12.6.11

8 PROPUESTAS PARA UN CHILE MÁS DEMOCRÁTICO

DECLARACIÓN PÚBLICA

PARTIDO SOCIALISTA DE CHILE


8 PROPUESTAS PARA UN CHILE MÁS DEMOCRÁTICO

Chile requiere de más y mejor Democracia

La Comisión Política del PS ha acordado la siguiente declaración:


En el transcurso de los últimos meses hemos sido testigos de una ciudadanía activa que se ha movilizado en todo el territorio nacional, evidenciando un claro y categórico malestar con el modelo político y social y con la conducción política del Gobierno. Dichas movilizaciones convocadas en torno a las más diversas demandas, dan cuenta de una ciudadanía que exige una pronta reforma del sistema político y de un Chile que requiere de más y mejor Democracia.

El Partido Socialista de Chile emplaza al Gobierno y a la derecha a pronunciarse respecto de las siguientes iniciativas destinadas a profundizar nuestro sistema democrático, reformas que no han podido materializarse precisamente por la sistemática oposición de los sectores conservadores de nuestro país:

1. Reemplazar el actual sistema electoral binominal por un mecanismo verdaderamente proporcional y representativo, que permita la expresión de la diversidad política y social del país.

2. Establecer la iniciativa popular de ley, de forma que los ciudadanos que se sientan excluidos, puedan agruparse y promover la tramitación de aquellos proyectos de ley que consideren fundamentales para el país.

3. Ampliar las causales de plebiscitos nacionales que establece la Constitución, para que los grandes temas de país puedan resolverse recurriendo en forma directa al pronunciamiento democrático de la sociedad.

4. Reconocer sin condiciones el derecho a voto a los chilenos que viven en el exterior, para saldar una deuda histórica que tenemos con nuestros compatriotas, conforme al compromiso adquirido en la campaña presidencial.

5. Establecer la elección directa de los Gobiernos Regionales, con el objeto de hacer de las regiones verdaderos espacios representativos de las realidades locales, con mayores atribuciones, participación y poder de deliberación.

6. Hacer realidad la inscripción automática en los Registros Electorales para las próximas elecciones municipales, permitiendo el acceso al sistema político de casi 4 millones de ciudadanos actualmente impedidos de sufragar.

7. Establecer primarias abiertas y vinculantes, financiadas por el Estado, para la definición de candidatos para cargos de elección popular de las distintas coaliciones.

8. Establecer el referéndum revocatorio de las autoridades.

 
Con estas propuestas nos hacemos cargo, con humildad y responsabilidad, de las demandas del fin de la exclusión y de más y mejor Democracia que han expresado las movilizaciones ciudadanas. El Partido Socialista de Chile seguirá bregando, como lo ha hecho durante toda su historia, por perfeccionar el sistema político para hacerlo más democrático y participativo, eliminando las exclusiones de todo tipo en una sociedad que valore la diversidad, asuma constructivamente sus diferencias y le entregue el poder de decisión a los ciudadanos.

 
Santiago, 06 Junio de 2011


7.6.11

Piñera sobre una mesa de dos patas

Carlos Huneeus

Director del Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea (CERC).

http://www.cerc.cl/

El Mostrador - 7 de Junio de 2011

El presidente Sebastián Piñera está perplejo ante las movilizaciones ciudadanas contra HidroAysén y por una mejor educación pública. Cree que son hechos coyunturales, que pronto pasarán. Peor aún, estima que los problemas están en la política, sin saber que ellos también se encuentran en la economía. Y su perplejidad aumenta ante su baja popularidad.

Para entender el comportamiento ciudadano y la opinión pública hay que entrar en las profundidades del sistema político. La llegada de Piñera a La Moneda desplazó el eje del sistema político. No es una derecha como en Europa, con partidos fuertes, con líderes que son políticos profesionales y no empresarios (salvo Italia) y con la voluntad de mantener su autonomía del sector privado. Por el contrario. Es un conglomerado con partidos débiles, dirigentes sin voluntad de luchar contra el viento y estrechamente vinculados al poder económico, con un Presidente que ha sido un exitoso hombre de negocios y ha formado un gobierno con personalidades que vienen de las grandes empresas. Y, como no fuera suficiente, no tiene mayoría en el Congreso, lo que le exige entenderse con la oposición para dar gobernabilidad al país.

Si antes el poder político estuvo separado del poder económico, con Piñera se ha producido su fusión y ello tiene efectos muy profundos en el sistema político porque sus principales autoridades miran el futuro del país desde una óptica empresarial. No es casual, ni transitorio, que los chilenos están convencidos mayoritariamente que se trata de un “gobierno de los empresarios” y no uno que cuida el interés de todos los chilenos. Los empresarios tienen mala imagen, contagiando con ello al gobierno que se ve asociados a ellos.

Piñera tuvo la oportunidad de apartarse de esa imagen con ocasión del accidente de los mineros y se jugó por salvarlos. Sin embargo, no sacó lecciones de ello. Hasta hoy no ha presentado un proyecto de ley para fortalecer la seguridad en el trabajo. Piñera y sus ministros no sacan nada con hacer declaraciones de que no es un gobierno de empresarios; sólo cambiaría con políticas claras.

Hasta el 11 de marzo del 2010, hubo una estrecha relación entre el poder político y el poder económico por las especiales condiciones impuestas por el cambio del autoritarismo a la democracia. Ellas llevaron al gobierno del presidente Aylwin a buscar su consolidación en torno al buen desempeño económico, para lo cual era indispensable la confianza empresarial. Se logró la consolidación democrática, pero se distorsionó la política económica, porque del “crecimiento con equidad” se avanzó a uno de crecimiento a secas, que disminuyó la pobreza, pero tuvo efectos negativos para una amplia mayoría de chilenos, con salarios bajísimos, empleo precario, prácticas antisindicales en la mayoría de las empresas y concentración de la riqueza. Se vive mejor que antes, pero ello es insuficiente, porque una pequeña minoría se ha beneficiado del crecimiento muchísimo más que la mayoría. La percepción de las desigualdades es abrumadora en la sociedad, incluso en los votantes de la UDI y RN.

Esta política estableció un orden económico apoyado en dos pies, los empresarios y el Estado, sin los trabajadores. Una mesa de dos patas no funciona, porque debe tener a los trabajadores y a la sociedad. También perjudicó a los partidos de la Concertación, cuyo electorado no entendió que se aplicaran durante largas dos décadas políticas económicas de la centro derecha. El desplome del PDC en 1997 y la crisis del PS el 2009 no se entiende sin esta orientación. La prioridad de la economía dañó la política y a los partidos y a las organizaciones sindicales.

Por este motivo, la Concertación no puede capitalizar el descontento ciudadano contra el gobierno, porque se trata de un problema heredado de las anteriores administraciones y algunas de las figuras del conglomerado opositor están identificadas con ese pasado, porque fueron ministros y, peor aún, están en el sector privado, como empresarios, directores de empresas o lobistas.

HidroAysén provoca el rechazo ciudadano no sólo por el daño ambiental que producirá, sino también porque es un megaproyecto que expresa el poder de dos grandes empresas, Colbún, controlado por el grupo Matte, y Endesa, que confunden sus intereses económicos con los del país. Sus argumentos para fundamentar su proyecto sobre las necesidades impuestas por el “crecimiento” no son aceptados.

Los chilenos piensan que son ellos, y no las empresas, los que deciden cómo debe ser la mejor matriz energética para el país. El gobierno de centro derecha de Ángela Merkel (CDU) en Alemania acaba de programar el cierre de las centrales nucleares porque lo exige el electorado y en Chile se quiere imponer una matriz energética rechazada por la mayoría de los chilenos.

Y la educación superior es cara y de mala calidad. Las universidades privadas se justifican de la peor manera: porque atienden a la mayoría de los estudiantes. No dicen que de esa manera tienen más ingresos y no por cumplir un rol social como las estatales y las no estatales del Consejo de Rectores.

Cuando se sale de la pobreza y se avanza al desarrollo, los ciudadanos exigen más participación, servicios de mayor calidad y una mayor participación de los beneficios del crecimiento. Estas demandas fueron retenidas durante los últimos gobiernos de la Concertación por su política social, el prestigio de sus presidentes y el apoyo de los partidos y sus parlamentarios, que cerraban filas defendiendo al gobierno, lo cual tuvo un altísimo costo para el conglomerado. Piñera no tiene estos recursos políticos, porque los parlamentarios y dirigentes de partidos no le apoyan en forma efectiva y él tampoco los escucha cuando plantean críticas. Sus problemas están en la política y en la economía.

Piñera enfrenta problemas estructurales y no coyunturales. Crecimiento a secas no sirve; más de lo mismo, con acuerdos de élites como en los 90, tampoco. Y también los enfrenta la Concertación, que tampoco tiene claridad de su compleja y difícil situación. La falta de percepción de los problemas en el gobierno y la oposición conduce a una parálisis decisoria, que los puede agravar.

13.5.11

Sobre ética, comprensión de lectura y otras cosas

Reapareció MEO. No andaba de parranda. Algunas giritas por el exterior. Los contactos son necesarios y positivos en todo sentido, sobre todo en año pre-electoral y cuando al proyecto personal se le quiere dar una perspectiva larga, larga.

Su tarea del momento es la inscripción del Partido Progresista (PRO). Algo ha hecho ya. Lo inscribió el 15 de abril pasado en tres regiones: la 15ª (Arica-Parinacota), la 1ª (Tarapacá) y la 2ª (Antofagasta), con 2.500 militantes. Tiene seis meses para inscribirlo en las otras 12 regiones. Dura tarea. Curioso que la 5ª región no estuviese en esta primera embestida, dado que allí su padre –Carlos Ominami- fue senador durante dos períodos (1994-2010) y él mismo fue diputado por uno (hasta 2010). Tiene coordinadores en todas las regiones, al parecer.

He visitado la página oficial y el Facebook del PRO. Se ve entusiasmo y juventud en quienes escriben allí. Era de esperarse. Por una parte, el sentimiento y el auto convencimiento de estar envestido de una misión de significado histórico, portadores de toda la pureza y el desprendimiento del mundo, son embriagadores, constituyen una fuente de energía insuperable. Por otra, tienen toda la amplitud para la participación y la estrechez de contacto con los líderes que posibilita una organización aún en construcción, con estructuras aún como meros proyectos y, por lo tanto, flexibles y fluidos, características que irán desapareciendo en la medida que la necesidad de coordinación y de eficacia del aparato lo vayan exigiendo. Finalmente, aún no aparecen los grupos, los líderes en su expresión negativa, los intereses, los proyectos personales en el seno del partido. Hoy todo es unanimidad.

En otras palabras, los constructores del PRO aún se sienten hermanos, compañeros, llenos de fraternidad y pureza, todos elementos que cimentan el sentimiento de pertenencia a algo único y propio. Pero ya se encontrarán con la vida tal como ella es: la lucha política, externa por el momento (intentos de diálogo, negociaciones, fracasos y frustraciones…), interna en algún momento (elección de precandidatos, elección de las instancias de dirección partidaria, la aparición de la diferenciación en las visiones: puntos y comas, énfasis y priorización de los temas, en los tiempos, etc.). Irán desapareciendo los querubines y su música celestial de arpas. Verán que la cosa, la vida, no es así no más. El lenguaje de MEO (altanero, descalificador, superficial por momentos, lejos del angelismo), ya les está mostrando ese futuro.

Pero, por el momento, están en el paraíso. Los envidio.

Por eso, sorprenden dos hechos, que empañan algo la imagen de lo nuevo. Uno, por la ingenuidad (¿pillería?). Otro, por la dificultad en la comprensión de textos que revela. Ambos muestran una temprana tentativa de sembrar la confusión entre los socialistas.

En el primer caso, por ejemplo, ha estado circulando una curiosa invitación a un acto político-cultural: “tenemos el agrado de invitarte a participar en la inauguración de nuestra sede en la provincia de Quillota”. ¿Quién invita? Misterio. La invitación tiene una fotografía de siete personas, indicando sus nombres y cargos (concejales de La Calera, Nogales, Hijuelas, La Cruz, un consejero provincial), sin indicación de militancia, aunque la gente de allí sabe que son actuales o ex socialistas, un radical, etc. Se indica que participarán Guillermo Teillier (presidente del PC), Osvaldo Andrade (presidente del PS) y Carlos Ominami (fundador del PRO). Andrade ha indicado que no asistirá, quejándose que se intentó sorprenderle al invitarlo a una conferencia o mesa redonda y no a una actividad del PRO, que es el fondo del asunto (aunque La Tercera publica el 07 de mayo que “PS, PC y PRO compartirán sede política en La Calera”, asunto que no ha sido discutido en las instancias regulares, el PS ha ratificado en su reciente Congreso su política de alianzas: buscar los más amplios acuerdos de la oposición, pero a partir de la Concertación). Por lo mismo, la presencia de Teillier está en duda.

Hay allí suspicacias en el PS ¿Por qué? Porque en la provincia fue muy fuerte la deserción de militantes PS en la primera vuelta presidencial que trabajaron por MEO, como ocurrió en otras regiones. Hasta ahora, el PS –mostrando gran debilidad para afrontar problemas- no ha emitido opinión oficial sobre dicha situación, por lo que aquellos han regresado tranquilamente al redil. Varios de los fotografiados estuvieron en dicha situación y proyectan volver a ella; en cuanto a su militancia, están en una zona gris consciente: como militantes socialistas reflexionan en las asambleas de su partido sobre las bondades del mensaje y del personaje de MEO y se sospecha que, luego de sacar todo el jugo posible a las banderas del PS (que las tiene bastante más que el proyecto PRO), lo dejarán para irse buscando candidaturas municipales y parlamentarias en el PRO, que tiene amplios espacios disponibles.

Con ello entronca el segundo caso. El parlamento ha aprobado un proyecto de ley que está para promulgación o veto de Piñera. En artículo publicado en La Tercera el 07 de mayo pasado (“La peligrosa norma antidíscolos”, que muestra que debería pedir con urgencia ayuda en redacción, porque la pluma no se le da), MEO la ha llamado “ley anti díscolos”, “ley de cúpulas”, expresión de la partidocracia, es decir, “la representación de la soberanía popular sólo en base a uno o a múltiples partidos” (él, que está empeñado en inscribir un nuevo partido, parece temerle a los múltiples partidos), que este proyecto (que aumenta los plazos para desafiliarse de los partidos políticos a quienes quieran presentar candidaturas independientes) es una norma “impresentable y escandalosa”, que “ciertos líderes de la Concertación y de la Alianza están transformando sus partidos en cárceles” (¿!). No le teme a la caricatura el ex presidenciable; sí le teme a despejar las situaciones, a separar aguas. Parece tener temor a no alcanzar a inscribir su partido (organización que todo el pueblo de Chile esperaba, según él).

Estas situaciones no tienen nada que ver con el “hombre nuevo” que proclaman ser los del PRO. Es una temprana muestra de la simple pillería que caracteriza a la política banal, tradicional, diría nuestro personaje refiriéndose a otros.

PAM/
12 mayo 2011

4.5.11

La muerte de Bin Laden

¿Operación contra Bin Laden o contra Obama: cuál era el objetivo principal?
Durante la noche, un comando Seal de Estados Unidos irrumpió en la residencia de Bin Laden en Pakistán y lo mató. A partir del beneplácito casi unánime sobre el hecho en Occidente, han empezado a circular algunos interrogantes.
Hay quienes –muy pocos- dudan de que la víctima sea el terrorista, ante la falta de pruebas hasta el momento: no hay cadáver, no hay fotos ni videos. Incluso hay quienes dicen que Osama murió hace años (en 2001 o más tarde), de manera que lo lanzado al mar sería una especie de momia o el cuerpo de otro. Los únicos testigos presenciales –familiares de Bien Laden- están muertos o fuera de circulación (en resguardo, se dice).
Hay interrogantes sobre la forma en que murió. En una primera versión, la Casa Blanca dijo que Bin Laden ofreció resistencia armada y los soldados le dispararon, causándole la muerte. Hace pocas horas, el portavoz del gobierno de Estados Unidos dijo, casi al pasar durante la lectura de un comunicado, que la víctima no estaba armada al momento de la irrupción militar. Primero se dice que murió de dos balas en la cabeza, ahora se dice que fue por una bala en la cabeza y otra en el pecho. Cualquier seguidor de las series CSI podría plantear algunas preguntas: ¿a qué distancia fueron los disparos?, ¿cuál le provocó la muerte?, ¿cuál era la posición del occiso al momento de la muerte (acostado, de pie, en actitud de defenderse?), o, lo que es lo mismo, ¿cuál es el ángulo de entrada de los disparos?, ¿algunos de los disparos tiene las características de tiro de ejecución o de gracia, lo que no es lo mismo? (una hija de Osama declara que su padre fue detenido vivo).
La ausencia de cuerpo evitará la realización de una autopsia que respondería dichas preguntas (muy cercanas a las suspicacias, por supuesto). Su supuesto lanzamiento al mar tiene otra ventaja: ya no podrá dar datos sobre sus lazos con la CIA (que se iniciaron durante la guerra contra la URSS en Afganistán), ni con representantes del gobierno de Pakistán y otros, en los felices días de la alianza contra el comunismo. ¿Hubo otros enemigos comunes que hizo prolongarse dicho período de confraternidad?
También hay interrogantes desde el punto de vista del derecho internacional, de los derechos humanos, del respeto a los caídos y a los cadáveres en general. Hay mucho paño que cortar en dichos ámbitos, la discusión promete ser larga y no necesariamente fructuosa.
Sin embargo, hay otro aspecto que hasta ahora nadie ha mencionado. Antes que operación militar, esta ha sido en esencia, previa y posteriormente, una operación de inteligencia de las distintas organizaciones de seguridad de Estados Unidos y algunos países colaboradores. Lo que fue presentado como una operación brillante (de inteligencia y militar) del gobierno de Obama, que aseguraría su reelección, ahora empieza a mostrar –como se ilustra más arriba- hilachas, medias verdades (medias mentiras), desprolijidades (incluida la rápida disposición del cuerpo, sin considerar las costumbres islámicas al respecto, lo que provoca indignación incluso entre quienes celebraron su muerte, pero consideran el tratamiento dado al cadaver una ofensa  a la religión musulmana, a los pueblos musulmanes, lo que hace un montón de gente, vale decir, una metida de pata diplomática de imprevisibles consecuencias), etc.
Lo que lleva a preguntarse si son metidas de pata involuntarias (las organizaciones de “inteligencia” de todo el mundo nos tienen acostumbrados a ellas) o si son conscientes, buscadas, y tienen un objetivo político principal: meter en un gran lío a Obama e impedir su reelección. Como diría un ultra norteamericano: fuera el terrorista y fuera el negro.

PAM/
04 abril 2011

2.4.11

Crecimiento, medio ambiente, negocios

Un texto del Dr. Condeza que debe ser leído.
Crecimiento de Santiago conspira contra la calidad de vida de sus habitantes y el desarrollo de las regiones.
1.    Santiago tiene una superficie de 75.000 hectáreas, con 7.003,122  habitantes y continúa creciendo, con los problemas de contaminación ambiental, incidencia alta de enfermedades respiratorias, problemas de circulación y transporte…
2.    El 30 de Marzo de 2011, el Consejo de la Región Metropolitana probó la incorporación al predio urbano y la expansión en 10.000 hectáreas, de terreno agrícola, en ocho comunas. Debiendo incluirse solamente el 8% de viviendas sociales.
3.    Paradojalmente, dos días después, ayer 1 de Abril, comienza la restricción vehicular y las medidas antismog.  
4.    Se estima que esta expansión de Santiago incrementará la población en 1.6 millones de habitantes para el año 2030. Aumentando los problemas descritos y realizando construcciones donde no existe la infraestructura, servicios ni los accesos suficientemente planificados. El alcalde de La Pintana expresó que esto significará que en la comuna –que aumentará su población en 148.00 habitantes- debe construirse un nuevo centro de salud cada 3 años.  La alcaldesa de San Bernardo estima que de 300.000 habitantes pasarán en el año 2030 a 700.000. El alcalde de Quilicura señala que su población aumentará en 400.000 habitantes sobre todo en terrenos que son inundables y que ahora pasarán a ser urbanos.
5.    El Presidente Piñera, la Ministra de la Vivienda Sra. Matte, el Intendente Echeverría, ex presidente de la Cámara Chilena de la Construcción, y la mayoría del Consejo Regional, no aceptaron que el proyecto se sometiera previamente al Sistema de Evaluación Ambiental como lo exige la legislación actual.
6.    El presidente del Colegio de Arquitectos de Chile, Patricio Gross, afirmó que este proyecto era innecesario ya que al interior del actual radio urbano existen terreno para construir.

El director del Instituto de Estudios Urbanos de la U. Católica, Pedo Bannen, opina_”la modificación es parcial y no aborda sistemáticamente los problemas de la ciudad…”
7.    Adherimos a la iniciativa de Patricio Herman, Presidente de Defendamos la Ciudad, y de los diputados Accorsi y Silber que acudirán a la Contraloría para denunciar que esta modificación al Plano Regulador no fue sometida a la consideración del Sistema de Evaluación Ambiental. 
8.    Todo lo anterior es un problema que afectará no solamente a los habitantes de un Santiago ya saturado.
La Descentralización y el Desarrollo Regional armónico serán gravemente afectados. Con esta medida se atraerá la migración hacia la megalópolis; facilitará aún más el crecimiento de los recursos destinados a la salud y la educación en la capital; promoverá la instalación de empresas e industrias en la Región Metropolitana en desmedro de su ubicación en las regiones; el estado creará más infraestructura en la capital y menos en las regiones…
Está política también se produjo durante los anteriores gobiernos. Desde hace más de un siglo que no existe una política que descentralice el país, que considere seriamente el regionalismo y un desarrollo equilibrado de toda la nación.
También esta sería la única forma de “Salvar a Santiago”.
9.    Frente al centralismo avasallador, debemos actuar todos unidos más allá de las diferencias políticas e ideológicas, y continuar trabajando para que en el futuro el gobierno regional, incluyendo al  Intendente,  sea elegido por la ciudadanía.  
 Atenta y cordialmente
Dr. Edgardo Condeza  Vaccaro
Presidente.
Movimiento   Por    La     Consulta    Y  Los   Derechos  Ciudadanos
edgardocondeza@vtr.net  

14.2.11

Piñeradas (3)

Imbecilidades y contextos


Ya se sabe que Piñera nunca ganó ni ganará el premio al “mejor compañero”. ¿Razones? Es fácil adivinar que desde chiquitito su juego preferido debe haber sido el del “monito mayor”, ese en que un niño encabeza una fila india y hace cosas que los demás deben repetir exactamente, bajo amenaza de expulsión; es divertido, salvo cuando el mismo niño no cede nunca la cabeza del desfile, acepta raramente cambiar de juego y, para remate, es hiperkinético. Seguramente siempre fue el dueño de la pelota, y se la llevaba apenas alguno no seguía sus instrucciones.

Así, su círculo íntimo es escuálido. Tienen más bien un círculo de hierro: el poder (financiero, político) permite ampliarlo con cierta facilidad. Obsequiosidad, cintura flexible, intereses compartidos, son los requisitos esenciales para pertenecer. La capacidad de aportar relaciones (políticas, sociales) y votos no juega aquí ningún rol, como en el caso de los concertacionistas. El poder obvia estas necesidades o dependencias de baja ralea.

Así, Piñera no hace la unanimidad entre sus supuestos partidarios, como lo demuestra un somero recorrido de la prensa chilena desde 1990. Una ilustración lo han dado mensajes de la embajada USA en Santiago dirigidos a su gobierno, y revelados por Wikileaks, en particular las opiniones entregados en un ambiente de confianza por Darío Paya, entonces diputado UDI, vicepresidente de su partido y hoy embajador en la OEA. “Piñera es un imbécil, pero es capaz de hacer el trabajo”, dijo a un diplomático estadounidense el 17 de enero de 2009, cuando Sebastián corría con amplia ventaja como el candidato de la derecha para las elecciones de fines de ese año, que terminó ganando en la segunda vuelta de enero de 2010. También Paya se habría referido en duros términos al actual mandatario durante las campañas presidenciales de 2005 y 2009. Hacía referencia a la reputación que tiene Piñera como un ‘imbécil’ que desobedece las reglas”, describiéndolo como alguien con un “gran ego”, “Piñera se preocupa sólo de una persona: él mismo”. "Piñera padece de la percepción de que compra su camino por la vida y desobedece las reglas que gobiernan a la mayoría de los chilenos. Los ejemplos son desde idiosincráticos (estacionar ilegalmente su helicóptero en una cancha municipal de fútbol) hasta graves (una multa de US$ 680.000 por uso de información privilegiada)-", se lee en el documento.

¿Yo, cuando...?
Por supuesto, Paya ha dicho que las anteriores fueron frases distorsionadas, sacadas de contexto y que cambia completamente el sentido a un diálogo, “se trata de un abuso de la distorsión”. Se ha iniciado una interesante discusión sobre el referido “contexto” (frases ausentes del texto dado a conocer, debemos entender). Se han propuesto los siguientes contextos a la frase “es un imbécil...”:

• “… pero no es su culpa, nació así…”.

• “… es que su nodriza lo dejó caer de cabeza…”

• “… pero a veces se le quita…”.

• “… pero su mandato dura cuatro años, no más…”

• “… pero en el fondo es un buen cabro…”

Esperamos vuestra colaboración, como expertos en contextos, estimados lectores.

PAM/

13.02.11


5.2.11

Transición hacia alguna parte (1)
El Partido Socialista, como antes sus socios, está en el proceso que llevará a su 29º congreso general ordinario en mayo próximo. Muchos de sus comunales están saliendo de su letargo, buscando almas fraternas que les presten un local para reunirse. Sus directivas buscan establecer el listado de los correos electrónicos y los teléfonos para citar a sus militantes, con éxito relativo, lo que sumado al período de vacaciones y la derrota electoral en enero de 2010 aún no digerida, contribuye a concurrencias mínimas. Es un cuadro que se repite en los demás partidos de la Concertación.
Se sienten desmotivados los militantes. Los pocos asistentes son parcos, silentes, que no reflexivos. Quienes hablan se centran en la falta de democracia interna y los errores dirigenciales (en observaciones de poco vuelo: el no voto de Andrade cuando se discutía el reajuste, el no pronunciamiento del partido ante las políticas del actual gobierno, sin especificaciones…), lo que la Concertación dejó de hacer…
Se buscan culpables en las alturas, no en el entorno inmediato. Pareciera no tener relación la derrota con el hecho que el comunal propio tiene vida mínima, ni local en muchos casos, que a menudo no se ha hecho traspaso de mando entre la anterior y la nueva directiva comunal, que no se tiene plan de trabajo comunal de ningún tipo, que no se cobran las cotizaciones, que no hay lazos con el tejido social, que los ex ejecutivos públicos brillan por su ausencia... Alguien aventura que no hay democracia interna porque, entre otras causas, hace mucho fenecieron los núcleos, que los mandatarios (parlamentarios, alcaldes, concejales, ejecutivos públicos, miembros del central, etc.) se convirtieron desde los ’90 en mandantes y manejan las bases a su amaño. Acto seguido –y sin sospechar la contradicción-, otros (y aún los mismos) se quejan que los dirigentes nacionales no han hecho llegar análisis de los grandes temas del Congreso, de la coyuntura nacional, instructivos sobre el quehacer, etc. Es como pedir que se les enseñe a pescar (democracia y participación internas, que por lo demás están en los Estatutos), reclamando simultáneamente el aprovisionamiento estable en pescado. Algunos parecen esperar al profeta que diga “¡Levántate y camina!”. Mala noticia: el profeta está desmotivado y partió en largas vacaciones…
Hay espíritu crítico hacia los gobiernos de la Concertación, salpicado de cosas específicas, sin contexto alguno (lo micro sin macro), sin mencionar logros.
Según estas afirmaciones, el partido está como las berenjenas- como diría un amigo- y la Concertación no hizo nada válido. Acto seguido, se lamenta la desmotivación y desmovilización de los militantes y de la ciudadanía. ¿Alguien les dirá que, habitualmente, la gente se motiva cuando hay cierto orgullo por lo realizado –con espíritu autocrítico, por cierto- y se cree que hay tareas importantes pendientes? Nadie se moverá ante convocatorias que digan “no hemos hecho nada y no hay ninguna esperanza de hacer algo”. Hay muchos que confunden la libertad de espíritu con el pesimismo como filosofía de vida.
Ante este estado de ánimo, pareciera que se está más cerca de la depresión galopante o del suicidio que de la “convocatoria amplia, democrática, propositiva” que algunos pregonan desde sus oficinas y/o imaginarias trincheras.
Dato a la Alianza de derecha: mientras los militantes de la Concertación sigan llorando y echando la culpa al empedrado, no tenéis nada que temer.
Bueno, sólo a Piñera.
PAM/ 03-02-11

16.10.10

Prensa: aún hay esperanzas, ciudadanos!

El provocador discurso de Nibaldo Mosciatti al recibir el Premio Embotelladora Andina 2010



El Mostrador - 15 de Octubre de 2010

Con cada palabra que leía Nibaldo Mosciatti, el rostro de la ministra de la Secretaría General de Gobierno, Ena von Baer, se descomponía cada vez más. Lo mismo le pasó a Juan Claro, presidente del directorio de Embotelladora Andina que la acompañaba en la testera, y a los militares, empresarios y autoridades invitados. Era la 31ª versión de una ceremonia formal y protocolar, la entrega del Premio de Periodismo Embotelladora Andina 2010, donde el periodista de Radio Bío Bío era el invitado de honor, el galardonado por su trayectoria. Pero el protocolo se esfumó apenas comenzó su discurso. Desde un comienzo, Mosciatti disparó contra la Universidad Católica, la Iglesia, la dictadura, los militares y los periodistas al servicio de las relaciones públicas y el poder. A éstos últimos los retrató desde “un rincón un poco humillante, como esas casuchas para los perros guardianes, que te guarece de la lluvia pero que incuba pulgas y garrapatas, pero allí nunca falta el tacho con comida”. El calibre de sus palabras provocó que la ministra Von Baer, quien habló a continuación, se saliera de libreto para replicarlo. Lea aquí el discurso completo de Nibaldo Mosciatti.

Discurso de Mosciatti:

Como el orden de los factores SÍ altera el producto, este discurso comienza así: ¡Familia!, Constanza y retoños, amigas y amigos, queridos auditores, añorados lectores, circunstanciales televidentes, jurado del premio, embotelladora del premio (siempre hay que ser bien educado), autoridades varias y vagas; autoridades en la vaguedad. O sea, en la distancia. Amablemente.

Este texto consta de tres partes. A saber: agradecimientos, reflexiones sobre el oficio  y, finalmente, piloto para un espacio de radio de trasnoche. Vamos, pues…

1.- Agradecimientos:

Quiero agradecer a mis maestros. A los que, primero, me enseñaron. Quiero agradecer a mis padres. El rigor de la Loli y la fantasía de Pocho. La perseverancia y pasión de ambos. El aprendizaje de ver pasar el río, de plantar algunos árboles. El vivir la vida sin ambición por el dinero, ni ínfulas sociales.

En este oficio de periodista quisiera haber heredado una pizca del talento, la sensibilidad y la rebeldía de mi padre. Sin esas cualidades, el periodismo se convierte en otra cosa: en una simple reproducción de discursos, en un engranaje más de las máquinas de los poderes y los poderosos, en esa cosa amorfa, triste, gelatinosa, y, a veces, ruin y malvada, que son las relaciones públicas o todo tipo de comunicación que está al servicio de unos pocos en detrimento de la mayoría anónima.

Quiero agradecer, andando ya el camino, a algunos profesores. De mi colegio: Lamiral, Varela, Tolosa, Fierro, Boutigieg, Pilon, Biancard. La añoranza de ese espacio de libertad cuando la libertad escaseaba.

Y de la Universidad… allí, en verdad, gracias a pocos. Es más, si hablo largo terminaría a los garabatos y repudiando a muchos de esa Universidad Católica, la UC de aquella época, puta prístina de la dictadura, con sus sapos, sus silencios cómplices, sus injusticias mofletudamente bendecidas, bendecidas por sus monseñores y sus autoridades venenosas que no se arrugaban en tolerar, avalar y alentar la brutalidad para preservar el orden, que era un orden chiquitito, orden sólo de ellos.

Doble mérito entonces para mis profesores de la Universidad a los que agradezco: Juan Domingo Marinello, Cacho Ortiz, Gustavo Martínez y los Óscares: Saavedra y el RIP González, lo que no es maldad, porque todos nos vamos a morir. Así es que RIP nomás.

Y, en el oficio, más gracias. Gracias a algunos que me apuntalaron, mostrándome matices de dignidad: Salvador Schwartzmann, Jaime Moreno Laval, Mario Gómez López, Gabriela Tesmer.

Los otros, los amigos que me enseñaron y que, por sobre todo, quiero: Andrés Braithwaite, el mejor editor de prensa escrita que haya conocido nunca; Pancho Mouat; los laberintos del pensamiento de Ajens; Pablo Azócar y el filo de su pluma; Rafael Otano y su erudición que te obliga a ubicarte donde siempre debe ubicarse un periodista, que es en la ignorancia; y Patricio Bañados, que me ha mostrado el valor de las convicciones y la decencia que debería imperar en este medio. Pero ustedes lo saben: NO impera.

En cuanto al premio mismo, gracias al premio, que permite esta convocatoria. Así veo a gente que quiero. Premio gracioso y gaseoso. Tan gracioso que creí que era pitanza. Premio de fantasía y bebestible, para mí, que me ufano de haberme criado bebiendo agua de un pozo alimentado por una napa subterránea que desciende al río Bío Bío desde la cordillera de Nahuelbuta. Agua pura.

Gracias, entonces, al jurado que me eligió. Gracias sinceras porque, por lo demás, no he postulado a premio alguno, lo que me indica que mi nombre les salió del corazón. O de la razón, lo que no sé si es mejor o peor, todavía.

Y gracias a la empresa que da el premio. Premiar periodistas es labor samaritana. Mejor que el Hogar de Cristo o la Teletón, en la medida en que no se convoque, paradójicamente, a la prensa.

Sugiero a la embotelladora que también se incluya, en galardones paralelos, a zapateros remendones, desmontadores de neumáticos en vulcanizaciones, panaderos, imprenteros, empastadores de libros, ebanistas y expertos en injertos de árboles frutales, para que se consolide la idea de que lo que se premia es el ejercicio de un oficio, el día a día de las letras, y no la ruma de certificados, con sus timbres y estampillas, ni la galería de cargos, ni, menos todavía, la trenza de contactos, pitutos, militancias, genuflexiones (para no usar imágenes obscenas) favores y deudas. Así debiera ser.

En suma, muchas gracias. Gracias por mí, pero también gracias por La Radio. Este premio es, en gran parte, mayoritaria parte -seamos sinceros-, un premio a Radio Bío Bío. Un premio a un proyecto que nació en 1958, en Lota, con radio El Carbón. Un proyecto que mi padre no sólo ideó, parió, construyó, afianzó y encauzó, sino que es un proyecto que sigue siendo fiel –y esperamos no tropezar nunca en ello– a lo que mi padre quiso. Eso es lo que más se merece un premio: la idea de un medio de comunicación al servicio de la gente, sin cálculos, sin ideas de trampolín para lanzarse a otra piscina. Señoras y señoras, muchas gracias.

2.- Reflexiones sobre el oficio:

Lo primero es que trataré de evitar, probablemente sin éxito, el peligro de todo discurso, que es terminar pontificando. Imagínense: yo de pontífice. Pondría mis condiciones eso sí: fin al celibato y, por supuesto, me negaría a usar esas polleras que usan los pontífices. Báculo sí usaría: más de alguno con que me cruzo merece un garrotazo, y los báculos papales y obispales, a veces pesados con tanto oro, deben ser buenísimos para tal efecto.

Bien, no nos desviemos, aunque el tema provoque curiosidad malsana.

Entonces: evitar pontificar. Porque el periodismo debiera estar lo más lejos posible de los pontífices: los de las religiones, la política, los negocios, la banca, el capital, la revolución, la involución, las dietas, las verdades reveladas, las ideologías, la numerología y tantos etcéteras. O sea, lejos de las certezas. El periodismo sólo se sostiene en su falta de certidumbres, en la duda permanente, en el escepticismo, en la incredulidad.

Vivir poniendo en duda todo puede, es cierto, generar angustia. Pero si no se busca el poder, la certeza mayor que te da el poder y, por consiguiente, la posibilidad del abuso –porque eso es el poder: la posibilidad de abusar–; si no se busca esa certeza, se puede vivir de lo más bien.

¿Cómo vivir en el ejercicio de la duda? Aventuro una respuesta: haciéndolo desde la sensibilidad. Sensibilidad para entender al otro. Hacer el ejercicio de despojarse de lo propio –las ideas, los odios, las fijaciones– para intentar reconocer, conocer, entender lo ajeno.

Hay, al menos, dos periodismos. Voy a dejar fuera a esa manga de serviles que, por opción (libero de culpa a los que no tuvieron alternativa), fueron útiles plumíferos de la dictadura. Siempre he sostenido que en dictadura, hacer periodismo es hacer oposición. Si yo pretendiera hacer periodismo en China, hoy, sería agente opositor (y qué bueno que el Premio Nobel de la Paz se haya otorgado a un disidente chino).

Bueno, dejando de lado esto, repito que hay, al menos, dos periodismos: Uno, el que le habla a la gente, porque piensa en la gente y siente que está al servicio de ella. Otro, el periodismo que le habla a los poderes, porque vive en ese rincón restringido y cálido –pero nunca gratis– que los poderes guardan a ese periodismo. Es un rincón un poco humillante, como esas casuchas para los perros guardianes, que te guarece de la lluvia pero que incuba pulgas y garrapatas, pero allí nunca falta el tacho con comida. Sabe mal, pero alimenta. Y, en general, engorda.

Lo que entiendo por periodismo es lo primero: el periodismo es un ejercicio de antipoder. Repartir, difundir, democratizar la información que, si es tenida en reserva por unos pocos, constituye poder. ¿No les suena acaso la figura de “uso de información privilegiada”?

Mi convicción, entonces: lejos de los poderes, que el poder corrompe. Y a más poder o más dinero, más corrupción.

De lo mucho que le debo a mis lecturas –en rigor no he hecho más que repetir cosas que he considerado inteligentes y por otros dichas–, le debo a Albert Camus la mejor definición de patriotismo. Si la bandada de sujetos vociferantes que se dicen patriotas se aproximara a esa definición, algo de eso que se sueña como humanismo sería factible. Escribió Camus, a propósito de la resistencia francesa a la ocupación nazi:

“Fue asombroso que muchos hombres que entraron en la resistencia no fueran patriotas de profesión. Pero el patriotismo, en primer lugar, no es una profesión. Es una manera de amar a la patria que consiste en no quererla injusta y en decírselo”.

Uno podría cambiar el término patria por humanidad y patriotismo por humanismo. Y uno podría considerar que ese ejercicio de humanismo es el buen periodismo.

Para no subirse por el chorro, una advertencia: muchos periodistas estaban o están convencidos que el periodismo es la palanca o instrumento para generar un cambio social. Nica. O sea, no. Quienes piensan así exhiben, quizás sin darse cuenta, una arrogancia y un mesianismo temible. Allí no hay duda, ni cuestionamiento. Los cambios los hacen los pueblos, no el periodismo. Tratemos –termino igual como empecé–, tratemos de no pontificar.

3.- Piloto para un espacio radial en el trasnoche. ¡Invito a que me acompañe (en saxo) Nano González!

¿Por qué te premian? ¿Porque ya eres suficientemente viejo? ¿Por qué ya lo que dices son puras boludeces y tus dichos perdieron filo, agudeza, desparpajo, y te repites como un viejo gagá que no dice nada nuevo ni nada que escandalice? ¿Por eso te premian, porque la lengua te la comieron los ratones? O, mejor dicho, ¿porque tu lengua se pudrió, de desprendió, añeja, agria, inútil?

Sobrevuelas un pedazo de tierra, hermoso por lo demás (bueno, hermoso en lo que va quedando de hermoso, porque lo otro ya lo arrasaron) y te dicen: mira, esa es tu Patria. ¿Qué es eso? ¿Una Patria, La Patria, tu Patria? ¿Para despedazarla y repartirla? ¿Para prohibirla, censurarla, amordazarla? Será mejor, entonces, no tener Patria, y ahorrarnos uniformes, paradas militares, desfiles, aniversarios, profesionales ociosos de la guerra. No, no, no; mejor así: que los militares sigan siendo ociosos y que no ejerzan su trabajo. Digo: no a la guerra. Y agrego: mar para Bolivia, y con soberanía.

En cada uno de nosotros habita ese lobo que ve a los otros como ovejas, y quiere devorárselas. Pero no nos engañemos, los lobos son los lobos de siempre. Se les reconoce por el hedor que van dejando sus meados. No trates de domesticar al lobo. Sácale lustre, aliméntalo con carne cruda y no lo retengas cuando llegue la hora de las dentelladas. ¿Se acuerdan de ese coro, auténtico, maravilloso, porque ponía en duda el orden que es, como todo orden, en el fondo, una prisión? El coro decía: ¡va a quedar la cagada, va a quedar la cagada, va a quedar la cagada…!

Nosotros, asesinos. Esa cualidad última es la que se promueve. No veas al otro como un socio, olvídate del concepto de prójimo (salvo cuando vayas a ese teatro vacío que se llama iglesia). Gánate un espacio, desplazando a otro. Es una lógica asesina. Bienvenidos al carrusel de los depredadores. Nuestro futuro está escrito: feliz regreso al canibalismo.

¿Dónde están los que no están? Bueno, yo lo sé, porque así lo siento: en ningún lado, por algo no están. Chau, listo, se acabó… Pero están. En nuestros recuerdos, en la memoria. Me gustaría que estuviera aquí Galo Gómez. Galo Gómez hijo. Romántico y pendenciero, pero tan buen tipo que sus peleas eran pura bondad. Galito, ¿te mataste o te mataron? No, parece que fue la borrachera y el exceso de velocidad. Te mataste, entonces. Te echo de menos.

Luciérnagas en la noche. Bajo los boldos, vuelan encantadas las luciérnagas de mi niñez y juventud. No las vi por años, casi décadas, hasta que una noche reaparecieron. Allí, en la orilla del Bío Bío. ¡Luciérnagas en la noche de nuevo! Como un mensaje que dijera: no todo está perdido, no todo es derrumbe. La sobrevivencia de las luciérnagas como metáfora de la supervivencia de lo hermoso, de los sueños, de que sigan existiendo luciérnagas para los futuros niños.

Y sí… Quisiera volver a ser un niño. Vivir, aunque sin saber, que todas las posibilidades del mundo están abiertas y disponibles para mí. Eso es la niñez: la infinitud de rumbos, la ausencia, por el momento, de condicionamientos, directrices, guías. El primer día de colegio es el primer navajazo a esa infinitud. Quisiera volver a ser un niño, antes del colegio. Niño, niño. Puro horizonte, posibilidades infinitas. Quisiera ser niño. ¡Y sin premio!

Muchas gracias.



28.9.10

Un tal Bernardo Riquelme

Un tal Bernardo Riquelme


En este mes del Bicentenario, partidarios y detractores han hablado de la obra de O’Higgins como militar y como hombre de Estado, y el rol que habría jugado en las muertes de los hermanos Carrera y de Manuel Rodríguez.

Por nuestra parte, permítasenos satisfacer una antigua curiosidad por echar una breve mirada a la cronología vital de O’Higgins. Quizás ello dé una pequeña luz sobre el personaje y sobre nuestra “alma nacional”.

Nació en Chillán el 20 de agosto de 1778. Murió en Lima el 24 de octubre de 1842. Buena parte de sus 64 años de vida los vivió en el extranjero.

En 1790, a los 12 años, fue enviado a la capital del Virreinato de Perú a estudiar la secundaria en el Colegio del Príncipe. Luego ingresó al Convictorio de San Carlos. Permaneció en Lima hasta los 17 años.

Se dirigió entonces, según instrucciones de su padre, a Cádiz y de allí a Inglaterra, donde estudió en el colegio de Richmond, donde, además de materias científicas como geografía, botánica o matemáticas, aprendió francés, música, pintura y esgrima. Durante su estancia de tres años en Gran Bretaña vivió una apasionada aventura amorosa, al tiempo que crecía en él el interés por la política. La relación con el prócer venezolano Francisco de Miranda le introdujo en la senda revolucionaria, lo que resultaría en que su padre, ya Virrey del Perú, le retirara su ayuda financiera.

Regresó a la patria en 1802, a los 24 años, luego de 12 años de ausencia. Su padre había muerto el año anterior, dejándolo como heredero. Desde entonces adquiere el apellido O’Higgins. Los años más importantes en la formación de un joven los vivió, pues, en el extranjero, conviviendo con gente de amplia visión; ello explicaría en parte, quizás, sus dificultades con la idiosincrasia chilena.

El 16 de octubre de 1814 atravesó la cordillera rumbo a Mendoza, luego de la derrota de Rancagua. El Ejército Libertador se puso en marcha hacia Chile el 21 de enero de 1817, luego de dos años y tres meses de ausencia. En 1817, a los 39 años de edad, asume como Director Supremo.

Habiendo dimitido, el 19 de julio de 1823 se embarca en Valparaíso rumbo al destierro en Perú. Tenía 45 años de edad. Nunca más pisaría territorio chileno. Vivió en Perú hasta su muerte el 24 de octubre de 1842, tras 19 años de exilio.

En total, pues, vivió en el extranjero 33 años. Vivió en Chile 31 años.

¿Qué queremos decir con los datos anteriores? Recordar quizás dos o tres cosas, que se reducen a una: en Chile sufrió humillaciones, de niño por ser bastardo, o sea, hijo de madre soltera y sin ser reconocido por su padre (y toda la carga de rechazo social entonces imperante), luego por enemistades políticas (aunque también honores que ganó sobre todo en el campo de batalla); el extranjero, sobre todo Perú, le fue más benigno.

A los cuatro años de edad es sacado de la casa de su madre Isabel Riquelme, de ascendencia vasca, por orden de su padre, Ambrosio O’Higgins, irlandés al servicio de la corona española, entonces Gobernador de Chile, y llevado a Talca a casa de un comerciante. Se educa primero en Chillán en el Colegio de Naturales (o de “huachos”, según terminología felizmente ya extinguida no hace mucho), bajo el nombre de Bernardo Riquelme, puesto que no había sido reconocido por su padre.

En 1826, viviendo ya en Perú, acusado de conspiración contra el gobierno chileno, fue borrado del escalafón militar de su país y quedó prácticamente proscrito. Sólo en 1841, un año antes de su muerte, el general Bulnes ordenó que se le restituyeran el rango y los sueldos debidos.

En cambio, en 1823, iniciando su exilio, el Estado peruano lo acoge y le obsequia la Hacienda de Cuiva y la Hacienda Montalván, en la cual reside. Vivió modestamente de la agricultura. En Perú se le reconoce (20 de agosto de 1824) el grado de General en el Ejército de la Gran Colombia, y se le incorpora al Gran Consejo de Generales del Ejército Libertador e interviene en la campaña de Ayacucho, bajo las órdenes de Simón Bolívar. A su muerte, fue sepultado con honores militares debidos a su rango. A las solemnes honras fúnebres asisten el vicepresidente del Consejo de Gobierno y el cuerpo diplomático, cubierto con las banderas de Chile, Perú y Argentina.

Sólo en 1869 -27 años después de su muerte- sus restos fueron repatriados. Sus descendientes aún viven en Perú.

Bernardo debe haber sido un hombre muy melancólico la mayor parte de su vida.

PAM/

Septiembre de 2010



11.9.10

Palomas, halcones, hipocritas

Palomas, halcones, hipócritas
¿Quién tiene la llave de la paz? Aquel que financia la guerra.

Desde el jueves 2 de septiembre, se han reunido en Washington Benjamin Netanyahu (Primer ministro israelí) y Mahmoud Abbas (Presidente palestino) para una más de tantas rondas de negociaciones directas para intentar avanzar en desenredar el tema de la paz, mezcla de virutilla con olla de tallarines. Convocante es Hillary Clinton, Secretaria de Estado, naturalmente bajo la orientación e instrucciones del presidente Barack Obama. Los observadores se declaran relativamente optimistas por la disposición positiva del dirigente israelí, que estaría reflejada en su frase, copiada sin duda del gran filósofo y analista político Perogrullo: “Una verdadera paz, una paz duradera sólo puede ser lograda con concesiones mutuas y dolorosas de las dos partes”.

Muchas reuniones se han sucedido. Por ejemplo, el 26 de marzo de 1979, firma del Tratado de Paz entre Israel y Egipto (Menahem Beguin y Anwar el-Sadat, bajo los auspicios de Jimmy Carter), precedido de los Acuerdos de Paz de Camp David (1978); la Conferencia de la Paz en Madrid (1991); octubre de 1998 (Netanyahu, Arafat, Clinton); tratados de Oslo (septiembre de 1993), por los cuales los palestinos reconocieron el Estado de Israel y los israelíes la Autoridad Nacional Palestina, se preveía un repliegue de Israel y el establecimiento de un Estado Palestino; y un largo etcétera.

Al día de hoy, las principales cuestiones pendientes son la soberanía de la Franja de Gaza y Cisjordania, la eventual formación de un Estado palestino n dichas áreas, el estatus de la parte oriental de Jerusalén, de los Altos del Golán y de las Granjas de Shebaa, el destino de los asentamientos israelíes y de los refugiados palestinos, el reconocimiento de Israel y Palestina y de su derecho a existir y vivir en paz al abrigo de amenazas y actos de fuerza, así como la relación de Israel con Siria y el Líbano. Actualmente Israel tiene tratados de paz vigentes con Egipto y Jordania que garantizan su convivencia pacífica.

¿Por qué el problema que formalmente se inició en 1948 (la historia es bastante más larga) aún no se arregla?

Cuando se trata de problemas intrincados, la experiencia (aquella que consiste en constatar, cuando la paz ya se logró, que la sangre ha sido tanta que ya es inmedible, y con mayor razón los sufrimientos, que los muertos están pasando al olvido porque son una molestia para los negocios, y el balance de los “principios fundamentales” que se defendían deja una desoladora impresión de menor cuantía), muestra que un mapa 1:1500 es mejor que uno a escala 1:1, que un catalejo es mejor que un microscopio. Pero aún hoy, si los doctores en ciencias políticas arrojaran sus múltiples diplomas al tacho de la basura por algunos días y los políticos se olvidaran de elecciones y encuestas por el mismo lapso, descubrirían rápidamente la razón de la sinrazón.

Cada vez que las conversaciones amenazan con llegar a acuerdo, Israel bombardea algún barrio o aldea palestina y algún grupo radical palestino realiza un atentado en alguna sinagoga o mercado público; lo único que cambia es el orden del ataque. Las imágenes en la TV marcan el fin de las negociaciones. Sin embargo, sesenta años han dejado en claro que dichos atentados (sobre todo los palestinos, realizados por grupos ingobernables, que no pueden equipararse a los ataques realizados por fuerzas del Estado de Israel) deberían considerarse un dato de la causa, terrible pero perfectamente predecible. En los hechos, dos pueblos dejan que los ultras decidan que la paz y la convivencia no son posibles. ¿Dónde está el liderazgo en ello? Al ciudadano israelí le han obnubilado el espíritu y se lo han reducido al mero espíritu de supervivencia y su peor pesadilla es verse arrojado al mar, por eso apoya la política de agresión permanente. Entre los palestinos, en sus carpas y su vida de emergencia que ya dura sesenta años, allegados en su propia tierra, predomina la desesperanza y la impotencia y apoyan el “ojo por ojo, diente por diente”, con cierto ropaje religioso.

La realidad simple, pero no simplista, y que nunca será dicha ni menos asumida, es que el único que tiene el poder de obligar a los actores no sólo a sentarse a negociar sino llegar a acuerdo, es Estados Unidos. ¿Por qué? Porque Estados Unidos es el financista principal de la guerra de Israel contra sus vecinos árabes. Bastaría que Estados Unidos dijera a Israel (en secreto, por supuesto, para no herir su orgullo nacional y para no envalentonar a los ultras palestinos): “Ustedes son un país independiente. Hagan la política interna y externa que ustedes decidan. Pero no pueden obligar a los ciudadanos de Estados Unidos a financiarles con sus impuestos sus guerras de agresión. Les aseguraré lo suficiente para su supervivencia y defensa, nada más, a partir de tal año. Ese es el plazo que tienen para firmar acuerdos de fondo”.

¿Por qué esto no será dicho ni asumido? (Aquí deberíamos citar a Canitro, el personaje del Japenning con Ja: “Sé que con esto me echaré mucha gente encima”). Por el lobby judío en Estados Unidos, el único capaz de destrozar gobiernos y carreras políticas por su control directo e indirecto de los medios de comunicación en absolutamente todas sus expresiones y de los mecanismos del poder estatal, con su poder económico, con un espíritu de cuerpo envidiable, con su apoyo irrestricto e incondicional a Israel, etc. Los dirigentes de EE.UU. han dicho muchas veces herejías y barbaridades contra las minorías de su país (pieles rojas, negros, latinos, etc.), pero nunca contra judíos ni Israel (nunca han suscrito las condenas de la ONU contra éste). No tienen espíritu masoquista ni suicida.[1]

En resumen: veo pocas posibilidades de resultados positivos tangibles. Hemos sufrido demasiadas desilusiones, hemos experimentado demasiada ira ante el desprecio por la vida y el ser humano por aquellos lares, al punto que alguna vez hemos repetido la frase de un personaje de la película “Siriana”: “Si el hombre fue hecho a semejanza de Dios, entonces Dios está profundamente perturbado”.

Sin embargo, estamos aún lejos de la tentación de citar a Woody Allen: “Me sentí mucho mejor cuando abandoné la esperanza”.


PAM/
04.09.10


[1] Como lo acaban de comprobar un articulista y un dibujante de La Nación Domingo, también en Chile esta comunidad es muy poderosa: bastó un reclamo para que fueran despedidos y el Presidente del Directorio presentara disculpas más allá del autorespeto.

20.6.10

El futuro de la Concertación

Los profanos y los expertos se disputan el futuro de la Concertación

Carlos Peña

¿Qué hay detrás del duelo entre los ex ministros Francisco Vidal y Andrés Velasco?:Lo que subyace en el debate entre Velasco y Vidal -ese diálogo entre la caricatura del experto y la caricatura del político- es nada más y nada menos que el peso que, en el futuro de la Concertación, tendrá la democracia y el sistema de partidos.
El Mercurio – 20 junio 2010

La disputa entre Vidal y Velasco -a pesar de las diferencias, los iguala el indudable amor que cada uno siente por sí mismo- no es lo que aparenta ser. La discusión entre ambos no es acerca de la derrota. Es sobre otra cosa.

A propósito de la derrota, ambos están discutiendo sobre la fuente de legitimidad que se debe exhibir cuando se aspira a conducir el Estado.
Vidal -es verdad que suele tener más palabras que ideas, pero esta vez ambas parecieron coincidir- no pudo explicarse mejor en sus declaraciones a "El Mercurio": "Hay un grupo muy reducido -dijo- con cero vínculo con la base social, política y cultural de la Concertación, pero que logró tener una sobrerrepresentación en los gobiernos. Es un grupo -concluyó- que a través de redes y de contactos consiguió saltarse el proceso de toma de decisiones de la Concertación".

Lo que Vidal afirmó -no vale la pena ocultarlo- es que el ex ministro Velasco pertenece a un grupo que no merecía tener la influencia que tuvo. En la democracia, parece pensar Vidal, cada uno debe tener tanta influencia como cuanta le conceda la gente mediante los mecanismos de representación. En otras palabras, cada uno debiera tener una porción de poder equivalente a aquella que los ciudadanos, mediante los procesos de formación de la voluntad común, decidan concederle. Si no, ¿a título de qué, pregunta Vidal, alguien podría pretender conducir a los demás? Si las ideas que han de inspirar la conducción del Estado -sugiere Vidal- no han sido sometidas al escrutinio de los ciudadanos y de los partidos, ¿por qué entonces un puñado de técnicos podría tener derecho a conducir la vida colectiva?

Si para Vidal hay que distinguir entre quienes gozan de legitimidad democrática y quienes, como los técnicos, carecen de ella, para el ex ministro Velasco la línea divisoria es de otra índole: "La división ficticia entre políticos y tecnócratas -dijo, respondiendo a Vidal en estas mismas páginas- no es más que una argucia de algunos para mantener su monopolio sobre el poder. La verdadera línea divisoria no es ésa, sino que entre personas que actúan con seriedad y responsabilidad y las que no; las que hacen bien la pega y las que la hacen al lote".

El contraste no puede ser mayor.

Lo que Velasco sugiere es que la legitimidad para actuar en política depende de la virtud y del saber. En otras palabras, la legitimidad para conducir los asuntos públicos no proviene de la capacidad representativa del sujeto en cuestión, sino sobre todo de sus cualidades técnicas y, por decirlo así, morales. ¿Por qué habríamos de entregar los asuntos públicos sólo a quienes logran seducir la voluntad de los ciudadanos? ¿Por qué habríamos de dejar al margen a quienes por pudor o modestia prefirieron quemarse los ojos estudiando y prefirieron los libros a los mítines, los certificados a los galvanos, el rigor de las matemáticas al vértigo de la simple locuacidad, las buenas notas a los aplausos, los papers a los panfletos?

Lo que está en medio de esa disputa no es la cuestión -a estas alturas gastada e inútil- de las causas de la derrota electoral. Tampoco si el liberalismo económico, por llamarlo así, que inspiró algunas de las decisiones de Bachelet fue generoso o si fue mezquino. Lo que se discute en cambio de todo eso -y deberá seguirse discutiendo de aquí en adelante- es cuáles son los títulos de legitimidad que poseen esas ideas que hasta ahora, para bien y para mal, lograron hegemonizar a la Concertación.

Hasta ahora la Concertación se dejó dominar por quienes -a pretexto de la gobernabilidad primero y del saber técnico después- moderaron la agenda pública y sujetaron las demandas. Lo que está hoy en disputa es si esa hegemonía se mantendrá luego de la derrota.
Vidal y Velasco -quizá involuntariamente- son, así, como esos deudos que en derredor del finado, y luego de enjugarse las lágrimas, principian a discutir quién tiene mejor título para sucederlo:

"Nosotros somos más" -dice Vidal resoplando.
"Nosotros sabemos más" -contesta Velasco, mientras, sin mirarlo, levanta el mentón.
"¿A quién le han ganado ustedes?" -pregunta Vidal.
"Y ustedes, ¿qué estudiaron y dónde?" -retruca Velasco.

Un viejo tema

El asunto de la influencia al margen de la representación -el logro del poder ahorrándose la rudeza de la vida partidaria y el sudor de los votos- es viejo. La versión más conocida fue el "partido transversal" que administró la transición: un puñado de políticos e intelectuales, con férreos vínculos sociales y afectivos, que impuso la gobernabilidad como el valor supremo de la gestión política de esos años.
El "partido transversal" -o el Mapu Martínez, como lo llamó alguna vez Adolfo Zaldívar- despertó el resentimiento de quienes, de pronto, descubrieron que la vida estaba en otra parte: que los pasillos del poder tenían más influencia que los cargos de representación popular. Mientras los partidos inflamaban el entusiasmo de la gente y ganaban su confianza, el "partido transversal" administraba el Estado.

Algo semejante ocurrió durante la dictadura con los Chicago Boys. Los Chicago Boys -un grupo que se formó leyendo Capitalismo y Libertad de Friedmann- lograron hegemonizar en los años ochenta a la dictadura. Suele olvidarse que los militares, por tradición cultural y origen mesocrático, eran más bien estatistas. Y que de las virtudes del mercado entendían poco y nada. Así y todo, una minoría consistente -la mayor parte de la cual se había ahorrado la tarea de esos años de dar patadas para mantener el poder- logró hegemonizar al Estado, fijar la agenda de la modernización y establecer los objetivos. El hispanismo, el iusnaturalismo medieval, la democracia orgánica y todas esas cosas que inflamaban la imaginación, y el verbo, de los intelectuales de la dictadura desaparecieron cuando ese puñado de técnicos logró hegemonizar el Estado.

Y, para no ir más lejos, es lo que mismo que está ocurriendo hoy con el gobierno de Piñera. ¿Acaso Allamand no dijo que el buen desempeño en el retail y en los supermercados -el indudable mérito que exhiben algunos de los actuales ministros- no basta para conducir el Estado y ser parte del gobierno?

Vidal entonces se queja de lo mismo de lo que se quejaron antes Allamand, Zaldívar y los duros de la dictadura: de un puñado de personas -el partido transversal, los Chicago Boys, los gerentes- que logran hacerse de una posición en el Estado a punta de virtudes que no son específicamente políticas: la habilidad en el management , las redes sociales, el saber técnico.

Esa es la disputa que, soterrada, circula en la Concertación: de ella depende si la agenda futura de la centroizquierda estará sometida a la ascesis de la técnica y al control de los expertos (como ha sido hasta ahora) o si, en cambio, poseerá el entusiasmo de la simple política.

La relación entre política y técnica

Por supuesto ninguno de ellos posee una visión unilateral: ni Vidal aspira a una política sin técnica; ni Velasco al sueño de una técnica sin política. No podrían. Ninguno es tonto. La política sin técnica es pura ingenuidad; la técnica sin política es simple soberbia. La primera cree que basta querer algo para alcanzarlo; la segunda piensa que basta saber algo para que esté al alcance de la mano.

Ni lo uno ni lo otro.

Los clásicos de la política solían distinguir entre el príncipe y el consejero del príncipe. El príncipe dice qué es lo que hay que hacer; el consejero dice cómo hay que hacerlo. El príncipe señala dónde hay que llegar; el consejero sabe qué camino seguir para alcanzarlo.

El problema se produce cuando el consejero, sin más, quiere ser príncipe; cuando, cegado por su saber, se confunde y en vez de limitarse a decir cómo llegar, cree que está autorizado a decir dónde hay que ir.

En la política democrática el príncipe es el pueblo que, organizado en los partidos y a través de los debates y de los procesos de elección popular, decide cuál es la fisonomía que debe tener la vida colectiva: cuánta igualdad, cuánta diferencia, qué riesgo debe soportar cada uno y cuánto riesgo debemos distribuir entre todos. Ninguna de esas preguntas posee una respuesta técnica. Cómo debe ser la vida colectiva no está escrito en el libro del universo que el técnico y el experto presumen ser capaces de leer: el pedagogo no sabe quién debe proveer educación; el economista no sabe cuánta igualdad es razonable; el jurista no tiene idea de qué derechos debemos tener; el ingeniero no sabe cuántos puentes merecen ser construidos; el médico no sabe qué vida merece ser salvada.

A la hora de responder esas preguntas, no hay expertos: todos somos profanos.
La democracia descansa en la convicción de que la respuesta a esas preguntas pertenece al conjunto de los ciudadanos. La democracia equivale, después de todo, a la idea de que ni la historia ni la naturaleza, sino que la voluntad de la gente, tiene la última palabra. Y la virtud del político consiste en la capacidad de interpretar esa voluntad. ¿Y el experto? El técnico ayudará a correr poco a poco el muro donde principia lo posible para que la decisión del pueblo pueda ser realizada. Es verdad que a veces el pueblo quiere cosas insensatas, pero eso no debe conducir a dar la última palabra al técnico o al experto que, a pretexto del saber, también puede acabar tropezando y haciendo tonteras (ya Tales de Mileto se burlaba del sabio que por andar mirando las estrellas cayó a un pozo. Y para no ir tan lejos basta, entre nosotros, recordar la experiencia del Transantiago).

Así, entonces, lo que subyace en este debate entre Velasco y Vidal -este diálogo entre la caricatura del experto y la caricatura del político- es nada más y nada menos cuán en serio nos tomamos la democracia y el sistema de partidos.

Y eso, a fin de cuentas el problema de la legitimidad a la hora de conducir la vida que tenemos en común, es un asunto -no lo sabrá también Allamand- que debiera interesar a todos.