo tenía documentos de identidad canadienses. Ahora, gracias a un cambio en la Constitución en el año 2005, pudo optar a la nacionalidad de sus padres, sin haber tenido que vivir un año en el país, como antes se exigía. Y, dentro de poco, tendrá pasaporte con huemul y cóndor en la portada.
Él es un chileno nuevo. Y como él, son miles los hijos de chilenos que están haciendo el mismo trámite. En 2006, un año después de la reforma constitucional, según datos del Registro Civil, el número de inscripciones de nacimiento de chilenos en el extranjero aumentó un 29%. En los últimos tres años el número de inscritos suma 69.406. En los 10 años previos el total fue de 77.743.

"Esta reforma les permitió a muchos compatriotas volver a sentirse parte de la familia chilena", explica Anita de Aguirre, directora para las Comunidades Chilenas en el Exterior del Ministerio de Relaciones Exteriores. Claro que ella también se refiere a los que por motivos no deseados tuvieron que renunciar a su nacionalidad y que ahora han podido recuperarla (ver recuadro).
Soñando con la Roja
Con un acento que tiene un poco de francés, de inglés y de español, Diego y sus hermanos Geru (16) y Samuel (15) no saben hoy si algún día vivirán en Chile. Pero sí saben que acá está casi toda su familia, que lo pasan bien con ella cuando vienen de vacaciones con sus padres Juan y Soledad; que las empanadas son ricas, que el clima es agradable y que "las chicas son más lindas".

El único que tiene un plan para Chile es Samuel. Él juega fútbol y lo hace en el equipo de su colegio y en el Club Chomedey de Montreal. "Me gustaría jugar en cualquier parte del mundo. Pero, principalmente, me gustaría jugar por la selección de Chile", cuenta. Y habla en serio. "En alguno de los próximos viajes que haga, me gustaría mostrar lo que hago", agrega.

Para ese próximo viaje, ninguno de estos hermanos volverá a pagar los 132 dólares que debe desembolsar un canadiense cada vez que entra a Chile por concepto de reciprocidad (impuesto que también pagan estadounidenses, mexicanos, australianos y albanos).

Y ése es uno de los pocos beneficios prácticos que podría tener la obtención de la nacionalidad chilena. El otro es quedarse en el país sin límite de tiempo. Para otros beneficios, como pensiones solidarias, por ejemplo, es necesario vivir en Chile al menos 5 años.

Es decir, el factor emocional es la clave tras la mayoría de estas tramitaciones. Sobre todo cuando se trata de chilenos que viven en países desarrollados, como Estados Unidos, Canadá, Australia o los de la Comunidad Europea.

"Por lo general, son hijos de chilenos que vinieron a intentar el sueño americano. Ésas son las personas que acuden. Pero es una colonia bastante heterogénea y no me atrevería a elaborar un perfil único sobre ellos", explica el cónsul de Chile en Washington, Christian Hodges-Nugent.

En el Consulado de Chile en Los Angeles, la situación es parecida. Pero agregan un dato. Como la ley permite que los mayores de edad se inscriban sin necesidad de los padres, "se dan casos de hijos de chilenos que se nacionalizan por su cuenta. Sus padres se quedan en Estados Unidos y ellos vuelven", cuenta el canciller Enzo Trucco.

¿Cómo se hace? El interesado debe llevar un documento que acredite la nacionalidad chilena de su padre o madre. El consulado lo envía a Chile, y tras unos meses, recibe de regreso un número de identidad o RUN.
Nacidos versus inscritos

Muchos de los chilenos nacidos en el extranjero y que están recién inscritos en el Registro Civil no son recién nacidos. Hay personas de 30 y más años que han hecho el trámite. Por eso, el demógrafo del INE, Gustavo Villalón, explica que para establecer la cantidad de nacimientos en el país hay todo un proceso de depuración de los datos. Un comité tripartito entre el INE, Registro Civil y Minsal trabaja durante un año y medio en establecer las cifras reales. Por eso, recién a fines de este año, por ejemplo, se conocerán las estadísticas vitales de 2007. Y, ojo, los chilenos que nacen en el extranjero no entran en la estadística.

Los que recuperan el pasaporte

Según la Dirección para las Comunidades Chilenas en el Exterior, unas 360 mil personas en el mundo podrían obtener y recuperar su nacionalidad chilena. En el primer caso, se refiere a los hijos de chilenos. En el segundo, a aquellos chilenos que salieron al extranjero y que por razones no deseadas debieron renunciar a su nacionalidad de origen para adquirir la del país de residencia para poder trabajar, estudiar o tener beneficios de salud.

Es el caso de Luis Garrido, un periodista chileno que vive en Suecia hace 30 años. Él recuperó su nacionalidad tras hacer una declaración jurada en la que dice que tuvo razones imperativas para renunciar a su nacionalidad. Con esto se elimina una anotación que le impedía renovar su pasaporte.

El Mercurio
20.06.09

15.6.09

La adolescencia como política

La política chilena puede caracterizarse según cuál tipo de ética ha predominado. Los setenta -los de Miguel Enríquez- fueron años de convicciones. Los noventa -los de Aylwin- fueron de responsabilidad. Si Enríquez-Ominami llegara a tener éxito -y a juzgar por su discurso- a estos años habría que denominarlos los años de la adolescencia.
Carlos Peña

Hay dos tipos de políticos.

El primero cultiva la ética de la convicción, el otro la ética de la responsabilidad.Uno de ellos piensa que sólo responde por la pureza de sus ideales, sea cuales fueren sus consecuencias; el otro, en cambio, se siente responsable por las consecuencias y, a la vista de ellas, es capaz de demorar sus ideales.

En Chile ha habido de ambos.

Miguel Enríquez fue de los primeros. Él pensó que la tarea del político era la de mantener viva la llama de la pura convicción, la llama, por ejemplo, de la injusticia del sistema de clases. Él creyó que su tarea consistía, ante todo, en avivar esa llama y se mostró más dispuesto a exhibir la pureza de sus convicciones (incluso al precio de la vida propia y de la ajena) que a hacer lo necesario para realizarlas.

Patricio Aylwin, en cambio, fue de los segundos. Él supo que en la vida democrática los propios ideales -también los tiene firmes- se alcanzan a retazos y que sólo se puede dar un paso cada vez. Él creyó que la política se parecía a horadar lenta y profundamente unas tablas duras (sin nunca ceder a la tentación de romperlas).

La historia política de Chile podría escribirse según cuál tipo de ética ha predominado. Hubo años de la ética de la convicción (es el caso de la izquierda de los setenta). Ha habido años de ética de la responsabilidad (fue la que guió la transición).

Lo que hasta ahora, sin embargo, no se conocía, era una ética que ni tiene convicciones, ni atiende a las consecuencias.

Como quien dice, una ética del vacío.

La inauguró Marco Enríquez-Ominami.

Si atendemos a su discurso (al oírlo uno tiene la impresión de que hace esfuerzos para que la abundancia de palabras oculte la falta de ideas) los conceptos que lo guían son más bien delgados: molestia por el sistema de partidos, una obvia ojeriza hacia la clase política, un porfiado empeño en rencillas personales, una excesiva delectación consigo mismo, algunas cuantas ocurrencias y poco más.

Hay en todo eso algo adolescente. Su adolescencia no deriva de las críticas que formula (algunas de ellas acertadas) sino de la convicción que él (un político profesional, hijo de un político profesional y un heredero de políticos profesionales) no tiene nada que ver con la maldad y la estupidez del sistema que critica.

Es difícil pensar que una figura como esa -huérfana de partidos y embriagada de adolescencia- pueda renovar la política, cambiar el rumbo de la Concertación, sentar las bases de una democracia deliberativa o llevar adelante un proyecto de mejora y reforma del Estado.

Menos si, a contar del viernes, es oficialmente un outsider.

Outsiders ha habido en casi todas las elecciones presidenciales desde 1989. Algunos fueron pintorescos (Francisco Javier Errázuriz), otros dignos (Max-Neef), otros más bien patéticos (Frei Bolívar).

Casi todos -como hoy día Marco Enríquez-Ominami- pensaron que la voluntad individual podía prescindir de los partidos (o inventarlos), que la clase política era torpe y malvada (y ellos en cambio puros y limpios), que el pasado era una obsesión inútil (eran mejores sus sueños), que sus rivales los maldecían y temían (cuando ellos sólo querían competir), que había promesas incumplidas (que ellos por supuesto llevarían a término), que las políticas públicas eran sencillas y fáciles (la derogación de la UF en el caso de Fra Fra, la energía verde en el caso de Max-Neef, las mejoras a la clase media en el caso de Frei Bolívar).Cada uno de ellos se inventó una narrativa (Fra Fra la del esfuerzo personal, Max-Neef la de los mosquitos, Frei Bolívar la de la empatía), y todos, sin excepción, miraron a las cámaras (y se vieron a sí mismos).

Todos ellos fracasaron. Y no quedó nada.

Y es difícil pensar que con Marco Enríquez-Ominami vaya a ocurrir algo distinto.

Sobre todo si no hay en él (políticamente hablando) ningún rastro de Miguel Enríquez ni de Aylwin, por citar los dos paradigmas de la política chilena.

Ni convicciones incombustibles, ni cálculo responsable de consecuencias.

"Es difícil pensar que una figura como esa -huérfana de partidos y embriagada de adolescencia- pueda renovar la política, cambiar el rumbo de la Concertación, sentar las bases de una democracia deliberativa o llevar adelante un proyecto de mejora y reforma del Estado".


El Mercurio, 14 junio 2009.

14.6.09

Futbolerías

En una de esas tardes de fin de semana largas y aburridas (seguramente fue un domingo, después de almuerzo), los dioses del Olimpo empezaron a hablar de fútbol, en presente y en retrospectiva. Y vieron que las cosas estaban mal repartidas y, por lo tanto, monótonas. Para equilibrar las cosas, nombraron entrenador de Brasil a Dunga, que aún no tiene claro que la cosa consiste en meter goles. Luego, designaron en Argentina a Maradona, que tiene la fórmula para transformar en pichangueros a algunos de los mejores jugadores del mundo. Y a Bielsa en Chile.

Desde entonces la cosa está más o menos entretenida.
Renuncia al PS


Esta semana Marco Enríquez-Ominami ha renunciado al Partido Socialista para continuar su proceso de recolección de firmas para postular como candidato independiente a la Presidencia del país.

¿Un comentario?

Il est parti. Bon debarras!

20.5.09

La carta del padre

El senador Ominami no puede dar como razón de sus preferencias públicas sus sentimientos privados.

Carlos Peña

El caso de Marco Enríquez-Ominami es uno de los más llamativos de la política chilena. Pero no por sus virtudes -es más locuaz que elocuente, más desinhibido que liberal, más familístico que individualista, más quejoso que rebelde, más mediático que popular- sino por las actitudes que suscitó esta semana.

La más increíble de todas -llegó al borde del ridículo- es la del senador Carlos Ominami.Después de haber comprometido su apoyo a Eduardo Frei ahora declaró que votará por Enríquez-Ominami.Si se tratara de escoger entre la locuacidad de uno y la parquedad del otro, entre la desinhibición del primero y la informalidad de fin de semana del segundo, entre la sorpresa y la rutina, la gente entendería. Pero no. Las razones que esgrimió el senador fueron otras:

"A un hijo -declaró- no lo voy a dejar solo (...) no hay razón electoral, emplazamiento, amenaza o ultimátum que me vaya a hacer cambiar mi condición de padre". Lo sorprendente entonces no es la decisión del senador sino las razones con que pretende apoyarla. Al parecer, el senador piensa que su posición en el partido le fue conferida para homenajear sus sentimientos y dar muestras de amor filial y no, en cambio, para ejecutar la voluntad colectiva de la que él mismo participó. Y por lo que se ve, piensa además que forma parte de los deberes del padre apoyar políticamente a sus hijos.

Inaceptable.
¿Qué diríamos de un juez que a la hora de dictar sentencia prevaricara a favor de su hijo y nos pidiera entendiéramos que, después de todo, se trataba de su hijo? ¿O del profesor que alterara las calificaciones de su retoño con el argumento de que el cariño puede más que la imparcialidad? ¿De un entrenador que prefiriera a su hijo explicando a la hinchada que, después de todo, es su descendiente? ¿Del árbitro de una licitación que prefiriera la oferta de su hijo, en razón de que es su hijo?

Con toda razón diríamos que el juez prevaricador, el profesor parcial, el entrenador fraudulento y el árbitro tramposo, no han entendido los deberes que se le confiaron. Y es que cuando nombramos a un juez, a un profesor, a un entrenador, o a un árbitro, lo hacemos no para que actúen siguiendo sus sentimientos, sino para que cumplan los deberes que son propios de su oficio.

Ese principio -que actuar en conformidad al deber supone, muchas veces, actuar en contra de nuestras inclinaciones emotivas- está a la base del comportamiento correcto. Una cosa es lo que uno desea hacer, otra lo que debe hacer; una cosa lo que nos hace felices, otra distinta lo que nos hace dignos.

Cuando se trata de las profesiones -la más vieja definición de una profesión es la de una actividad con la que la gente se gana la vida, de manera que la política es una de ellas- una cosa son los sentimientos privados, otra los deberes propios del oficio. Por eso nadie puede ser senador de la República y vicepresidente de un partido político y, así y todo, sin pudor y sin escándalo, y confiriéndole al asunto visos de dignidad, dar como razón última de sus preferencias públicas los afectos personales (un aspecto de su vida emotiva que, aparte de los involucrados, no debiera interesarle a nadie). Por supuesto ninguno debe discutir el derecho del senador a apoyar a quien le plazca (después de todo no hay nada demasiado atractivo en la oferta) pero lo que no resulta aceptable es que él revista esa decisión de sacrificio filial y pretenda además, en la pasada, llevar pan y pedazo: la gratitud del hijo y el apoyo del partido. Y es que en esto la política es como la fe. En un momento hay alguien que le dice a usted con voz terminante: anda y mátame a tu hijo. Y quien no esté dispuesto a oír ese mandato o no entiende lo que es la política (algo difícil de creer en el senador Ominami) o la entiende pero cuenta con razones que no se atreve a hacer públicas para desobedecerla.

El Mercurio- 17 mayo 2009.